Aprendiendo de mi abuela (acerca del veganismo)

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2019-02-07

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(Artículo previamente publicado en la revista Soberanía alimentaria, biodiversidad y culturas, nº 38. Reproducido con permiso.)

¿Qué hubiera dicho mi abuela María del actual exceso de consumo de carne y los destrozos planetarios que provoca o del cambio al vegetarianismo o veganismo para solucionar el problema? Seguramente aquello de “ni tanto ni tan calvo que se le vean los sesos”.

AbuelaDespués de años de reflexión y de haber fallecido mi abuela, he llegado a la conclusión de que si hay alguien que se hubiese merecido el premio Goldman, que es el equivalente al premio Nobel de Ecología, esa sería mi abuela. Vivió y murió analfabeta, a pesar de mis intentos —con ella ya muy mayor— para alfabetizarla, cuando tomaba conciencia de la importancia de que supiese leer.

Sin embargo, mi abuela era la persona más sabia, y la más ilustrada que jamás he llegado a conocer. Sus conocimientos y sabiduría eran de otro mundo, de otro ámbito muy distinto al que solemos valorar hoy día en la sociedad moderna. Mi abuela sabía criar hijos (tuvo cinco) y lo hizo ella sola, pues su marido murió un año antes de la guerra civil, con cuarenta y pocos años, con la espalda doblada como mozo de carga de los almacenes Prats en Madrid y antes como agricultor pobre y sin tierra en su pueblo natal en Extremadura.

Para esa época, mi abuela estaba licenciada en coser y remendar la poca ropa que había, cuando se rompía. Tenía másters en bordar, zurcir, hacer ganchillo, en hilar lana y algodón y hacer ovillos, hacer encaje de bolillos… Todavía andan por casa sus primorosos manteles y cortinas hechas a mano. Se había doctorado cum laude en arreglar estreñimientos, cortar diarreas, curar muchas enfermedades comunes con elementos tan locales, baratos y accesibles como el aceite. Sabía dar friegas, componer un tobillo torcido, arreglar un dedo dislocado y hasta enderezar un hueso roto y entablillarlo, si no era muy complicado. Aliviaba quemaduras con emplastes y reducía hinchazones y eliminaba eccemas en la cara con ciertos apósitos o ungüentos con hierbas del campo. Conocía todo tipo de plantas silvestres comestibles o utilizables como aromáticas y medicinales y sabía dónde encontrarlas, fuese en la orilla de un arroyo o en unos riscos escarpados. Psicóloga natural, sabía escuchar a los demás y entender y compartir sus problemas y sólo daba consejos si se los pedían.

Sincronizada con las estaciones

La abuela hubiera ganado un Masterchef con ventaja, si se hubiese tratado de aprovechar cada átomo de alimento que la temporada ofrecía y hacer conservas de frutas en embotados al baño María, con almíbar, como los melocotones, o secándolos al aire, haciendo embutidos con la carne, salazones, escabeches o conservando quesos en aceite y demás. Así había siempre provisión de higos en la troje, u orejones (albaricoques desecados) o ciruelas pasas todo el año, al igual que almendras y nueces. El tomate y el pimiento que no se consumían en temporada, quedaban embotados, y parte del pimiento y los ajos se enristraban para utilizarlos secos, según necesidades aprendidas y bien calculadas. Los garbanzos se tostaban y rebozaban en harina (torraos, los llamaba) y servían para todo el año. Con sosa cáustica y la grasa sobrante de cocinar, hacía jabón.

Preparaba trampas para moscas en verano, limpiaba y barría con primor su casa de suelo de arcilla comprimida y regaba el suelo con golpes sabios de mano sobre un cubo de agua, para evitar el polvo. En invierno se pasaba una piedra caliente envuelta en un trapo entre las sábanas, antes de irse a la cama entre mantas de buen abrigo. Andaba descalza por el pueblo en verano, como muchas mujeres de su edad. Aprovechaba al máximo la poca agua de que disponía en cántaros (su humilde casa no tenía agua corriente cuando yo era un niño) para cocinar, lavar el máximo de piezas de vajilla y para su propio aseo personal, pues se lavaba con trapos y por partes y así nos lavaba a los nietos. Nunca olía mal.

Su casita no tendría más allá de los treinta metros cuadrados, para cuando sus cuatro hijas e hijo se habían independizado y ella vivía sola. La electricidad había llegado al pueblo poco antes de que yo fuese a su casa como niño, pero ella siempre se resistió a poner luz eléctrica, pues la encontraba innecesaria. Se adaptaba perfectamente a los ritmos circadianos y en invierno se comprimía vitalmente lo que se expandía en verano, como hacen todos los animales y se levantaba siempre con la luz del sol y se acostaba poco después de que se hubiese ido éste.

Mi abuela, que nunca llegó a saber lo que era el feminismo, destacaba en su perfecta gestión de la energía, con un manejo tan eficiente como jamás he visto. Hoy recuerdo especialmente la forma en la que criaba animales domésticos en su pequeño corral. Aquella mujer heroica a la que sus gallinas seguían a ciegas, los conejos se le acercaban en busca de alimento y la cabra agradecía su ordeño periódico, tenía mucho más presente que muchas personas urbanas vegetarianas, que sus animales eran sintientes. Los quería, los cuidaba, los curaba cuando era necesario, les hablaba, los acariciaba, pero no dudaba ni un ápice en sacrificarlos cuando llegaba su momento. Sabía, desde luego, que el animal sufría al morir, ¡cómo no lo iba a saber!

De hecho, era una experta matarife, capaz de sacrificar limpia y rápidamente cualquier animal y aprovechar hasta su sangre como alimento. Desollaba o desplumaba con rapidez y eficacia y aprovechaba cada átomo del animal sacrificado, desde la piel en los conejos (de ahí salieron algunas zambombas y tambores), hasta las patas de las gallinas o el gallo y desde luego, las cabezas y las vísceras o la casquería tradicional, que se podían comer con toda tranquilidad. La ganadería intensiva de hoy desecha muchas partes comestibles de los animales, intensamente inyectadas de antibióticos y hormonas, aunque seguramente esos despojos irán a hacer harinas para alimentar a otros animales o para las piscifactorías, vaya usted a saber.

