Ilustración de Antía Barba Mariño para la 'Guía para el descenso energético'
Ilustración de Antía Barba Mariño para la 'Guía para el descenso energético'

Reseña de la «Guía para el descenso energético»

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Asociación Véspera de Nada: Guía para el descenso energético. Preparando un futuro después del petróleo (1ª edición en castellano). Ediciones del Genal, Málaga, 2019. 372 Págs.

Guía para el descenso energético. Preparando un futuro después del petróleo (Ed. en castellano)
Guía para el descenso energético. Preparando un futuro después del petróleo (Ed. en castellano)
En tiempos tan difíciles como los actuales ¿podemos concebir la construcción de un futuro sostenible, solidario y comunitario? La Guía para el descenso energético fue publicada (en gallego) por la Asociación Véspera de Nada en 2013 para responder con un rotundo sí a la posibilidad de llevar a cabo las transformaciones ecosociales para lograrlo, y cuanto antes. Es una buena noticia, ahora, la aparición de esta edición en castellano.

La Asociación Véspera de Nada (por una Galicia sin petróleo) surgió en el año 2008 con la intención de juntar a aquellas agrupaciones y asociaciones de personas que, en el contexto de la escasez energética, buscaban en común la creación de un futuro sostenible para nuestras sociedades en la Tierra. El principal interés de la asociación es concienciar a la población gallega sobre el cénit del petróleo, sus consecuencias y, por supuesto, las medidas y opciones que existen, tanto colectivas como individuales, para hacer frente a tal situación. El nombre de la asociación viene de un proverbio gallego —“día de moito, véspera de nada”— que advierte sobre la relación que hay siempre entre tiempos de abundancia y tiempos de escasez. Algunos de los conceptos y las actividades que esta asociación enseña y ofrece son, por ejemplo, la autosuficiencia y la transición energética, las energías renovables, la permacultura y el retorno al campo o la sustentabilidad.

El presente libro pone en relación la crisis del 2008 con la inminente llegada al límite de recursos de la Tierra y el agotamiento de un sistema económico basado en el crecimiento perpetuo. Por tanto, nos encontramos con un análisis del estado de la cuestión, así como con un conjunto de medidas que atraviesan estructuralmente nuestro modo de vida como individuos y como comunidad con el objetivo de reducir el consumo energético. Se añaden, además, ejemplos de medidas propuestas ya efectuadas en distintas regiones. Esta guía resulta de rigurosa actualidad, y puede servirnos para tomar nota de qué podemos hacer para contribuir a la mejora de nuestra situación social y energética.

¿Desde qué situación escribimos? Estamos viviendo un momento sin precedentes: el cénit del petróleo, o peak oil, que significa la llegada al pico máximo de su extracción. Pese a todas las innovaciones tecnológicas, el inevitable y progresivo agotamiento del recurso no renovable hará que no sea rentable ni económica ni energéticamente su extracción. La asimetría entre costes y beneficios no va a dejar de agrandarse, hasta que lleguemos al punto de colapso: “(…) En la actualidad, tras solo un par de cientos de años, nos veremos en la necesidad de abordar un cambio en nuestra base energética” (p. 36). El petróleo ha sido, y todavía es, la base de nuestra economía. El desabastecimiento al que nos enfrentamos comprometerá a toda la industria, produciéndose consecuencias a escala global. Se trata, por tanto, de un factor que complica aún más la crisis civilizatoria.

Con el colapso de la economía, los gobiernos necesitarán adoptar medidas de racionalización y relocalización, que inevitablemente nos conducirán a conflictos políticos y crisis sociales, pues el fin de un sistema energético basado en el petróleo supone, nada más y nada menos, el fracaso del modelo capitalista. “El [escenario del] colapso sugiere un fallo de todo el conjunto de sistemas interrelacionados que mantienen y soportan la sociedad industrial” (p. 46).

Ilustración de Antía Barba Mariño para la Guía.
Ilustración de Antía Barba Mariño para la Guía.
La situación es urgente, necesitamos encontrar alternativas para encaminarnos de la mejor forma posible hacia una era pospetróleo. Para ello, entre otros cambios de gran calado, tenemos que analizar cómo podemos sustituir los combustibles fósiles por las energías renovables; se hace necesario, por tanto, hablar de sostenibilidad y concienciación común.

