Los tiempos están cambiando,
imagínatelo, Bob:
quien sembró una vez cosechas
desescombra apenas sed.
Va la rueda dando vueltas
hacia fosas no advertidas,
llegó al fin tu lluvia dura
pero nunca humedeció;
quien no teme a los gobiernos
tiene miedo a la sequía.
En las viejas autopistas
nuestros niños son tasados.
Reservados suministros
van pudriéndose en los puertos
y mi hijo aprende en ellos
mudas técnicas de caza.
Los tiempos están cambiando,
imagínatelo, Bob:
quien ganó un favor absurdo
descuidó después su hogar.
Las políticas del día
ya lo son de subsistencia
y hay patrullas en las calles
con su estrépito metálico.
Quien no teme a los soldados
temerá a la policía.
Las descontaminadoras,
con armazones de kévlar,
rodean en sus abrazos
a los muchachos que lloran
(y no hay hoy quien no se espante
de las mañanas siguientes).
Mientras, aerodanzarines
entre seres circulares,
vigías que no se esconden
en las ciudades azules:
las aguas que nos rodean
crecieron y no irrigaron,
vigías fríos y atentos
en sus canciones azules.
Están cambiando los tiempos,
imagínatelo, Bob:
quien se ahogó en la inundación
residía en nuestros barrios.
Conectadas por diez horas
trabajadoras fantasma
etiquetan las imágenes
que tomaron nuestros padres,
para el rincón de los mundos
despedazados y rotos.
Berthy Brecht ya te lo dijo:
cambian los tiempos, los planes
las audaces intenciones
de los ricos no prosperan,
carroña triste que huye
hasta el punto de extinguirse.
El ombligo de la historia
es ahora un descampado,
el orden viejo se aleja
entre un aire polvoriento,
y el que es joven y es rebelde
se desprende ya de todo,
un orden que se degrada
bajo un techo polvoriento.
Los tiempos están cambiando,
imagínatelo, Bob:
quien perdió toda esperanza
ahora siembra desde el viento.


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