Animales sintientes

Creo que uno de los graves errores de este mundo es comer carne, mucha o poca, sin corresponsabilizarse —en la proporción adecuada— de sacrificar a los animales que nos van a alimentar. Si nos viésemos en la obligación de criar, cuidar y después matar a los animales que nos vamos a comer y sintiésemos chillar a los lechones o los cerdos, cómo mueren en silencio los corderos mientras se les vidrian los ojos o cómo las gallinas aletean cuando se les corta el cuello, seguramente no nos encontraríamos con esa sensiblería vacua de gentes urbanas incapaces de pisar una hormiga, pero que luego se meten en una hamburguesería medio kilo de carne entre pecho y espalda, sin preocuparse de querer saber de dónde procede la misma. Precisamente —y muy seguramente por eso y por el esfuerzo que representaba criarlos, cuidarlos, sacrificarlos y preparar sus carnes y derivados— es por lo que antes se sabía que había que comer muy poca carne. El contenido de proteína animal de una hamburguesa estándar de cualquier multinacional del sector con carne y queso, le hubiese durado a mi abuela una semana para alimentar a todos los suyos. Jamás estuvo gorda, jamás tuvo enfermedades reseñables.

Porque los platos de mi abuela —que recuerdo como los más sabrosos— no tenían carne o tenían muy poca. La combinaban con mucha verdura, tubérculos, cereales o legumbres, y calmaban el estómago y reponían las necesarias fuerzas físicas exigidas en un mundo preindustrial, rural y agrario, que no concebía tener que eliminar grasas corporales en un gimnasio.

Todavía quedan imborrables en mi memoria de cuando era niño, los sabores y olores de los excelentes guisos de mi abuela y esto es lo que me ha movido a intentar explicar por qué estoy a favor de cierta ganadería y en contra del exceso que entiendo supone tratar de eliminar completamente la cría y sacrificio de animales en nuestro provecho, sólo porque son sintientes. Si alguien sabe lo que es un animal sintiente ese es quien lo cría, lo alimenta y lo sacrifica para después nutrirse y nutrir a los suyos.

Sobre todo, cuando alguien vive en un medio absolutamente preindustrial —como vivió mi abuela en el pueblo— y tiene que realizar a mano todas las tareas y faenas de la vida en el campo y en un pueblo pequeño para vivir, sabe muy bien el esfuerzo que cuesta obtener leña, para cocinar y calentarse, del encinar cercano o sacar los sarmientos de una poda de vides cuando no hay motosierras que valgan y hay que hacerlo con sierra manual o con hacha o partiendo a mano las taramas, para acomodarlas en la albarda del lomo del animal de tiro, sabia y proporcionalmente, para llevarlas a casa.

No hay forma mejor de saber lo preciosa que es el agua potable, que cuando uno tiene que ir con dos cántaros en las aguaderas de la caballería a dos kilómetros del pueblo hasta la fuente, para poder disponer de ella en casa, porque la de los pozos del pueblo es algo salobre y apenas la beben los animales.

Nadie mejor que mi tío para saber lo sintiente que era su burro para mover una noria y sacar el agua en canjilones para regar la huerta. En la ida del pueblo al huerto, al lado del arroyo de Gualija, íbamos los dos montados. Al llegar al huerto, mi tío uncía el burro a la noria y me encargaba atizar al burro con cuidado, pero con diligencia, si se paraba, como solía pasar, pues el burro no era tonto y se resistía a dar vueltas a la noria empujando. Pero mientras, él se descalzaba e iba abriendo y cerrando surcos a mano con el azadón para regar todo el huerto. Cuando acababa la tarea, soltaba al burro para que comiese en el barbecho y de paso eliminase las hierbas y el pasto que competían con las plantas del huerto y para que bebiese en el arroyo, mientras nosotros comíamos una comida sustanciosa, pero frugal y se hacía un gazpacho exquisito con los frutos del huerto, unos trozos de pan y el aliño que venía preparado en un cuerno con tapón de corcho al efecto. Después, una buena siesta a la sombra de algún frutal y por la tarde, arreglo de las plantas y frutales del huerto, recogida de los productos maduros en las alforjas y vuelta andando, para no machacar al burro, que ya había trabajado lo suyo, según mi tío.

Sólo el que tiene animales a su cargo para cría y de tiro, sabe del cuidado que hay que tenerles y de cómo hay que asegurar su vida, porque es asegurar mejor la nuestra. Sabe, por muy cansado que llegue a la cuadra, que hay que cepillar y lavar al animal y echarle una buena carga de paja y pienso.

Sólo la gente que sabe el esfuerzo que cuesta vigilar un rebaño de cabras, para que coma del barbecho y no perderlo de vista para que no se coma una plantación es consciente de lo sintientes que son estos animales y del valor de cada gramo de carne o leche que aportan para nuestra alimentación.

Por eso, estando de acuerdo con que comemos demasiada carne y de mala calidad, me despego, con todos los respetos, de los argumentos de personas vegetarianas y más aún, de las veganas, sobre todo de los que proceden de las insostenibles urbes, que en un país como el nuestro solo podrían vivir mientras funcione un suministro alimenticio vegetal muy variado y con suplementos que solo pueden aportarse desde la sociedad capitalista, industrial y principalmente urbana que es la que está causando los mayores destrozos al planeta y al soporte vital que debe asegurarnos la verdadera sostenibilidad.

Los animales de granja y corral, de ganadería extensiva y algunos animales salvajes en su justa medida, son un aporte necesario y conveniente de proteínas, calorías y grasas que no compite con los cultivos y que ayuda a hacer los mismos más estables, si se revierten los abonos que generan y generamos, debidamente desecados y tratados al sol, a la tierra que nos alimenta. Mi abuela María, en su infinita modestia, controlaba así su pequeño mundo en todo lo que hoy se conoce como la cadena de valor.

Antigua Augustóbriga romana. Foto: Otto Wunderlich (c. 1920-1930)

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Pedro Prieto

Creador y coeditor de CrisisEnergetica.org desde 2003. Miembro del panel de ASPO International desde 2006. Vicepresidente de AEREN.