Construir formas de vida no dependientes del petróleo se vuelve indispensable, tanto en el ámbito del hogar pequeño como en el plano comunitario. Se trata un proyecto a gran escala que implica múltiples compromisos: crear nuevas formas de autoabastecimiento, disminuir el consumo, fomentar la autogestión para reconstruir ciertos sectores de la vida pública…

La educación y la salud, nos explican desde Véspera de Nada, han de cambiar: se ha de concienciar desde edades tempranas en una forma de vida sostenible, al igual que debemos apostar por aquellas actividades y profesiones que impulsen el cambio energético. Respecto al ámbito sanitario, abriremos un camino que no deje atrás los remedios naturales y tradicionales, que incida en el conocimiento generalizado de técnicas de primeros auxilios y que defienda la sanidad local para centrar el sistema sanitario nacional en lo más necesario.

Los negocios regionales, junto con la relocalización de las actividades económicas, se muestran necesarios para reducir el consumo de energía y ganar calidad de vida: podremos gastar menos recursos en alimentos, transporte u ocio al tiempo que consumiremos menos y mejor. El ahorro es vital para mantener los elementos de una vida buena e invertir en nuestro futuro.

Es inevitable que nos asalten las dudas: ¿qué ocurrirá con las relaciones sociales y la acción comunitaria? Resulta indispensable que estas acciones se efectúen de manera conjunta y organizada por las comunidades. A su vez deben estar basadas en el respeto, el reconocimiento, la confianza y la pertenencia para poder gestionar adecuadamente los proyectos, conocimientos y recursos necesarios. Es también importante para este fin contar con los emplazamientos adecuados, así como promover la difusión y divulgación de los objetivos.

No hay que perder de vista que nos encontraremos en una situación sin precedentes; habrá que llevar una gestión racional del control de los recursos alimenticios, naturales y de vivienda, así como facilitar el acceso a la educación, la sanidad y el transporte. Para ello, debemos construir lazos comunitarios fuertes para que todos y todas tengamos un acceso óptimo a la información necesaria para mantener la nueva sociedad pospetróleo. Pero no basta con esto, es fundamental siempre tener en el punto de mira la política a la hora de combatir, concienciar y denunciar.

En esta nueva sociedad, es imprescindible que todas estas transformaciones citadas se produzcan a la par que el cambio en los valores éticos y culturales de las sociedades industriales occidentales. Una nueva ética es posible: la ética de la era pospetróleo incidirá en el socio-centrismo, el ecofeminismo, la espiritualidad tradicional y el naturalismo religioso (una ética de y para la tierra) y el humanismo frente a la tecnología o el materialismo. Los valores de la sociedad de consumo pronto dejarán de ser útiles.

En el plano individual, el peak oil supone todo un reto mental y físico. Debemos saber que la amenaza es grave y que nos afectará indudablemente, pero también sabemos que, ante ello, podemos tomar medidas para prepararnos y que estas medidas resultarán eficaces.

No nos engañemos, estamos ante un reto difícil: la actividad económica y laboral se verá gravemente afectada. El primer objetivo de un negocio para sobrevivir a la época pospetróleo será reducir su gasto de energía, sus recursos y la tecnología. En general, debemos apoyar desde el inicio la organización de actividades sociales y ambientales responsables estudiando los recursos propios de cada localidad, poniendo el foco en la economía local, las redes de solidaridad, una gestión pública efectiva y políticas de fiscalidad que premien la reducción del gasto energético.

Ilustración de Antía Barba Mariño para la Guía
Ilustración de Antía Barba Mariño para la Guía.
Todos estos cambios se enmarcan en una revalorización del entorno rural y el retorno al campo. Acercar el campo a las ciudades y apostar por la agricultura urbana para el abastecimiento del consumo local es una asignatura pendiente y apremiante; aunque podemos ver ya ejemplos concretos en barrios de grandes ciudades cosmopolitas, el modelo de los huertos urbanos debe impulsarse aún más. Asimismo, se favorecerá la instalación de paneles solares, la conformación de eco-aldeas, el teletrabajo o, en su defecto, el uso compartido de coches y el desplazamiento por bicicleta para llegar a él.

Por último, una medida urgente es la relativa a la difusión y concienciación por parte de la ciudadanía: debemos difundir la información para el cambio social, promover la autogestión de actividades de formación y fomentar la cultura compartida. En definitiva, crear comunidad dentro de un nuevo paradigma que está ya desarrollándose.

