Ilustración de Xoana Abraira
Xoana Abraira

Resiliencia, colapso, derechos y obligaciones

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Me temo que seguimos sin entender el fondo de la cuestión.

Ahora, en este caso, con la tormenta de nieve. Hace pocos años, con la huelga de camioneros que dejó las estanterías vacías en 48 horas. Antes, con la Covid. Mañana será con cualquier otra cosa.

Seguimos sin entender que las grandes ciudades son ratoneras. Que cualquier día pueden dejar de llegar bienes y que en ellas no se produce nada que pueda mantener o dar la vida. Que sus huellas ecológicas son ya insostenibles.

Veo incluso en pueblos de Cáceres —donde el clima está siendo benigno— desabastecimiento de productos frescos, lo que indica el extremo nivel de interdependencia y de complejas afectaciones, en muchos casos insospechadas.

No podemos ni atrevernos a pensar que la vida urbana es insostenible, si una sola pieza de las miles que conforman la complicadísima maquinaria de relojería de nuestra moderna civilización, se rompe o se atora.

Y cuando esto sucede, y la sociedad entera se disloca, simplemente acudimos a urgencias y a exigir al gobierno que la arregle como sea, para seguir en este modo insostenible otro rato más.

Estos días, asistimos atónitos e incrédulos (¿cómo nos puede pasar esto a nosotros, con nuestra avanzadísima tecnología?) a bloqueos de la capital, por una simple tormenta de medio metro de nieve, que en la Edad Media apenas hubiese preocupado. En la Edad Media —como ya he mencionado en otras ocasiones— un labriego o un pastor o incluso un siervo de la gleba, al llegar el otoño, tenía recogido el alimento y la energía (leña, claro) para el resto del año. Hoy millones de personas tienen dos yogures en el frigorífico y poco más en la despensa, confiando en el suministro al minuto y a domicilio, si es necesario, de Carrefour, Alcampo, Lidl, Hipercor o Mercadona y de la pescadería, la carnicería o la frutería de la esquina.

Todos confían en que todo funcione como un reloj.

Nadie llega a plantearse el efecto venenoso y nocivo (mortal en algún caso) del modelo just in time, que es excelente para que los financieros y los economistas convencionales puedan reducir al mínimo stocks e inventarios pero es absolutamente pernicioso para una sociedad que quiera ser resiliente (con aguante) en cuanto falla un eslabón de la compleja cadena de suministros.

Posiblemente, a estas alturas, las grandes urbes ya no puedan volver a ser resilientes; no hay espacios en los hogares, ni en los centros logísticos, ni en los grandes supermercados, ni recursos en los bolsillos, ni lógica económica, para asegurar los insumos vitales para millones (energía, agua, alimentos) durante todo un año. Por eso, ni imaginamos intentar un tránsito a los modelos antiguos y somos incapaces de imaginar la tragedia el día que los fallos sistémicos sean cada vez mas generalizados y duraderos. Solo se nos ocurre huir hacia adelante aumentando la complejidad.

Tiene que venir una nevada para ver las flaquezas humanas de nuestro mundo actual, pero aun así, los ciudadanos siguen esperando que llegue la UME, o Protección Civil o la Guardia Civil o quien sea, a despejar la nieve de la puerta de su casa. Ayer cargábamos a nuestros policías con cinturones de Robocop con esposas, pistola, porra, radio y hasta táser porque la seguridad lo demandaba y hoy nos lamentamos de que no tenemos seguridad vial y de que los policías no tengan palas para despejar el terreno.

Algunos políticos piden ahora que los ciudadanos cojan la pala ellos mismos, pero se han pasado la vida asegurando que ellos te resolverían cualquier problema, después de haber convertido a sus propios conciudadanos en seres infantilizados a los que se promete teta a demanda, porque proponer autosuficiencia no da tantos votos como la teta a demanda.

Qué golpe tan brutal nos vamos a llevar algún día… qué poco preparados estamos para una disrupción profunda y de larga duración. Qué poco acostumbrados a ejercer la austeridad, la autocontención, el vivir de forma limitada en consumo, en movilidad.

Qué mal acostumbrados estamos al “yo tengo derechos” y nada acostumbrados al “yo tengo obligaciones”, que decía el descendiente del jefe cherokee, refiriéndose, para lo primero, a los colonos europeos de América y para lo segundo a su propio pueblo.

En fin, no sigo. Que siga la rueda del destino.

Ilustración de Xoana Abraira
Xoana Abraira
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Creador y coeditor de CrisisEnergetica.org desde 2003. Miembro del panel de ASPO International desde 2006 y vicepresidente de AEREN (Asociación para el Estudio de los Recursos Energéticos). Algunos de sus ensayos más conocidos son: Kioto o Upsala (Club de Amigos de la UNESCO, 2005), Un cuento de terror-ismo energético (Club de Amigos de la UNESCO, 2003), El libro de la selva. AEREN, 2004. Es coautor junto al profesor Charles A. S. Hall de Spain’s Photovoltaic Revolution: The Energy Return on Investment (Springer, 2013),​ el primer estudio en profundidad de la tasa de retorno energético en sistemas fotovoltaicos de gran escala en un país desarrollado.

1 Comment

  1. Epoca terrible e interesante la que nos ha tocado vivir. Hemos pasado del activismo a la resiliencia. Mientras todo se jode muchos de mis amigos (la mayoría) sólo esperan a ver cuando pueden volver cuando antes a un mundo que desaparece y para otro para el que no están preparados. Ni física ni sicológicamente. Tampoco lo están para mantener una conversación tranquila sobre lo que está pasando. El famoso efecto Casandra, me convierto en un agorero, y además no vale para nada. Aunque creo que tu de eso sabes bastante. Hace ya un tiempo que trato de hacerme más fuerte emocionalmente procurando que sólo me afecte hasta el punto que me cabree pero no me joda y en lo que a mí respecta responder adecuadamente en todos los sentidos a esta nueva situación. Y si puedo dar caña, pues mejor aunque sólo sea por dignidad personal. Abrazos

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