El cuento de Gaia y el Carbono

avatar

2019-07-05

Share

(Publicado originalmente en el web del autor)

Dejadme que os presente a mi amigo Carbono. Es travieso, juguetón y atolondrado, no le cuesta nada hacer amigos y amigas en forma de tríos, parejas o incluso grupos de cuatro con otros que seguro conoces como el hidrógeno, el oxígeno o el nitrógeno. Sin mi amigo el Carbono yo no estaría aquí, y tendríamos un planeta yermo como Marte. Esta es nuestra historia.

El Carbono y yo nos conocemos desde que nací, hace unos 4.500 años, y aunque yo sí he envejecido y ahora tengo más arrugas, él no ha cambiado nada. De tan pequeño que es, sólo lo verás cuando se reúnen muchos como él en forma de lápiz, diamante, árboles, acero, cemento, brócoli, plásticos, queso, y por supuesto, el carbón de los reyes de Oriente …

The carbon cycle biosphere

The carbon cycle biosphere
Fuente: Biochar.org / Wikimedia Commons.

¡Ah!, me olvidaba, no me he presentado. Yo soy Gaia, y aunque algunos piensan que soy un planeta, en realidad soy, o somos, flujos de energía en equilibrio dinámico, como una patinadora que da vueltas y volteretas pero no llega a caer nunca. El Carbono y yo hemos aprendido a convivir y nos ayudamos tanto como podemos para que la temperatura de la Tierra sea de unos 15ºC, que el agua sea líquida y que la vida en el planeta sea posible. Es cierto, de vez en cuando se nos descontrola y hemos sufrido alguna glaciación, pero nada grave.

Mi nacimiento fue un poco violento; todo era muy caliente y caótico, con volcanes y meteoritos por todos lados, no había manera de reposar, era muy joven e inexperta yo, lo reconozco. Con el paso de los años me amansé y enfrié, aprendí a ordenar los flujos de energía con el Carbono, y me creció una atmósfera todo a mi alrededor, como si fuera un caracol. Así conseguimos una estabilidad que duró muchos años.

Pero no creáis que fue todo fácil. Imaginar como erraba, que las primeras pruebas de la atmósfera ¡las hice sin oxígeno! Ni se me había pasado por la cabeza que podía ser importante. Y he aquí que un buen día, por casualidad, la vida comenzó, con estructuras muy simples y pequeñas, es cierto, pero con el Carbono ya como protagonista, y desde ese momento todo cambió.

El problema que tuvimos así de entrada era que para hacer estructuras un poco más grandes y complejas necesitábamos mejorar el sistema energético, porque no teníamos baterías ni enchufes ni nada parecido, y nos tuvimos que inventar una placa solar natural con las plantas que además llevara la batería incorporada.

Este proceso lo llamáis Fotosíntesis los humanos, y simplificando mucho funcionaba así: las plantas chupaban a mis amigos el Carbono y el Oxígeno que una vez dentro se separaban; el Carbono formaba la estructura de la planta —la batería— y el Oxígeno volvía al aire. La energía para hacer todo esto venía del sol, que por suerte nunca nos ha faltado. Además, nos hacía falta un poco de agua pero de esta teníamos de sobra. Cuando la planta moría, el Carbono caía al suelo y unos bichitos los descomponían con la ayuda del Oxígeno, y así volvían a ser pareja de juego. A veces no eran bichitos sino el fuego que quemaba la planta, pero el resultado era el mismo, el Carbono y el Oxígeno volvían a estar juntos.

La historia no terminó tan bien como parece en un primer momento, porque nuestro invento comenzó a llenar de oxígeno —que era tóxico para gran parte de la vida creada hasta entonces— toda la atmósfera, y muchas especies murieron. Pero también nacieron otras que sí lo sabían hacer, más grandes y complejas, y esto nos ha permitido llegar hasta hoy. Algo que si he aprendido en todos estos años es a tener paciencia. Mucha paciencia.

