Casdeiro, a partir de una foto de Wolfgang Moroder (Wikimedia Commons).

Reseña de «Economía política feminista. Sostenibilidad de la vida y economía mundial»

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Economía política feminista. De Astrid Agenjo.Los Libros de la Catarata junto a FUHEM ecosocial edita Economía política feminista (2021, 336 págs., 21 €), segundo volumen de la colección “Economía Inclusiva”, que ha nacido con el objetivo de poner en diálogo e integrar la economía política (de raíz marxista o poskeynesiana), la economía ecológica y la economía feminista, tratando de superar las limitaciones quizá asociadas a la mirada parcial de cada una de estas corrientes críticas. En este libro, la escritora extremeña Astrid Agenjo (nacida en Garbayuela en 1985, ahora profesora de Economía en la Universidad de León) lanza desde el feminismo una mirada radical a la ortodoxia económica, siguiendo caminos que han ido abriendo Cristina Carrasco, Amaia Pérez-Orozco o Lina Gálvez. El subtítulo del libro (sostenibilidad de la vida y economía mundial) pone sobre la mesa la preocupación que guio la tesis doctoral de Agenjo y su trayectoria vital durante una década, a saber, el conflicto capital-vida.

La obra tiene una primera parte más teórica y sistemática donde se aclaran los rasgos diferenciales de la economía política feminista (EPF) frente a otras corrientes económicas. Las economías feministas beben de fuentes diversas: distintas epistemologías feministas, así como también de distintas corrientes heterodoxas de la economía. También mantienen posturas políticas y estrategias diferentes. Por ello, resulta de gran valor el trabajo de cartografía de Astrid Agenjo en esta primera parte del libro.

La EPF de Agenjo entraría dentro de la esfera de la economía feminista, reivindicando y extendiendo el lema de “lo personal es político” a los ámbitos privados, íntimos, domésticos y cotidianos de la existencia. Pero en esta ocasión el punto de partida es la “cuarta ola” (que quizá se presenta con una nomenclatura inadecuada) o, mejor, el feminismo del 99% de Nancy Fraser. Esta corriente dentro del feminismo pretende poner bajo el foco los factores materiales de la desigualdad, tratando de construir una crítica completa al sistema heteropatriarcal, racista y de clase. Aunando las distintas voces que denuncian la precariedad, se sostiene que el objetivo no es tanto acabar con los “techos de cristal” como con los “suelos pegajosos”. De esta manera, el feminismo de Agenjo se opone a otras corrientes feministas que no se distancian del neoliberalismo y fomentan la despolitización (así como también se aleja de cierto feminismo punitivista) para comprometerse en su lugar con un feminismo de corte popular, comunitario e interseccional que sirva de altavoz a las mujeres que han sido silenciadas. Para ello, Agenjo reconoce como uno de los grandes pilares de su propuesta las epistemologías feministas interpretativistas donde el género resulta una categoría teórica central. Lo considera un método y no una mera variable más, a diferencia de otras corrientes de género que se asientan en el paradigma del marginalismo económico sin llevar a cabo una crítica más profunda de la sociedad.

Tomar el género como un método le ha permitido a Astrid Agenjo ir más allá del mero impacto del género en el análisis económico para, en su lugar, realizar una crítica dirigida al funcionamiento del sistema capitalista. Este planteamiento conlleva un cuestionamiento de raíz a la disciplina económica en su conjunto, es decir, a la ortodoxia acrítica enseñada en las facultades de Economía, circunscritas sobre todo a las teorías neoclásicas y amparadas por la promoción de una mercantilización del sistema universitario. Resulta entonces necesario poner en tela de juicio, desde las herramientas de análisis que nos ha aportado la vocación pluralista de las epistemologías feministas, la cientificidad de las corrientes mainstream, que han mostrado durante todo su desarrollo histórico sesgos androcéntricos, antropocéntricos y eurocéntricos.

