En la tierra de nadie de Laura de la Fuente

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2019-04-04

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Introito [1]

Tengo en mis manos un poemario. Lo he leído un par de veces. Probablemente necesite de otras dos, o quizás de tres veces más, para que mi cabeza, seca por los años y atrofiada por el tanto comprar a través del catálogo de la escoria primermundista [2], llegue a captar plenamente lo que sus poemas dicen.

Hube de vivir la exterioridad de sus asonancias antes de escribir esta reseña. Pero de poco os servirá. Tras años de intentarlo comprendí que la exterioridad es una experiencia íntima. Se puede compartir, pero no se puede contar. Por eso no esperes tú, que hasta aquí has leído, que en lo que sigue vayas a encontrar una reseña al uso. Descárgate el poemario y absórbelo. Seguimos.

¿Quién es quién?

¿Quién es tu padre?, ¿quién es tu madre?, ¿quién el hombre que te acompaña?

Jesús. Mercedes. Mi amante.

¿Quién es Laura de la Fuente?

Un animal feliz, se dice ella, cuando veo a los niños con sus madres de leche [3]. Hija de esta vieja sociedad de la transparencia [4], se reconoce después.

La conocí detrás de una marioneta en el teatro de títeres del Parque del Retiro en Madrid. Cuando la abracé impregnó mi camisa con su sudor. Yo pedí cerveza. Ella agua. Me dijo: Ni fumo ni bebo…

¿Quién es Laura de la Fuente?

A veces maestra. A veces pena. A veces canto. A veces ira.

…, no me gustan las drogas.

¿Ni cuando aquel tocadiscos de Saturnos y café solo, soluble, lleno de veneno y de agua [5]? Ni siquiera cuando aquel tocadiscos. Ni siquiera.

Siempre madre. Actriz. Nunca títere ni marioneta. Si acaso, rara como todo el mundo [6]. Poeta.

En mi tierra de nadie

Yo diría que En mi tierra de nadie es el resultado de un torbellino y, admitiendo las palabras de la propia Laura [7], de la paciencia de su hijo Jan y de su hija Alea y de la generosidad de Marta García.

Es también, una colección de poemas que se persiguen unos a otros arrastrados por el torbellino que les hizo nacer.

Es, me temo, la conclusión de un periodo de necesidad convertido en búsqueda insaciable de un no se sabe qué con que aplacar la soledad:

mis dedos se han vuelto idiotas de tanto
pensarte, ya estoy idiota
de que no me persigas
de que no me des la vuelta
             al mundo
de que no corras hacia mí en luciérnagas escondidas [8]

Y es un diálogo feroz entre quien lo escribe y quien lo imagina. Entre Laura, que apoyando la sien en el cristal [9], teclea atropelladamente en su móvil el torrente de ideas en que se disuelve su cuerpo, y el par de títeres, títeres ya agotados [10], que viajan en la caja de una furgo transitando sin parar por las tierras de Aragón.

[Laura]     – España es olor a pis [11].
[Pablo]     – España y yo somos así, señora [12].

Es donde espera callado nuestro sepulcro.

Carta abierta a Laura de la Fuente

Laura:

Vivimos en burbujas. Yo en la mía. Tú, en la tuya. Cada uno en la suya, siempre diferenciada de todas las demás. Cuerpo. Cualquier objeto tiene mejor status que tu cuerpo [13]. Las muñecas hinchables no necesitan de las nuevas tablas de la ley. Es la cultura. La maldición del exocerebro. Necrocapitalismo.

Una mujer atraviesa el roquedal en busca de agua fresca y regresa con el cántaro lleno de sangre. Sangre caliente de su vientre. En las nuevas tablas de la ley ¿sigue vigente el mandamiento de la utilidad marginal decreciente?

Vivimos en burbujas. En nuestras propias burbujas comunes. Calles. Ruido. Humo. Distancias. Ciudades. Las sentimos cuando sabemos del aquí y del allí. En el aquí los niños piensan que las flores, para que sean perfectas, han de ser de plástico. En el allí las mujeres amamantan a sus hijos rodeadas de plástico adiestrado en Europa [14].

Adiestrado, pero sin el aroma de las Azucenas. Ahora el olor a Azucenas se vende en las tiendas de todo a cien. Va siendo hora de ayudar al sur global. Nos conviene que tengan sus propias tiendas de chino. No desaparecerán los niños del Coltán, pero el coltán olerá a Azucenas. Fundamentalismo mercantil.

