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Alternativas sistémicas. Una reflexión

Pepe Campana y Marian R. Gómez nos acercan a la obra Alternativas sistémicas: “Ninguna de la propuestas, ni el Vivir Bien, ni el decrecimiento, ni el ecofeminismo, ni la desglobalización, ni los derechos de la Madre Tierra, ni los comunes, pueden enfrentar solas satisfactoriamente la crisis sistémica. Todas estas propuestas y muchas otras más necesitan complementarse para forjar alternativas sistémicas.”

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El camino imposible hacia la transición renovable

[Antonio Turiel] Éste es el gran problema de la transición energética. No es sólo que se consiga una rentabilidad a la altura de las expectativas de los inversores, sino que, en cuanto se habla de un cambio radical y a gran escala de la matriz energética, se hace necesario cambiar todo el sistema productivo y, por ende, el sistema económico. Yendo más lejos aún, no queda más remedio que abandonar dos pilares del capitalismo: la liberalización económica de los sectores productivos y el crecimiento perpetuo.

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Fiscalidad de transición hacia un nuevo modelo social

[Ricardo Suárez García] Una reforma fiscal como la propuesta ayudaría a la consolidación de canales de distribución y comercialización más cortos y sostenibles, al asentamiento de la población y a un aprovechamiento más eficiente de los recursos locales de cada región, en unas sociedades muchos más descentralizadas.

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Grandes infraestructuras, bombas de relojería y sociedad colaborativa

[Antonio Aretxabala] En el futuro tendremos que tomar decisiones igualmente vitales ante el ineludible impacto derivado del forzoso abandono de muchas de estas infraestructuras, tal como ya está sucediendo; el que no se conviertan en auténticas bombas de relojería está en nuestras manos y nuestra capacidad de afrontar un futuro de decrecimiento de manera cooperativa.

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La lucha no es el único camino (Las tres vías para el cambio social en tiempos de colapso)

[Emilio Santiago Muíño] En la historia han existido, desde siempre, tres vías de cambio social. La primera es el conflicto. Este puede ser violento o no violento, a través de las instituciones o a través de la acción directa, desde partidos o desde sindicatos, movimientos sociales o, simplemente, explosiones de gente colérica que está hasta los ovarios y los cojones de su vida diaria.