Astrid AgenjoAgenjo denuncia que en economía los hombres han sido tanto los sujetos epistemológicos (puesto que el burgués, blanco, varón, adulto, sin discapacidad es el que, sin obstáculos, tiene acceso a la investigación y a la producción científica) como, por otro lado, los objetos de estudio (el Homo œconomicus es el que produce y consume siguiendo unas determinadas lógicas, procurando de manera egoísta el mayor beneficio propio, y es el modelo que figura como agente representativo de las teorías económicas). Esto ha dado lugar a la invisibilización e a infrarrepresentación de las mujeres, negando de esta manera su agencia activa en la economía. Sólo un sesgo androcéntrico que ha despreciado los ámbitos feminizados podría, entre otras cosas, haber dejado fuera a los hogares de aquellos ámbitos que merecen una atención de su actividad económica. Por ello, resulta crucial ampliar el concepto convencional de “lo económico” tanto para corregir la tendencia actual de la disciplina como para, en última instancia, imaginar horizontes de emancipación con mayor equidad y justicia social.

La EPF que propone la autora no tiene como objetivo integrar a las mujeres en el sistema económico capitalista, sino que su crítica feminista trasciende el orden económico vigente, llegando así a la denuncia de este sistema que de manera inherente genera desigualdades: “La EPF parte de una premisa central resumida por Braidotti y Butler (1997): tratar de encajar a las mujeres en la economía sin cambiar las reglas del juego supone una mera deificación de las condiciones existentes de desigualdad social” (p. 71). En todo caso, para la economía feminista pertenece a la esfera de lo económico todo aquello relacionado con la satisfacción social de las necesidades para que la vida pueda darse, y esto es algo que va mucho más allá de los análisis sobre la producción, el intercambio, la distribución y el consumo. Así, a diferencia de otras corrientes feministas que solamente tratarían de integrar a las mujeres añadiéndolas al sistema, la EPF sostiene un compromiso explícito con la transformación radical de la sociedad, un compromiso adquirido por la profundidad que requiere el análisis sobre la sostenibilidad de la vida.

En la segunda parte del libro se intenta mostrar el potencial de aplicación de la EPF a escala global, haciendo descender la teoría desgranada en la primera parte a un contexto espacial e histórico determinado, ahora teniendo en cuenta la complejidad de la problemática economía mundial y sus tendencias. Siguiendo el dictum de “piensa globalmente, actúa localmente”, Astrid Agenjo trataría de dar cuenta de la aplicabilidad de esta teoría económica en nuestro presente. Para llevar esta tarea a cabo, la autora señala seis derivas principales que de alguna manera marcan el rumbo de nuestra crisis civilizatoria: primero, el colapso ecológico; segundo, el paso a la sexta revolución tecnológica; tercero, el proceso de globalización económica en cuanto a producción, distribución y consumo; cuarto, la expansión y la crisis del proceso de financiarización de la economía; quinto, la globalización política, y por último, la emergencia de la economía global del cuidado (p. 179-180). La EPF, desde un enfoque que pone la sostenibilidad de la vida en el centro, logra colaborar en la construcción de una crítica holística de las tendencias generadas en el conflicto entre capital y vida, aterrizando la cuestión sobre todos estos ejes o fuerzas estructurantes de nuestra realidad.

La profesora de la Universidad de León aborda el enfoque sistémico de la sostenibilidad de la vida de manera multinivel, a partir de tres escalas: macro, meso y micro. El nivel macro se encargaría de las relaciones intersistémicas que posibilitan que la vida, en un sentido amplio, pueda darse y sostenerse. Es decir, en este nivel la preocupación se orienta fundamentalmente al encaje y ajuste entre la esfera económica y social con respecto a los ecosistemas. Dentro del nivel meso entrarían las relaciones entre distintas esferas de actividad, como el mercado, el Estado, los hogares y las redes comunitarias. En el nivel micro, por su parte, se encuentran las relaciones entre sujetos concretos, quienes encarnan, mediante su agencia real y la toma de decisiones, la sostenibilidad de la vida. El rumbo de la economía mundial, en definitiva, mantiene, intensifica y genera nuevas desigualdades cuyas consecuencias se dirigen contra todos los ámbitos de la vida: el extractivismo intensivo, la generación amplificada de residuos, la financiarización descontrolada, la mercantilización de cada vez más dimensiones de la vida, la privatización de medios de producción así como de sectores estratégicos y del conocimiento, la globalización económica que tiene como resultado la división internacional del trabajo, la uberización del mismo, la explotación de la fuerza de trabajo feminizada y barata, la sobrepoblación y los problemas migratorios, y, en resumidas cuentas, una economía mundial basada en tratados comerciales y de inversión que socavan la democracia y los derechos humanos (p. 289).