33 Respuestas

  1. avatar Rodrigo France dice:

    Hermosa y pertinente reflexion sobre el equilibrio en la vida humana y su relacion con el medio real. La ausencia de estos conceptos , equilibrio y realidad , esta en el centro de la debacle medioambiental actual y en la genesis de todas las formas de pensamiento alienante tan de moda en la actualidad

  2. Debatible,
    El mito de las proteinas.
    Pues bien, no hay ni una sola proteína en la carne animal que no proceda de las plantas y, por lo tanto, el ser humano puede obtenerlas todas del reino vegetal. Más aún, el comer alimentos procedentes del reino vegetal tiene el beneficio adicional de que se combinan aminoácidos con otras sustancias que son esenciales para la correcta utilización de la proteína: carbohidratos, vitaminas, minerales, enzimas, hormonas, clorofila y otros elementos que sólo las plantas pueden ofrecer. También decir que la carne contiene alrededor de un 25% de proteínas y ocupa un lugar intermedio (junto a frutos secos, legumbres y pescado) en la escala cuantitativa de proteínas.
    ++++++
    Todavía hay muchas personas que tienen dudas de que la dieta vegana BIEN PLANIFICADA esté llena de carencias nutricionales. Estas dudas se magnifican cuando hay niños de por medio. No obstante, hay muchos organismos oficiales que están a favor de una dieta vegetariana o vegana (vegetariana estricta) en cualquier etapa del ciclo vital. A pesar de que algunas personas que trabajan en el ámbito sanitario no están a favor por desconocimiento y falta de reciclaje.
    Este tipo de dietas son totalmente aptos para cualquier persona incluso niños, deportistas o embarazadas.
    ++++
    Reactivé las respectivas entradas en este blog abandonado, y que amplían el tema en esta línea
    https://victorino1963.blogspot.com/

    • avatar Pedro Antonio Prieto Perez dice:

      Hombre, al final todo procede de los minerales, el agua y el sol. De ahí las plantas y de ahí animales que comen plantas y de ahí, animales que comen animales desde hace varios millones de años.

      Hay evoluciones y capacidad de sintetizar algunos elementos que algunas plantas y animales tienen y otros no. ¿La B12 de dónde la sacan los veganos?

      Y alguna duda o cuestión más. ¿Quien podía planificar bien una dieta vegana en la era preindustrial en un sitio de riqueza de suelo mediana o baja y estacional? ¿Había veganos cuando no había sistemas de transporte de productos vegetales a grandes distancias y medios de conservación de los mismos, propios de una sociedad tecnológica e industrial desarrollada que es la que realmente se está cargando el planeta?

  3. Hum, en esta entrada queda claro que el vegetarianismo bo es un tema butricional sibo ético
    https://victorino1963.blogspot.com/2016/07/debate-y-dialogo-es-saludable-ser.html

  4. avatar Jorge dice:

    Una fantástica revisión de la sostenibilidad pérdida, el ritmo pausado pero intenso de la vida y la sencilla felicidad de un modo de vida integrado con los ritmos de la vida

  5. avatar Godofredo Aravena dice:

    Don Pedro
    Valorable relato, que muy bien describe una vida absolutamente olvidada, desconocida para una gran mayoría del mundo desarrollado de hoy y/o del que pretende estar en tránsito hacia él. Personalmente, el mundo que describe no me resulta tan distante a pesar de todo, tal vez porque el “progreso” llegó más tarde a mi país (Chile) y/o tal vez porque no tenemos tanta diferencia de edad. Me tocó vivir muchas de las situaciones relatadas.
    Lo que quería meditar al respecto es que este tipo de vida ciertamente no puede volver, ya que ella refleja y corresponde a una etapa de un proceso permanente de cambio hacia “algo mejor” (ciertamente visto desde un punto de vista muy antropocentrista e individualista), y en ese proceso no se vuelve atrás. Su abuela y mi abuela son resultado de sus tiempos, tiempos en que, a pesar de todo, la vida era más cómoda que décadas antes; con mucha seguridad más fácil que la vida de las abuelas de nuestras abuelas. Si su abuela (y mi abuela) hubieran nacido en nuestro tiempo, habrían vivido de otra manera (muy como usted o yo hoy), de hecho mi madre, no vivió como mi abuela. Cada generación parte con un piso diferente, que corresponde a lo que es “normal” en su tiempo, en todo orden de cosas.
    Este ir hacia “algo mejor” es en realidad un proceso de “maduración”, tomando la expresión en un sentido muy amplio, que forma parte de la naturaleza de la Humanidad, por lo que al igual que, como individuos, no volveremos a actuar como lo hicimos hace 20 años, la Humanidad tampoco volverá atrás en su propio proceso de cambio.
    De hecho, como sociedad nunca volveremos atrás (al igual que como individuos tampoco volvemos atrás), a lo más cambiaremos nuestro punto de vista y haremos cambios en nuestras vidas, pero ellos serán por y para otras razones, nunca porque el pasado fue mejor en ciertos aspectos, pues en términos de calidad de vida actual, nunca lo fue (algo discutible desde otros puntos de vista ciertamente).
    El desafío de nuestra sociedad moderna es precisamente darle el espacio adecuado a las señales potentes que nos indica que este “algo mejor” actual, en realidad no lo es en demasiados aspectos, aspectos que ya no podemos ignorar. El concepto para definir ese “algo mejor” es lo que debe cambiar, debe dejar de ser tan antropocentrista e individualista.
    Todo lo anterior me lleva a concluir que nuestros problemas actuales no se resuelven con veganismo, ni tampoco con decrecimiento, ni con menos de muchas cosas (con la excepción de menos humanos), no mientras la esencia del sistema, la razón del sistema para existir, no cambie. De hecho, esa razón no ha cambiado en miles de años. Nuestros problemas actuales solo se pueden resolver con un cambio radical de las razones por y para qué nos levantamos cada día (algo que ya he planteado antes en otros comentarios). La razón del sistema para ser y existir es la que debe cambiar. Algo que veo imposible ocurra dentro y desde el sistema. Tal vez pueda ocurrir, cuando éste, se acabe. Tal vez no. Por ahora solo podemos ser testigos y actores de un proceso de decadencia lento pero imparable que no me atrevo a imaginar, a dónde nos llevará ni cómo. Ni a qué costo. Sólo intuyo que tenemos tiempos difíciles hacia adelante.

  6. avatar Maria dice:

    Me ha encantado. Muy bueno para reflexionar lo cerca y posible que tenemos una vida sostenible y, aunque claramente menos cómoda, también claramente más equilibrada. Gracias

  7. avatar Lorens dice:

    Entiendo la valoración y adulación a la abuela como ser sabia, ya que así lo fue, y entiendo la crítica a algunos Veganos que vivan dentro de ciudades inconscientes e incoherentes respecto al impacto medioambiental y sibre la vida de todas las especies de vivir en ella, pero de ahi a decir que “nadie como mi abuela (que mataba a los animales” para saber lo sintientes que son los animales, hay un gran trecho.
    Comprendo que con el conocimiento y medios de entonces, ese modo de vida era lo conocido,
    y me uno al interés de ver cómo con agricultura local que no mata a seres sintientes (que ademas se mueven) es posible vivir sano toda una vida.

