Pactar con el fuego: la propuesta del Green New Deal

avatar

2019-10-13

Share

(Publicado previamente en gallego en el blog Saber Sustentar de la edición gallega de El Salto.)

Nota introductoria: desde la publicación de la versión original de esta reseña se han producido dos hechos de trascendencia política relacionados. En primer lugar, la irrupción de Más País, nueva fuerza política liderada por Errejón y aliada con Equo, y en segundo lugar el adelanto del programa con el que concurrirá dicha fuerza a las elecciones generales del 10 de noviembre, donde han participado de manera muy notable los autores del libro reseñado, conformando lo que Más País ha denominado un Nuevo Acuerdo Verde para España.


¿Qué hacer en caso de incendo? Manifiesto en defensa del Green Deal DealEl libro de Héctor Tejero (Madrid, 1981) y Emilio Santiago (Ferrol, 1984), prologado por Íñigo Errejón y recientemente publicado por Capitán Swing, hace una presentación para todos los públicos —de fácil lectura, exenta de notas a pie de página o de una bibliografía exhaustiva— de un término que se viene instalando en el discurso político y del ámbito ecologista, con todos los visos de convertirse en la nueva piel de ese desarrollo sostenible que ya muestra signos de haber agotado su recorrido político e incluso su viabilidad técnica. Ese término no es otro que el del Green New Deal, el New Deal verde, en referencia histórica a las medidas adoptadas por Roosevelt entre 1933 y 1936 para sacar a los EE. UU. de la Gran Depresión, y que pretende aprovechar su positivo recuerdo, aún presente en el imaginario socioeconómico de aquel país —como explican los autores—, y que fue puesto de nuevo en la primera línea del debate político por la joven congresista estadounidense de origen portorriqueño Alexandria Ocasio-Cortez, retomando un término que acuñara Thomas Friedmann en 2007.

El libro se abre con un repaso por la situación que metafóricamente representa el “incendio” del título, muy sesgada hacia el aspecto meramente climático, probablemente debido a ser este el foco del activismo de Contra el diluvio, colectivo al que pertenece Tejero, y dejando la cuestión del declive energético (en la que Santiago Muíño cuenta con más experiencia) en un segundo plano (de hecho, apenas se menciona hasta la p. 66), lo cual acaba lastrando la viabilidad de mucho de lo que nos proponen en la parte final del libro, en la que entran a describir en qué puede consistir un programa político dentro de esa denominación de Nuevo Pacto Verde.

No obstante, antes de entrar a desgranar la propuesta de este “manifiesto”, los autores hacen una defensa de por qué ven este como el único camino viable, entre dos polos que dan por desacreditados: por una parte la continuidad bajo la fórmula tecnocrática del business-as-usual, y por otra lo que ellos califican de “catastrofismo”, aportando una descripción del mismo en la que difícilmente ningún colectivo o persona se podría reconocer, constituyendo así un evidente hombre de paja, una falacia en la que asientan buena parte de su defensa del GND, que no deja de ser una reedición progresista (socialdemócratada) de aquel “there is no alternative” thatcheriano, el cual, paradójicamente, ellos mismos critican. Esto es: ya que no es “suficientemente realista” o “políticamente viable” formular políticas más radicales, que apuesten claramente por el reconocimiento de la situación en sus graves términos y de la necesidad del decrecimiento (contradiciendo así indicios sociológicos que apuntan a que en realidad no sería tan difícil de asumir por el propio electorado de izquierdas, y renunciando de antemano a intentar una estrategia franca), no queda otra alternativa realista que la de apostar por el reformismo paulatino de un capitalismo verde como “prerrequisito” previo a un post-capitalismo que sí asuma —por fin— la necesidad de decrecer, lo cual ellos sitúan a un par de décadas vista. Tal y como reconocen (p. 217), “el Green New Deal no hace sino regresar a formas de capitalismo socialmente más razonables que eran predominantes antes de los años setenta añadiéndole reformismo ecológico”.

