Irresponsabilidad. El fuego que vendrá

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2019-10-30

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(Publicado previamente en gallego en Praza Pública. Ha sido ligeramente revisado para su republicación. La traducción es del propio autor.)

Entre otras muchas cuestiones, debido a la desigualdad de fuerzas entre los diferentes interlocutores, asistimos desde hace décadas a un debate bastante absurdo. Se trata del mal llamado modelo forestal. En realidad, política ambiental, territorial, cultural, social y económica.

Hay toneladas de información y conocimientos disponibles para cualquiera que quiera entrar en el debate, también toneladas de desinformación, sesgo y, sobre todo, conflictos de intereses. Por esa razón no voy a repetir y repetirme argumentos ya conocidos, excepto para pedir responsabilidad por dos razones muy específicas: precipitaciones y energía.

El Observatorio de Sostenibilidad acaba de emitir un informe sobre las precipitaciones en España de los, prácticamente, últimos 40 años. En conjunto no se observa una disminución o una tendencia clara sobre el volumen de precipitación para el conjunto del estado. Pero si nos paramos a mirar detalles hay algunas cuestiones importantes a considerar. Una de ellas es que en buena parte de Galicia disminuyeron las precipitaciones y lo hacen de manera acusada en el periodo estival. La previsión es que para 2050 las precipitaciones en gran parte de Galicia se reducirán a la mitad. La política forestal dictada desde indolentes grupos de interés obviamente no tiene en cuenta este tipo de información sobre el futuro inmediato. La plantación masiva y continua de eucaliptos en gran parte del país reduce, como ya se conoce sobradamente, el agua circulante y hace que los problemas de torrencialidad se agraven. Sería paradójico tener restricciones de agua para uso doméstico, agrícola, industrial y, no digamos, mantenimiento de los ecosistemas en el futuro, insisto, inmediato para alimentar la dictadura del eucalipto.

Siendo esto un drama, puede ser aún peor. Plantar especies pirófitas tiene el riesgo de que, efectivamente, arden. Muchos hemos explicado lo obvio, que para que el monte arda, deben coincidir diferentes factores: combustible, humedad, ignición y meteorología o, si queremos simplificarlo, debe haber algo que desencadene el fuego, las condiciones apropiadas y el combustible. A quien determina, o deja determinar, la política forestal solo se preocupa por la primera parte, la ignición, es decir, el famoso debate sobre si es provocado o no. De los otros elementos nada dicen porque saben que va en contra de su perversa lógica economicista y cortoplacista. Pues bien, esto quiere decir que los incendios en las próximas décadas serán más frecuentes y de magnitudes desconocidas de persistir en esta política. De hecho, tanto en Galicia como en Portugal, ya lo estamos experimentando, como también lo están haciendo trágicamente en territorios con condiciones similares como California o Chile. El hecho de que el combustible se esté plantando de manera continua hará que Galicia se queme en las próximas décadas sin ninguna posibilidad real de intervención, por mucho que nos centremos en la parte de quien pone el fuego, es decir, en cuestiones policiales y sociales. Es más, cada año de tregua en cuanto a fuegos será más combustible para las siguientes temporadas. Tampoco entraré en las consecuencias, porque también son más que conocidas.

La segunda cuestión es la energía. Buena parte de la ciudadanía no escuchó hablar, conscientemente, del techo del petróleo o peak oil aunque las campanas que lo anuncian resuenan con fuerza. Un día suena que hay que prohibir el diesel, otro que se secuestra un petrolero o se invade un país por sus reservas, otro que se puede obtener petróleo no convencional por técnicas ruinosas como el fracking… Muchos investigadores tienden a dar fechas concretas pero realmente es todo de tal complejidad que ofrecerlas es un ejercicio arriesgado. Pero el techo del petróleo convencional ya ocurrió a finales de la década pasada. Comento todo esto porque quizás los gestores no hayan caído en la cuenta de que los fuegos forestales se apagan con petróleo. Es decir, ingentes cantidades de combustible para los medios terrestres y, sobre todo, medios aéreos.

No podemos por lo tanto afirmar con alegría o indolencia que en las próximas décadas tendremos disponibilidad energética suficiente para afrontar el hecho de apagar fuegos, particularmente con medios aéreos. Añado, además, que son medios públicos y creo que no está en la agenda la liberalización de las externalidades negativas de las políticas proteccionistas sobre pinos y eucaliptus de la política forestal actual. Como es frecuente, drenamos dinero público para negocios privados sin un mínimo debate. Además, tanto eucaliptos como pinos se procesan a nivel industrial también con petróleo, así que el escenario próximo es que se van a quedar en el monte. Tendremos cultivos inflamables en vez de naturaleza y tierras de cultivo para alimentar a la población que, por las mismas razones, forzosamente tendrá que consumir en distancias muy cortas.

El cóctel del futuro próximo es de un riesgo extremo, la realidad inmediata es absolutamente trágica y nos preguntaremos asombrados cómo pudimos llegar a este punto. Insisto, en las próximas décadas, cuando el actual presidente de la Xunta de Galicia, por poner un ejemplo conocido, aún pueda contemplar el fruto de sus desvelos. Una sociedad un poco más consciente y responsable estaría aterrorizada de esas masas continuas de pinos, eucaliptos y acacias inflamables e inapagables y haría de su disminución y fragmentación una cuestión de estado.

Un monocultivo de pino quemado en la comunidad Manquo en Florida, zona de los incendios forestales cerca de Concepción

Foto © Langelle/GJEP.

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Xabier Vázquez Pumariño

Biólogo ambiental. Vinculado al movimiento ecologista desde principios de los 80 trabaja como consultor ambiental en diferentes campos, desde la ornitología al dessarrollo sostenible y la cooperación al desarrollo en diferentes países latinoamericanos.

1 respuesta

  1. avatar Jorge dice:

    Una agoreras predicción que ya se está cumpliendo. En 2017 todo el centro de Portugal ardió de cabo a rabo, a causa de la nefasta política del eucalipto y a un sistema deficiente de bomberos no profesionales. Todo un despropósito mientras las clases neoliberales y burguesas miran hacia otra parte, pensando que esto no va con ellos, mientras se encierran entre muros de hormigón…

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