En el último capítulo, Agenjo adopta una actitud propositiva y recorre distintas estrategias y horizontes emancipatorios. En primer lugar, sobre la crisis ecológica señala algunas propuestas viables de la mano de Daly (economía de estado estacionario), Latouche, Riechmann (decrecimiento), Herrero, Perkins y Kuiper, Pérez-Prieto (propuestas de economía feminista y ecofeminista), o Soler y Pérez Neira (recampesinización feminista). Desde el punto de vista de la reproducción social y de cuidados, Agenjo menciona a Nancy Fraser y a Lina Gálvez, quienes plantean la emancipación a través del trabajo asalariado; y también señala la valoración contraria, que sería la propuesta de Silvia Federici. Por último, la autora reivindica la necesidad de politizar el bienestar y el malestar social, haciendo crítica a los discursos y prácticas neoliberales que abundan en nuestra cotidianeidad, así como también la necesidad de construir otros modelos de pensamiento para constituirnos como sujetos políticos.

El libro de Astrid Agenjo es una obra que nos da sus propios materiales de construcción: resuenan muchas voces gracias a la riqueza de sus citas, sacando a relucir los contrastes de formas alternativas que tenemos de leer la realidad a partir de políticas económicas diferentes. Esto, junto a su conexión con la multiplicidad de posibles desarrollos del presente, la convierte en una buena herramienta para principalmente tres asuntos. En primer lugar, para aproximarnos a formas críticas de entender la deriva del sistema económico presente, sus daños y sus peligros, a escala global. En segundo lugar, para poner en cuestión la forma actual de entender la economía desde la ortodoxia académica. Y, en tercer lugar, para plantear una versión alternativa, rupturista y diferente que alumbre y ponga en valor aquello hacia lo cual verdaderamente se dirige la actividad económica, a saber, no la producción ni el incremento de beneficios, sino la organización social que hace posible la sostenibilidad de la vida.

La crisis multinivel que vivimos en la contemporaneidad es la prueba de que necesitamos cambiar nuestra interpretación de la economía y preguntarnos, junto a Astrid Agenjo, qué elementos intervienen en la sostenibilidad de la vida, y a partir de ahí sospechar de todas aquellas narrativas que han minusvalorado las labores reproductivas. Esto conlleva ir subvirtiendo la lógica del capital (sin por ello caer en ningún maniqueísmo) que considera la naturaleza como un almacén de recursos y un estercolero al que arrojar despreocupadamente los residuos y las externalidades. En su lugar, fomentar la lógica de la vida: una cosmovisión más realista en la que aceptemos que el sistema económico está inserto en una realidad material de la cual depende. Realidad biofísica que no puede continuar ignorando mientras prosigue una extralimitación sin futuro. Los discursos e interpretaciones de corte neoliberal impiden ver que no es sino el sistema económico capitalista el que precariza y pone en grave riesgo la vida misma y la existencia de cualquier tipo de bien-estar último para seres humanos y no humanos. En suma, la finalidad de la EPF consiste en iniciar cuestionamientos específicos, con el objetivo de crear y mantener condiciones de vida dignas a través de desobediencia, lucha feminista y resistencias concretas, y en última instancia caminar hacia la transformación social. Pues éste es un libro donde, desde la primera página hasta la última, la reflexión teórica trata todo el tiempo de caminar junto a la praxis.

Casdeiro, a partir de una foto de Wolfgang Moroder (Wikimedia Commons).
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