La cuestión del tiempo se muestra fundamental para arguír que el GND es una opción idónea a la crisis civilizatoria: a pesar de que Santiago Muíño ha repensado sus posiciones y actualmente reniega de los plazos, acaba dando igualmente una referencia temporal como base de esta propuesta, sólo que más dilatada, pues —según afirma con Tejero— el GND es básicamente un plan para “ganar tiempo”. Sin embargo, en ninguna de las casi 250 páginas del libro podremos descubrir mediante qué mecanismo concreto las medidas que ellos proponen suministrarían ese tiempo extra ni de cuánto tiempo adicional estamos hablando. Más bien podemos intuir el efecto contrario, pues una huida hacia adelante (más complejidad —big data, smart cities—, más extractivismo —para intentar cubrir con renovables el nivel de consumo actual—, etc.) que no acabe de renunciar al crecimiento (y a lo que ellos reconocen como la “enfermedad”, esto es: el capitalismo), lo que va a implicar a nivel metabólico es un más rápido agotamiento de los combustibles y de los minerales, y un aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero. Esto es lo que ya llevan advirtiendo los modelos de dinámica de sistemas desde hace más de 40 años: prolongar la vida de este sistema sólo provocará, antes o después, una caída más brusca, en lugar de evitarla. Además, precisamente por medio de esa defensa del extractivismo como mal menor y “transitorio” (pp. 175-176), el GND resulta un pacto fáustico que estira un poco más un modelo insostenible a costa de destruir territorio, como si no fuéramos a necesitar cada hectárea de suelo para alimentarnos cuando la agricultura industrializada deje de ser viable, un aspecto crucial que tampoco incorporan en su análisis.

Con todo, no pocas de las medidas propuestas en este libro-manifiesto (así como de su análisis político y antropológico) pueden ser compartidas por buena parte del ecologismo social, o incluso del movimiento por el Decrecimiento, por el Buen Vivir, la Vía de la Simplicidad de Trainer, las propuestas de un futuro alternativo de Turiel, o la red internacional de las Transition Towns, pues no dejan de ser de sentido común. Junto con una confianza mucho mayor por parte de los autores en las capacidades de la tecnología o del alcance termodinámico de la eficiencia y del reciclaje, el principal factor de divergencia radica en que no se parte de un diagnóstico coincidente (ellos asumen que aún hace tiempo para este tipo de rodeos, que no hay una emergencia energética a las puertas, además de caer en un evidente antropocentrismo al juzgar que la cosa aún no va tan mal, como les ha reprochado Jorge Riechmann).

Este diagnóstico los lleva a pensar que es factible y adecuado un abandono paulatino y disimulado del capitalismo (en el que se busca expresamente tener de “aliadas” ¡a las propias empresas capitalistas!), pasando por una fase intermedia en la que se aminoren sus efectos más destructivos en los terrenos social y ecológico. Por lo menos que se aminoren… en los países enriquecidos (excepto por la mencionada cuestión del extractivismo local) pues las implicaciones de esta carrera a favor de una electrificación masiva de nuestras sociedades (¿acaso extrapolable a todo el mundo?) alimentada por las mal llamadas “energías renovables”, puede dar pie a algo sobre lo que pasan de puntillas los autores: lo que Carlos de Castro denomina “colonización renovable” (otros lo llaman “colonialismo verde“) de los países empobrecidos. Tristemente, la justicia climática apenas se trata de pasada (pp. 36-38), con declaraciones como “la lucha contra el cambio climático no puede ser una suerte de efecto rebote perverso de la dominación colonial o clasista”, para olvidar después en el resto del libro las repercusiones que las propuestas presentadas tendrían sobre ese aspecto incómodo de la promesa 100% renovable sobre el que tampoco Ocasio-Cortez, Jeremy Corbin o la socialdemocracia española (PSOE, Podemos, etc.) hacen mención ni cálculos. La única “justicia” presente en el resto de la obra es la “social”, claramente referenciada a las propias sociedades industrializadas donde se aplicaría este plan reverdecedor.