    • avatar Pedro Prieto dice:

      Me temo que no has leído bien el texto. Jamás he dicho que m abuela matase a los animales para saber lo sonrientes que son. En absoluto. Mi abuela sacrificaba a sus animales por necesidad alimenticia, no por el morbo de verificar que fuesen sintientes. Y sabía que en sintientes mucho mejor que la mayoría de vegetarianos y veganos que no viven con ellos, porque ella sí vivía con esos animales y sabía que eran sintientes desde la eclosión de un huevo con un polluelo hasta asistiendo al parto de una oveja. Y viendo como crecían sanos y curándolos cuando lo necesitaban. Y desde luego, también cuando le tocaba el trance de poner fin a sus vidas para alimentar a ls suyos. No es adulación de mi abuela; es admiración por su forma de vida.

      Creo que el problema de nuestro mundo no lo ha creado la BIOLOGIA de los 20 últimos millones de años de nuestros antecesores los salvajes primates. Ni siquiera la posterior naturaleza BIOLÓGICA evolutiva de los salvajes hominidos de los dos últimos millones de años; tanto los primates, como los hominidos hasta nuestros días, como BIOLÓGICAMENTE omnívoros, como los naturalistas verifican cuando ven nuestros colmillos especializados en desgarrar fibra de carne animal.

      No. Creo que las desgracias y los mayores peligros que acechan a nuestro mundo son causa y producto de la avanzada y “civilizada” IDEOLOGÍA capitalista de los apenas últimos 500 años, basada en na indecente y enfermiza obsesión por acumular recursos y riquezas mucho más allá de nuestras necesidades biológicas. Es a partir de esta ansia desquiciada de acumular bienes sin tasa, cuando se ha hecho desaparecer más de un tercio de las especies animales y vegetales para beneficiar la acumulación de enormes cantidades de recursos en manos de unos pocos.

      El comunismo cerril y el socialismo pidridamente real, apenas intentaron evitar esa ansia productiva con fines de acumulación individual, intentando repartos igualitarios de los bienes, pero apenas intentando transferir los medios de producción de individuos particulares hacia el todopoderoso Estdo, pero sin entender tampoco que ni el Estado puede crecer de forma infinita en un mundo finito y hacer igualmente ricos a todos ls ciudadanos sin diferencias..

      Así pues, en apenas los últimos 500 años de ls 2 millones de años de nuestra historia común de mamíferos omnívoros y muy especialmente en los últimos 50 años, hemos asistido a la desaparición de miles de especies animales salvajes, en favor de una selección de apenas un puñado de especies animales domesticadas que se crían intensivamente de forma horrible hacinados en granjas gigantescas, para lucro infecto de unos pocos y engorde de seres humanos muy inconscientes.

      Pero ese destrozo y forma desquiciada de entender la vida, no se limita al mundo animal, sino que se extiende al mundo vegetal y al mineral.

      En el mundo vegetal, el “civilizado” y “avanzado” capitalismo arrasa con monocultivos de pocas especies vegetales, degradando suelos y aguas. En el mundo mineral devastando la naturaleza con minas y perforaciones de todo tipo. Solo busca beneficio y dinero, que es la forma más perversa de acumulación de riqueza.

      Así que el consumo de solo vegetales bajo este sistema, también destroza al planeta y a los pocos animales que van quedando en el.

      No son nuestros inevitables colmillos de omnívoros los culpables d este destrozo, estimados vegetarianos y veganos. Es un sistema podrido y perverso cono el capitalismo salvaje, obsesionado con el crecimiento infinito en un mundo finito, sea criando vacas o solo lechugas y zanahorias.

      • avatar Germán dice:

        Siendo cierto que “el consumo de solo vegetales bajo este sistema, también destroza al planeta y a los pocos animales que van quedando en el”, no es cierto que este destrozo se cause de igual manera criando vacas que lechugas y zanahorias. Como seguro sabes, la producción ganadera intensiva causa gran parte de los GEI y cuanta menos carne se consuma, mas población podrá soportar la Tierra.

        Otro tema es que se esté en contra de el consumo exclusivo de vegetales, y se defienda una ingesta muy pequeña de carne al estilo tradicional, especialmente teniendo en cuenta esta pregunta, que yo opino que es la más pertinente : ” ¿Quien podía planificar bien una dieta vegana en la era preindustrial en un sitio de riqueza de suelo mediana o baja y estacional?” –> Lo cual entronca con la idea de Jorge Riechman de que (Además del comunismo o el socialismo) quizás se haya podido pensar el anti-especismo de manera fosilista, sin tener en cuenta la necesidad que igual tendremos de esos animales no ya como alimento (que quizá también como se plantea en la pregunta, aunque en eso no me meteré pues no tengo ninguna idea de nutrición) sino también como animales de carga.

        • avatar Pedro Antonio Prieto Perez dice:

          Es que no creo haber dicho que el destrozo planeo sea igual si se planta una lechuga que si se cría una vaca en un establo infame en ganadería intensiva con piensos compuestos terribles, quizá hechos hasta con harinas de restos de peces, obligando a estos hervíboros a hacerse onmívoros.

          La producción ganadera intensiva causa gran parte de los gases de efecto invernadero (aunque seguramente muchos más la sociedad industrial), claro que si. Pero una buena parte de esa actividad ganadera es posible, por un lado, por la intensificación de la producción agrícola para alimentar tanto animal innecesario. Por otro lado, si se elimina la producción de cualquier tipo de ganado para alimentación humana, por poco que sea, y no se eliminan los factores de nuestra sociedad industrial y capitalistas y, por ejemplo, se siguen produciendo más coches que vacas (en estos momentos, unos 1.200 millones de coches de turismo o privados y una cantidad similar de vacas), pues no estamos haciendo nada bueno, por muy vegetarianos que seamos, si seguimos yendo en coche a trabajar.

          En cuanto al consumo exclusivo de vegetales, tampoco creo haber dicho que esté en contra de él. Si alguien quiere ser vegetariano o vegano, allá él o ella. Solo digo que no se puede criminalizar a un omnívoro que come carne animal de forma muy moderada (por otra parte, como siempre se había hechos desde que somos primates y luego homínidos)

          en cuanto al resto, estoy totalmente de acuerdo con tu afirmación sobre la idea de Riechmann: quizá nos haga falta repensar otro poco el asunto de cómo quedaría una sociedad posfosilista y si no necesitaremos de nuevo una estrecha alianza entre especies, entre otras cosas para que nos ayuden, no sólo a tareas de carga y transporte, sino quizá también a prestarnos sus proteínas grasas (ácidos grasos) y a darnos calorías cuando el mundo sea muy diferente al actual.