Como os decía lo normal en este invento de la fotosíntesis es que los vegetales y su Carbono los coma un animal herbívoro. Esta animal —una gacela— respira, hace caca o muere, y la caca o él mismo se descomponen y el Carbono se vuelve a juntar con el Oxígeno para hacer CO2 y cerramos el círculo. También puede ocurrir que la gacela se la coma un león, que al respirar o hacer caca o morir devuelve el CO2 a la atmósfera. A eso lo llamáis el ciclo del Carbono.

Pero he aquí que a veces esta materia orgánica de Carbono no encuentra suficiente Oxígeno para aparearse porque queda enterrada bajo tierra o bajo el agua, y el Carbono acaba convirtiéndose en fósil en forma de sólido, líquido o gas.

Wikimedia Commons

Bill Anders / Wikimedia Commons

Esto ya nos valía al Carbono y a mí porque después de muchas pruebas habíamos visto que para mantener el agua líquida era necesaria una temperatura determinada dentro de la atmósfera, y si el Carbono hacía demasiados tríos con el Oxígeno todo se calentaba demasiado, y si había demasiado poco todo se enfriaba. Una parte del Carbono iba a parar al mar, y ya estaba bien, pero si había demasiado también nos pasaba que las conchas tenían problemas —como ves no es fácil, tocas algo y estropeas otra—, y por lo tanto pensamos que almacenar el Carbono bajo tierra en forma de fósil era una buena estrategia para mantener una temperatura apta para la vida.

Y es cierto, te confieso que en algunos momentos pensé “mira que si ahora viniera un loco y liberara todo este carbono de golpe, por ejemplo quemándolo, tendríamos un problema porque empezaría a hacer mucho calor, se desharía el hielo del Himalaya y los polos, habría sequías, lluvias torrenciales, y se descompensarían los ciclos de carbono y de la vida que tantos años nos ha costado ajustar … pero para ello sería necesario que alguien lo encontrara y aprendiera a hacer fuego, y ya traté de esconder los fósiles bien adentro bajo tierra…”

Pero lo que os decía, hace unos 2 millones de años apareció un homínido que después de unas cuantas pruebas fallidas se acabó convirtiendo en lo que ya conocéis, hombres y mujeres como tú, que hace 200 años, creyéndose más poderosos que ningún otro modo de vida, decidieron crecer tomando un atajo, liberando a mi amigo el Carbono que habíamos ido ahorrando para el futuro. Y lo más curioso es que este humano lo hacía todo para conseguir monedas de oro, un material mucho más simple que el carbono, que casi no reacciona con nada, que no tiene mucho amigos … No sé por qué lo hacen, no los entiendo.

Y como ya os he explicado, liberar toda esa energía de golpe —para mover el coche, para el aire acondicionado, para hacer edificios, para hacer funcionar el wifi, para cultivar…— tiene muchos riesgos, ni siquiera sé qué puede pasar, pero ¿sabes qué te digo? Que ya os apañaréis. Eso sí, me sabe un poco mal por vosotros, porque me caéis más simpáticos que los dinosaurios que también pasaron página hace unos 66 millones de años. Y ¿sabéis por qué? Porque sois la primera especie que sabe reír y tiene sentido del humor, y ya se ha de tener para reír mientras te estás extinguiendo. ¡¡Ánimo y suerte!!

Cuento contado, ya está terminado. Y si os habéis quedado con ganas de entender mejor el ciclo de carbono, os dejo este vídeo genial.

[Total: 0   Promedio: 0/5]
Share
avatar

Pere Losantos

Especimen transdisciplinar, al que le apasiona aprender cosas y descubrir cómo aprendemos. Para sobrevivir, lo que aprendo lo escribo en forma de post y vuelta a empezar. Ahora he vuelto a mi trabajo en la UPC donde ayudo al personal de administración (PAS) a ser un poco más feliz y motivado a su trabajo.

1 respuesta

  1. Gracias, Pere. No obstante, tal y como entendemos Gaia, aquí más bien el personaje sería Gea, ¿no? (Puesto que existe antes de que surja la vida, es decir, antes de que surja Gaia.)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.