A los defectos del texto podemos añadir la presencia, en diversos apartados del libro, de un notable grado de tecnooptimismo que delata el hecho de que los autores no se han desembarazado totalmente de los mitos de la Modernidad y del Progreso: confianza en la tecnología y en la “innovación”, mito de la “economía circular” (¿cómo podríamos justificar esos pretenciosos términos cuando el reciclaje del metabolismo industrial es tan ridículo y no hay manera viable de aumentarlo sin disparar el consumo energético en varios órdenes de magnitud?), mito de la desmaterialización de la economía por medio de las TIC, capacidad del reciclaje de materiales para sostener ella sola la Megamáquina renovable, etc. Otra carencia muy resaltable del libro es la apenas perceptible presencia del concepto de resiliencia (las escasas menciones se limitan a la “resiliencia climática” o “ecosistémica”), que según algún destacado autor que ellos mismos incluyen en sus referencias (Dennis Meadows), debería ser la que guiara las políticas para hacer frente a la crisis ecosocial, en sustitución del paradigma de la sostenibilidad, en el que aún pretenden dar otra vuelta de tuerca con el flamante nuevo lema del GND, como compañero necesario —por la banda izquierda— de la agenda de los ODS y de la (supuesta) 4ª Revolución Industrial.

Así y todo, entre los aciertos y valores del libro hace falta reconocer, por ejemplo, la necesaria advertencia lanzada (pp. 151-155) a cierta rama libertaria del movimiento colapsista de que el Estado aún va a mantener una importante capacidad de hacer (bien o mal) en las décadas que tenemos por delante, y que, por lo tanto, sería irresponsable dejar ese campo de juego político en manos de la alternativa nazi (de la que llevan mucho tiempo advirtiendo Susan George, Carl Amery, Carlos Taibo, Fernández Durán & González Reyes, entre otros). Una alternativa, por cierto, que no le hace asco a la radicalidad antisistémica del discurso ni de las propuestas, mientras que la izquierda aún no se ha logrado librar (este libro es una prueba más) de un templado reformismo que no está a la altura de los tiempos radicalmente diferentes que estamos viviendo. A pesar de esta advertencia, los autores no desprecian la construcción de semillas de post-capitalistmo desde abajo, e incluso apuestan claramente por una estrategia dual (p. 136 y otras), aunque no deje de chirriar el hecho de ceder la vanguarda de la transformación antropológica ecosocialista en manos de los proyectos no-estatales, renunciando en buena medida —sin justificación aparente— a la capacidad de comunicación y evangelización vía medios de comunicación de que disponen el Estado y los partidos políticos, o a contribuir de una manera decida al cambio cultural necesario mediante políticas nítidamente coherentes desde el vértice superior de la estrategia dual (predicar con el ejemplo / propaganda por los hechos).

La impresión final del libro bien podría plasmarse llevando la selección del título a una irónica conclusión que contradice la que pretenden argumentar sus autores: “¿Qué hacer en caso de incendio?” …Resulta claro que el sentido común no nos llevaría precisamente a hacer un “pacto” con el fuego o con los pirómanos que lo provocaron. Lo que hace falta es extinguirlo, si aún es posible y no arriesgamos nuestra vida en el intento; o bien correr hacia la salida de emergencia más cercana si el edificio (capitalista-industrial) ya no tiene salvación.

After Pink Floyd

Imagen a partir de un fragmento de la fotografía de Aubrey ‘Po’ Powell para la portada de Wish you were here (Pink Floyd, 1975).

[Total:1    Promedio:4/5]
Share
avatar

Manuel Casal Lodeiro

Divulgador del Peak Oil y otras amenazas para la civilización industrial. Autor de "La izquierda ante el colapso de la civilización industrial", "Nosotros, los detritívoros" y coordinador de la "Guía para o descenso enerxético". Fundador y coordinador de la revista 15/15\15.

1 respuesta

  1. avatar jose Albelda dice:

    Buen análisis el tuyo (el amplio sobre “qué hacer…), simplemente creo que Muiño, ahora esta jugando en la otra parte de “las estrategias duales”, y ha adaptado su discurso a ese nuevo equipo. Bien está, en las estrategias duales tienen que haber al menos dos equipos… Y mejor no enfrentarse mucho, que somos pocos.
    Abrazo, Jose Albelda

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.