  8. avatar Xabier dice:

    Hay una cosa que la abuela desconocía, en realidad, todas las abuelas y, creo muchas personas hoy en día. Lo importante de la carne no son, en realidad, las proteínas sinó los ácidos grasos de origen aninal, especialmente en los primeros años del desarrolllo, en este caso, humano. Eso permite que el cerebro alcance determinado tamaño y complejidad. Es decir nuestro cerebro es el producto de cientos de miles de años comiendo ácidos grasos de origen animal

    • ¡Muy interesante, Xabier! Pero ¿hasta qué edades estamos hablando? Y ¿esos ácidos grasos de origen animal no los aporta de manera natural la lactancia materna?

      • avatar Xabier dice:

        Obviamente hasta pasada la adolescencia … momento al que no llega la lactancia materna, ni nunca llegó, claro está 😉

        • Sí, entonces está claro. Creo recordar que a partir de los 11 años ya nuestro estómago deja de aceptar bien la leche, incluso la humana. Pero eso sería otro tema, el de consumo de lácteos de otros mamíferos…

          ¿Podrías concretarnos cuáles son esos ácidos grasos, para quien quiera buscar más información sobre en qué alimentos encontrarlos y en qué proporción? Gracias por enriquecer el debate con estos datos.

          Apertas! 🙂

    • avatar Pedro Prieto dice:

      Estoy de acuerdo, Xavier. Pero además, nuestro cuerpo es producto de millones de años de evolución, desde los primates hace unos 20 millones de años, por no irme hasta los seres unicelulares, hasta los hominidos de los dos últimos millones de años.

      Esa evolución nos ha dotado de una estructura corporal, que, aparte del cerebro, incluye, como decía en otro comentario anterior, por ejemplo, colmillos de omnívoro, que nos diferencian de los hervíboros que no los tienen.

      Los biólogos y naturalistas saben de la función de los colmillos de carnívoros y omnívoros; sirven para desgarrar mejor la fibra de la carne animal.

      Por supuesto podemos renunciar a la carne animal, puesto que somos omnívoros, no carnívoros, pero eso no necesariamente ayuda a evitar la destrucción del planeta, que nunca, desde que existen carnívoros y omnívoros sobre el planeta, había estado tan en peligro de extinción. Nunca carnívoros y omnívoros habían hecho extinguirse las especies animales de las que se alimentaban para vivir.

      Porque creo que lo que está destruyendo el planeta y extinguiendo por miles o centenares de miles a las especies animales y vegetales no es nuestra condición de carnívoros u omnívoros, sino nuestra condición de capitalistas depredadores, explotadores sin tasa y especuladores, sean con productos animales, vegetales o incluso minerales. Los vegetarianos y veganos harían bien en centrar sus críticas más al sistema de producción (animal, vegetal y mineral) que a los hábitos de comer carne de los omnívoros, hace más daño un vegano director de Monsanto en un segundo de su accionar, que el que pudo hacer mi fundamentalmente vegetariana y muy ocasionalmente carnivora abuela en toda su vida.

      • Muchísimas gracias por tus comentarios que complementan de manera “política” y antropológica el debate, Pedro.

        Efectivamente, la imagen de comparar los colmillos en nuestras bocas con los “colmillos” del capitalismo es muy potente y clarificadora.

        Hablando sobre lo primero, recientemente Paul Ehrlich ha publicado junto a la doctora Sandra Kahn un libro acerca de lo que describe como “epidemia” mundial de problemas maxilares, de dentición, e incluso respiratorios derivados de que masticamos mucho menos que en todo el pasdo de nuestra especie: https://news.stanford.edu/2018/04/10/paul-ehrlich-problems-modern-jaw/

      • avatar Xabier dice:

        bueno, en realidad toda la megafauna extinguida en todos los continentes e islas tanto grandes como pequeñas ha sido extinguida por el ser humano secuencialmente a medida que se dispersó por el planeta. Pero me parece que ya no tiene que ver con el debate este moderno. En realidad, el veganismo es un producto más del capitalismo, es decir una salida irrelevante hacia la nada para no cuestionar el sistema.

    • avatar Inés dice:

      Hola Xabier, sólo decirte que aprovechando que escribo un review sobre alimentación y lo que los psiquiatras llaman “desórdenes psiquiátricos” pero que muchos llamamos enfermedades, por ejemplo esquizofrenia, depresión mayor, autismo, todos losbipolares- obsesivos,compulsivos… y los trastronos de personalidad, pues hay suficientes referencias en la bibliografía que los relacionan directamente a una alimentación insuficiente y mala, en los primeros años de vida. Desde que nacemos hasta pasada la adolescencia ( 20 años) es cuando se desarrollan completamente tanto el sistema inmune como el cerebro ( todas las conexiones cerebrales están desarrollandose a la vez que nuestro cuerpo alcanza la madurez) y hay déficits de aminoácidos y ácidos grasos esenciales. Para no enrrollarme mucho diré que hablando de los ácidos grasos esenciales, realmente sólo dos necesitamos tomarlos desde fuera porque no los sintetizamos, el linoleico y el linolénico.Lo que pasa es que en los primeros años de vida.. y los siguientes, si no tomamos suficiente cantidad de éstos dos, no sintetizamos EPA Y DHA – igual por eso dices lo de los animales) que son esenciales para el desarrollo del cerebro. Obviamente que tomamos – como mamíferos que somos leche materna- que nos va a suplir de esos ác grasos insaturados hasta que nosotros los fabricamos,ya digo a partir de los dos primeros de plantas. Así es que teóricamente y también en la práctica si tuvieramos una dieta enriquecida en los 10 aminoácidos esenciales ( de plantas todas) y en los ácidos grasos esenciales ( en semillas sobretodo) no necesitamos para nada derivados de origen animal. Puesto que las grasas animales son todas saturadas y esos acidos grasos saturados los sintetizamos, como animales que tb somos nosotros, por síntesis de novo para la que precisamente son imprescindibles todas las vitaminas y coenzimas derivados. Hay realmente una gran desinformación de la bioquímica de la vida porque los alumnos no la estudian en la secundaria y ni siquiera los médicos tienen una buena base ( sólo un año),por tanto aquí y allá se manipula la información según los intereses tanto de las compañías que venden suplementos como de las farmacéuticas. Yo tomo leche queso y huevos,pero sólo cuando los encuentro fiables, a veces algún molusco y en realidad lo que creo que es muy importante es observarse pues en cada momento de la vida, en cada estación en picos de estrés, o según el esfuerzo que realizamos, necesitamos aumentar en un tipo de nutrientes. Esto se que no es fácil, pues a mi misma me cuesta, pero es así.