Los tres epílogos que se adjuntan al final del libro nos invitan a reflexionar sobre una sociedad sostenible y a observar que las medidas propuestas son viables. El ejemplo de Cuba muestra que es posible realizar una transición a un estado más agrario, aunque nos da una lección muy valiosa, y es no tardar tanto tiempo en llevarlo a cabo, pues la transición será entonces más brusca y dolorosa. Por otro, se narra a modo de relato futurista una sociedad pospetróleo donde las medidas propuestas se han llevado a la práctica. Para finalizar, un último repaso siempre útil sobre los bulos y mitos más difundidos sobre la energía y el progreso en nuestra sociedad actual.

De lectura amena y con gran cantidad de fuentes para poder consultar las problemáticas y medidas propuestas, este libro de Véspera de Nada recoge un proyecto de futuro: construir una nueva sociedad y forma de habitar la Tierra es posible si nos adelantamos al inevitable colapso al que nos conduce el desabastecimiento de los recursos naturales no renovables explotados por el sistema capitalista. Elaborar proyecto en común es urgente y es posible, a nuestro alcance está reflexionar y actuar a favor de ello. Una buena de forma de comenzar es, sin duda, con un libro como éste entre nuestras manos.

Carlos Taibo acerca de la 'Guía para el descenso energético'

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Con interés en el campo de la filosofía política y actualmente estudiante del Doble Grado en Filosofía y Ciencias de la Música y Tecnología Musical en la Universidad Autónoma de Madrid.

Con interés en el campo de la estética y actualmente estudiante del último año del Doble Grado en Filosofía e Historia y Ciencias de la Música y Tecnología Musical en la Universidad Autónoma de Madrid.

Estudiante del Doble Grado en Filosofía e Historia y Ciencias de la Música y Tecnología Musical en la Universidad Autónoma de Madrid. Con especial interés en los campos de la ética y la antropología.

3 Comments

  1. Sin duda, un libro muy necesario.

    Solo un comentario respecto al tema de las renovables:

    Habrá que leer el libro para ver cómo lo enfoca realmente, pero, al respecto de la reseña, decir que las renovables, tal y como son propuestas por el mercado actual, son incompatibles con una sociedad de metabolismo frugal y sostenible. En un escenario de energía fósil menguante no va a ser posible mantener toda una civilización extractiva que hay detrás de la fabricación de turbinas, paneles FV, baterías y equipos asociados.

    En términos de costes energéticos y ecológicos, nos interesa mucho más mantener sistemas de abastecimiento a escala comunitaria, que promocionar un modelo en el que cada persona, familia o grupo pequeño puedan poseer sus paneles o molinillos y de manera mágica puedan disponer de repuestos de dispositivos a medida que éstos van cubriendo su vida útil.

    Toda la tecnología en torno al abastecimiento eléctrico renovable se va a tener que simplificar mucho. Si no se puede fabricar localmente no podemos contar con ello a medio plazo.

    Por último, hay que replantear la energía renovable para poder aprovecharla directamente, sin necesidad de transformarla en electricidad, con un doble beneficio: evitaremos muchas pérdidas energéticas y facilitará la simplificación de la tecnología asociada a su explotación.

    Hay que volver al aprovechamiento mecánico directo de la hidráulica y la eólica. En cuanto a la solar, mejor tecnología de concentración y aprovechamiento térmico que el tema de la fotovoltaica, que, aunque es un tema de gran interés y atractivo científico-tecnológico, no va a ser viable a la larga. Pensar sólo en las “salas blancas” necesarias para la fabricación de las obleas de silicio y que solo existen en pocos lugares del mundo.

    Yo más que nadie idolatro la tecnología, pero hay que empezar a ser realistas …

    • Bien, Alejandro, creo que si te animas a leer la Guía que tuve el honor de coordinar y de traducir desde su lengua original (el gallego) comprobarás que en el sentido que indicas tiene bastante de realismo. De hecho, se apuesta precisamente por aprovechar el uso directo de las energías eólica, solar, hidráulica, etc. sin pasar a electricidad, si mal no recuerdo.

      Te copio algún extracto al respecto: “Las tecnologías sofisticadas y dependientes de materiales no producidos localmente (el ejemplo típico serían las placas fotovoltaicas) pueden ser también interesantes aunque solo a corto o medio plazo, y como tecnología usada moderadamente para facilitar la transición.”

      Y en otro lugar: “lo que solemos llamar energías renovables (modernas) no son sino sistemas no renovables capaces de captar durante un tiempo limitado flujos de energía renovable”.

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