Vivimos en burbujas. Dentro y fuera. Aparenta que fuera está la exterioridad. ¿Podemos experimentarla? Pero si así fuera, ¿no estaríamos interiorizándola?, ¿terminando con ella de algún modo?, ¿consumiéndola para nuestro propio gozo?

Escribes: fracasar es el único argumento de exterioridad [15].

Tu fracaso
         y sobre todo saber que soy hija de un sepulcro
         en mi TIERRA DE NADIE
                 , me conmueve.

La cuenta de la vieja:

Uno. Planta un grano de trigo y obtén dos. Dos. Planta dos granos de trigo y obtén cuatro. ¿Qué tiene de malo? Tres. Planta cuatro y obtén ocho. Demediada por el crecimiento exponencial de la indigencia [16]. Cuatro. Pasa de ocho a dieciséis.

La vida es como una partida de ajedrez. Enrocarse es la mejor defensa. Y mover peones el mejor ataque. Cuenta: Cinco. Multiplica: Treinta y dos. Cuando llegas a la última casilla, coronas. Cuenta: Sesenta y cuatro. Multiplica: Todo el trigo que produce este planeta será poco. Absolutismo económico.

Tan solo sesenta y cuatro casillas en un solo tablero. ¿Y si tuvieras dos?, ¿tres?, ¿sesenta y cuatro tableros? ¿Puedes imaginar cuatro mil quinientas Torres Eiffeles amontonadas? [17] Vivimos en Burbujas. El planeta mismo se ha hecho pequeño con tanta burbuja.

Pero yo #NoMeVoyAMarte. Fracasar. Saberme hijo de un sepulcro en esta TIERRA DE NADIE. Dormir.

Una mariposa aletea junto a tus labios y en el volar simula un beso.

P.D.
Sospecho que los del Grupo de surrealistas de Madrid se hacen contigo fuera de un mundo de goma y servidumbre.

Haiku

Muere de día
Por la noche no sueña
Tierra de nadie

En mi tierra de nadie (Laura de la Fuente)

Portada del poemario ‘en mi tierra de nadie’. Fotografía: Laura de la Fuente.

Notas

[1] Las frases en cursiva son, salvo indicación en contra, versos extraídos de los poemas que se referencian en las notas.

[2] Mi tierra de nadie.

[3] Atomanía final.

[4] Automanía* de la presencia y la figura.

[5] Tengo cita con usted.

[6] En el Autorretrato y en su muro de Facebook.

[7] En los agradecimientos.

[8] Automanía de las últimas palabras.

[9] El ruido y la furia. Alejandrinos.

[10] Id.

[11] Id.

[12] Pablo Guerrero, Ecos de sociedad, 1975.

[13] Road sonetos.

[14] La nada avanza. Alejandrinos.

[15] Inventario o mi museo de la exterioridad. En este poema, Laura hace referencia al Grupo surrealista de Madrid. Se debe a varios autores de este grupo el libro que lleva por título Pensar, experimentar la exterioridad, publicado por Ediciones de la Torre Magnética, 2018. Puede verse la página https://www.traficantes.net/actividad/%C2%ABpensar-experimentar-la-exterioridad%C2%BB-grupo-surrealista-de-madrid y escuchar el podcast vinculado a ella, sobre la presentación del libro (Traficantes de sueños, Madrid, 5 de mayo de 2018).

[16] Id.

[17] La nada avanza. Alejandrinos.

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Pepe Campana

Ingeniero industrial. Especializado en técnicas energéticas.

3 Respuestas

  1. avatar Maria Dolores Garcia Alvarez dice:

    ..pero no se puede contar. Sería como relatar y describir el sabor de una cereza…

    • avatar Pepe Campana dice:

      Compartir, María Dolores (anota la fuerza de esta sola palabra), compartir, digo, el sabor de las cerezas, nos hace grandes. :-))

  2. avatar Angela Justa dice:

    Si un día lograra entender a Laura de la Fuente y a Pepe Campana , diría que mi mente se había desquiciado. Como tal desquiciamiento sería lamentable, mi decisión es no intentar ( ni en broma ) meterme en sus sesudas mentes.

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