  9. Por otro lado, aparte de las cuestiones ya comentadas, me gustaría traer a colación un dato: escuché hace unos días en la radio que en España se come un ¡70% menos! de legumbres que hace 40 años. Creo que esto tiene mucho que ver con el cambio de dieta, que no sólo se está produciendo aquí sino en todo el mundo (China puede ser el caso más notorio). Estamos abandonando la proteína vegetal, que era la principal en nuestra dieta, por la cárnica, porque eso es propio de “ricos” y todos queremos serlo. Rico = comer mucha carne. Otro de los perversos mitos de la Modernidad Capitalista, imagino.

    Yo personalmente llevo años intentanto volver a ese balance legumbres/carne más propio de nuestro pasado más sostenible, complementado con lo que también era habitual en el pasado, al menos en ciertas culturas y momentos históricos, que es el aprovechamiento de las plantas silvestres comestibles.

    Por otro lado, las dietas ovo-lácteo-vegetarianas me parecen mucho más razonables y un punto de equilibrio entre el no-matar animales y el poder aprovechar sus proteínas y -Xabier dixit- ácidos grasos.

  10. avatar Marian dice:

    Gracias Pedro. Una brillante economía de subsistencia anclada en una cultura rural de cuyas raíces todavía pueden brotar nuevas ramas.
    La “calidad” de la alimentación es una de las variables que incluyen diferentes hipótesis que intentan explicar el gran desarrollo del cerebro en la evolución de la especie humana. En uno de esos textos se preguntaba algo quizás marginal a este debate sobre el tipo de alimentación; se preguntaba si podíamos confiar tan ciegamente en un órgano que se había expandido tanto y cuyo consumo metabólico era tan alto.
    Aunque me identifico con la abuela de Pedro, y con todas las abuelas – y algún abuelo- de las clases populares de Andalucía, de cuya cultura brota la sabrosa y saludable dieta mediterránea, quitaría la carne y me quedaría con el cerebro humano evolucionado desde una alimentación de origen vegetal.

    • avatar Pedro Antonio Prieto Perez dice:

      Gracias a ti, Marian.

      Por supuesto que eres muy libre de quitar la carne a tu dieta y estoy convencido de qué se puede vivir bien con ella, según seas ovo-lacto-vegetariana. como vegana seguramente necesitarías B12 de otra vía.

      Pero yo no me plantearía dudas sobre si nuestro cerebro es de poco fiar, por haberse desarrollado tanto.

      Si no confiamos en nuestro propio ser y en nuestra propia naturaleza y sospechamos que está desviada, me temo que vamos mal. El consumo metabólico del ser humano es de apenas 2.800 Kcal/día, equivalentes a una bombilla incandescente de 100 vatios encendida las 24 horas del día. No creo que ese sea el problema del mundo.

      Me temo que el problema es que nuestro mundo de 7.500 millones de congéneres está consumiendo hoy, en promedio unos 2.500 vatios por persona; es decir, unas 25 veces nuestra propia necesidad metabólica. Los españoles andamos por las 50 veces más que nuestro metabolisno y los norteamericanos unas 100 veces más que su metabolismo.

      El problema creo que no está en nuestro cerebro y su constitución, si es que ha ido aumentando de tamaño en unos 20 o quizá 50 o 100 millones de años. Creo que el problema es lo que nos han metido en el cerebro en los últimos 150 años y muy especialmente los últimos 50 años: la creencia en que la sociedad capitalista era irrefrenable, deseable y sostenible, porque siempre habría para seguir creciendo.

      Pero adelante, si piensas que si te quitas la carne (aunque sea muy poca, como siempre ha sido), tu cerebro va a evolucionar positivamente, con alimentación exclusivamente vegetal.

      Este tipo de evoluciones sabemos por los antropólogos y naturalistas como Darwin, que a veces llevan miles de años como mínimo y a veces millones, no son cosa de un día ni de una generación. Lo que sí podría cambiar en una generación, si se piensa, el el sistema económico impuesto en la actualidad; es decir, la ideología puede cambiar muy rápida y radicalmente; a la biología, ya le lleva unos miles de años más.

  11. avatar Marian dice:

    Gracias Pedro. Muy buena analogía metabólica la bombilla.
    No soy vegetariana. Los ingredientes de la alimentación que practico llevan tiempo, no demasiado dinero, conocimiento sobre los productos que cada día llegan al mercado, sobre la combinación tradicional de los mismos en la cocina, alguna innovación y mucho amor.
    Me siento privilegiada y agradecida en este tema. Pero también me pregunto a dónde habría llegado otra humanidad que no hubiera necesitado pensar en trampas y estrategias de caza y sacrificio de otros seres vivos para alimentarse.

    • avatar Pedro Antonio Prieto Perez dice:

      Gracias a ti Marian.

      Tu pregunta de adónde hubiera llegado la humanidad sin cazar animales para comer es de una respuesta imposible, desde el punto de vista antropologico y evolutivo.
      Si no hubiésemos hecho eso, habríamos derivado por otras ramas de la evolución y quizá fuesemos un tipo de herbívoros sin colmillos y quedándonos un punto por debajo de los carnívoros de la pirámide trófica, siendo quiza pasto de los carnivoros existentes. Quien sabe.

  12. avatar Ana Velasco dice:

    Excelente relato y reflexión, le felicito, por poner en alza las experiencias de nuestras abuelas y abuelos en cuento a su relación y vínculo con la naturaleza. Comparto esta visión y esta necesidad de cambio en nuestra dieta. Menos carne y mayor bienestar animal. Gracias por aportar con este artículo una mayor conciencia sobre la vida de todos los seres animales, que permita reflexionar sobre nuestra dieta de abuso y poner en alza otro tipo de producción más eficiente, ecológica, justa y sana.

  13. avatar Rodolfo Crespo dice:

    Compañero Pedro Prieto
    Como siempre agradecerle sus escritos, pero lo que ocurre es que su abuela no estaba directamente insertada en el sistema-mundo capitalista/moderno.
    Hoy (casi planetariamente) entre las decisiones de los hombres, por un lado, y los contenidos concretos, sensibles y materiales de su producción (en sentido amplio), por el otro, siempre se interpone una forma social (fetichista) que hace que los miembros de la sociedad sigan reglas que son el resultado inconsciente de sus propias acciones, pero que se presentan como potencias exteriores y superiores a los hombres, y en la que el sujeto no es más que el simple ejecutor de dichas reglas que deciden el destino de esos contenidos concretos. Esta forma social inconsciente actúa como un código que da su forma a los actos y crea las leyes ciegas, pero aparentemente objetivas o naturales, que regulan la vida humana. Hoy son las exigencias de rentabilidad, los imperativos tecnológicos o la necesidad del crecimiento, etc. Son leyes que, visiblemente no pertenecen a la primera naturaleza (bilógica), sino a la segunda naturaleza, al entorno social que ha forjado el hombre mismo en el curso de su evolución: estas leyes, en consecuencia, son innegablemente obra del hombre y, sin embargo, nadie las ha decretado en su forma actual (¡que contradicción más bella!). Desde hace tiempo predomina la impresión (sus denuncias son ejemplo de ello) de que la sociedad capitalista se ve arrastrada a una deriva suicida que nadie quiere conscientemente, pero (y aquí está el problema) a la que todo el mundo contribuye. Lamentablemente si su abuela viviera hoy, casi seguramente funcionaría como todos los hacemos “sujetos automáticos” del capital. La gran pregunta es cómo deshacernos de ese gran nudo gordiano. No veo muchas esperanzas.
    Un saludo y abrazo cordial.
    Rodolfo Crespo

  14. avatar Pablo Fuentes dice:

    Gracias, Pedro, por otro excelente artículo lleno de tu siempre preciso análisis holístico del principal problema que afrontamos en nuestro futuro caminar por el decrecimiento. Aunque tenga alrededor de 20 años menos de experiencia que tú, mi abuela vivió de modo muy similar a la tuya hasta que emigró a la ciudad en su juventud. Recuerdo hablar con ella de aquella vida austera, de supervivencia, donde no se tiraba nada porque había muy poco, y lo poco que había se arreglaba y remendaba hasta que ya solo servía para trapos (nadie compraba trapos, se reusaban las prendas más desgastadas). Su padre era transportista (de carro con dos mulas) y en el patio de la casa del pueblo estaban las mulas (cuanto más malas mejor tiraban, decía mi abuela), las gallinas y la pocilga con los dos cerdos. Gallinas para huevos y caldo, cerdos para el resto de la carne para todo el resto del año, para una familia de dos adultos y cinco hijos (más uno que murió de niño). La carne se estiraba lo máximo posible a base de legumbres, verduras y pan (pan que se cocía una vez a la semana en el horno de leña de la panadería del pueblo, pagando con harina, y donde en ocasiones especiales también se cocinaba un asado de carne).
    Mi abuela, y más aún sus padres, no tenían mucho pero no pasaron hambre ni durante la guerra civil ni en la postguerra. El hambre se sufrió principalmente en las ciudades, como posiblemente pasará en el futuro próximo salvo que nos replanteemos cómo hacer las cosas en un mundo de recursos energéticos decrecientes.
    Gracias otra vez por tu claridad y perspectiva.

    • avatar Pedro Antonio Prieto Perez dice:

      Gracias, Pablo. Estos recuerdos nos hacen pensar que en el fondo, hace alguna generación más o menos, todos venimos de entornos rurales en nuestro origen y esos entornos erran más amigables con el medio y con la naturaleza. Tu relato me recuerda lo común que era esa situación en las zonas rurales.

  15. avatar Inés dice:

    Decía el otro día Vandana, y también lo decía la brasileña de la Vía campesina y el movimiento sin tierra…. que hay que entender los contextos en su totalidad.
    Me uno a éste debate, que en lo más profundo podría compartir con el autor, Pedro, pero también decirte, señor, que estamos lejos de los tiempos de tu abuela, y de la mía… y también lejos de los tiempos de los abuelos de mis hijos. Todo ha cambiado con tal rapidez que tenemos que adaptarnos a escenarios de futuro nuevos, con varias características indeseables.
    1.- La mayoría de las tierras ( aires, lluvias, estaciones, agua, polinizadores, tierrinas pequeñas pero propias…formas de sentir con sentido común) ya no existen.
    2.-La PAC ha hecho polvo todas nuestras economías tradicionales,ha hecho polvo nuestra cultura profunda de unir formas de alimentarnos, con formas de convivencia, con formas de cultura y adoración de la tierra, con formas de sentir que un día, con un motivo de sacrificio sagrado, matábamos a esa gallina que tantos huevos nos había dado, o a ese cerdo, alimentado con amor con todas las frutas y verduras y cereales de aquella pequeña proporción de tierra, y queríamos celebrar que la familia estaba toda junta…. porque era navidad, porque era lo que sea… todo eso ya NO ES.
    Ahora tenemos en las mejores vegas, en las tierras que antaño eran las más fértiles, las peores estadísticas de cancer por contaminación de aguas, por millones de pesticidadas rociados desde abajo y desde arriba que han acabado con la ferticlidad de las mejores tierras y con la pureza del agua de los mejores ríos.
    3.- Ahora, el clima está también influido de forma consciente por las políticas de esa europa protestante y envidiosa, envidiosa porque ya – incluso antes de las caídas de los muros se sabía contaminada de lluvia ácida de su industria pesada y con la alevosía de que todo el dinero negro toda la deuda que nos han impuesto era para determinar sus políticas neoliberales, recuperarse de sus deudas, invertir en energías renovables a costa de crear un neocolonialismo hacia los países del sur, ( Grecia debería habernos servido de ejemplo pero no caemos del burro)
    Y entonces, querido señor Pedro Prieto, le pido que además de mirarse nuestros pasados recientes, como yo me miro los míos y muchos aquí, por favor hay algunas cosas con respecto a la alimentación con las que no concuerdo con los miles de mensajes que en vez de aclararnos nos desvían.
    -La dieta vegana—pura- sin proteína animal de ninguna clase- es posible, es sana puede darse desde el minuto cero de la vida de un humano,sólo que no es asequible a cai nadie, porque no disponemos de los ácidos grasos esenciales vitaminas y aminoácidos esenciales en los productos de origen vegetal que tenemos a nuestra disposición.Pero podríamos hacerlo.
    Lavitamina B12– pobre de ella, que parece que tenemos sí o sí que tomarla de bote.. pues no, siempre que con verduras, hortalizas, legumbres, frutas, – incluso sin lácteos ni levaduras, consigamos tener un microbioma sano, serían nuestras bacterias (las levaduras ya están en elpan que fermentan) serían ellas las que nos las proporcionarían. La vitaminas del grupo B, importantísimas para el cerbro y para miles de reacciones del propio cuerpo, igual que todas las hidrosolubles hay que tomarlas LIMPIAS PRIMERO y luego crudas o semicrudas. Tomarlas combinadas con sus formas de unir el hierro, los folatos por ejemplo, a la vez que el hierro inorganico de laslegumbres y las frutas.
    Esto es complicado? Bueno, es complicado para algunos que os dedicáis a los picos del petróleo, y a otras energías, estas también son energías, energías cuyos ciclos están rotos. Rotos los ciclos del nitrógeno, el fósforo, el hierro, el azufre etc.. con lo cual hay que elegir sin ser fundamentalistas, y priorizando el contexto y las posibilidades que tenemos de acceder al alimento ( que no a la comida) y para mí la mejor forma de elegir es posicionarme radicalmente contra la agroindustria, posicionarme a favor de recuperar la soberanía alimentaria, posicionarme a favor de un uso no sólo de aprovechamiento sino de rstauración, de profunda restauración del suelo, acuíferos, y biodiversidad, y eso choca- frontalmente- lo siento, con las supuestas energías renovables.
    No creo como algunos de los que admiro y que también lanzan sus reflexiones aquí que podamos agotarnos en luchas a varios bandos entre eso ” de los municipalismos” y lo que nos queda por delante, porque lo que nos queda pro delante es unirnos fuera de todo el sistema, también pornuestra saldud mental e ir orgaizando espacios donde sea posible empezar a unir los cuadritos de las colchas de croché del futuro, yo diría ganchillo, los americanos dicen otras historias, un cuadradito, ( yo siembro verduras) otro cuadradito ( tu tienes especies de frutales autóctonos) otro cuadradito ( tu llevas 5 años con una tierra en donde has hecho agrcultura natural sin tanta parafernalia de cursos y de montones elevados y de redondeles e historias) sólo has mezclado aromáticas, cereales, has acolchado con materia orgánica tienes por ahí pululando gallinas, no necesitas ni siquiera compost… y en 4 años donde tenías un erial tienes un vergel… y vuelven las lombrices, y los insectos y se van las plagas y la tierra aguanta sin agua….
    Y ya, me he perdido, como me suele pasar,pero quería darle las gracias por lo que nos mueve al decir cosas,,, aprentemente inconexas

  16. avatar Inés dice:

    Manu, si quieres información más detallada ya te escribo por correo, ésto así porque es parte de la bibliografía que preparamos son tres citas de la importancia de los ácidos grasos para el cerebro:
    dónde encontrarlos?es fácil semillas vegetales, linoleico y linolénico se ve por el nombre de dónde vienen pero todos los aceites líquidos a temperatura ambiente tienen ácidos grasos insaturados , tomate, zanahorias, batatas y boniatos de toda clase, frutos secos que hay muchos todos tienen componentes lipídicos, a partir de esos fabricamos nosotras, con ayuda de nuestras bacterias simbiontes, todo lo demás. Uno de los problemas más importantes es el aumento de intolerancias alimentarias que los médicos confunden con alergias y con autoinmunidades, pero que son reversibles, que se producen en los intestinos de los bebés y niños que han comido productos contaminados desde la agroindustria e incluido los yogures esos de bebés “enriquecidos” y las fórmulas de leches artificiales…. Bueno las citas:
    1.-Yehuda, S. , Rabinovitz, S. and Mostofsky, D. I. (1999), Essential fatty acids are mediators of brain biochemistry and cognitive functions. J. Neurosci. Res., 56: 565-570.
    2.- Taha AY, Chang L, Chen M. Threshold changes in rat brain docosahexaenoic acid incorporation and concentration following graded reductions in dietary alpha-linolenic acid. Prostaglandins Leukot Essent Fatty Acids. 2015;105:26-34.
    3.-Messamore E, McNamara RK. Detection and treatment of omega-3 fatty acid deficiency in psychiatric practice: Rationale and implementation. Lipids Health Dis. 2016;15:25. Published 2016 Feb 10. doi:10.1186/s12944-016-0196-5

  17. avatar Inés dice:

    Sigo,pues hoy tengo presente más que nunca un debate muy enriquecedor que , por casualidad, hemos tenido también compañeros del grupo de agroecología sobre estos mismos temas, sobre agricultura, ganaderia veganismo y animalismo y claro “carne artificial ” y como todos nosotros tenemos amigos animalistas y por lo tanto veganos por ética animal pues hemos hablado en los mismos términos -mucho menos poéticos- que hablas tú Pedro. Hemos llegado a algunas conclusiones. Primero, que hay que considerar que una gran parte de la ética en contra de lamuerte de otros seres sintientes está my arraigada en nuestras compañeras animalistas,pero que eso por supuesto hay que respetarlo. Segundo, todo loque dices era mayoritariamnete compartido por la mayor parte del grupo de agroecología, puesto que hay mucha gente defendiendo la ganadería extensiva. Tercero, que el veganismo sólo como respuesta al maltrato animal sin una conciencia de todos los contextos, supone comer productos que son monocltivos ( aguacate, anacardos, slachichas vegetales, tofú de soja transgénica…) e incluso la aceptación de lo de la carne de cultivo que ya es de psiquiatra, pero creo que por desconocimiento que qué suponen éstos lobies, y qué mueve esta industria completamente capitalista. Y por último, que tenemos que estar todas juntas para diseñar un modelo basado en la recuperación de las tierras comunales y en diseñar otro tipo de economía porque ya se nos ha pasado el tiempo y para eso también las necesitamos a ellas,a las de la conciencia ética que no quiere lamuerte animal y elsufirmiento. Y ambas cosas son posibles, siempre que las animalistas y las veganas vayan al campo y vean de dónde vienen los suplementos y los alimentos que consumen ,marca eco pero que de eco nada. Pues sufren los animales a los que se les rebana el entorno para que ellas se coman su soja… o sus semillas delarbol no se cuantos… o sus aditivos o complementos. Propongo que en vez de ser pastoras de rebaños de vacas, seamos pastoras de conservar las razas autóctonas de animales de nuestro entorno, y sobretodo pastoras de insectos y hongos y bacterias de suelo, que con su ayuda y la simple observación nuestra, podamos poco a poco tener de nuevo de vuelta a todo un subsuelo vivo, que nos haga suelo, que nos de alimento, que vengan las abejas, que canten los pájaros y que sanen los árboles. Hay para todos, en elmedio, miles de variedades de hortalizas y verduras ( que no necesitamos tanto….) que la mayor parte de nuestro alimento sigue viniendo del aire y de cuatro setas.. pero si el aire no es puro y no llueve, hasta el ganado se enferma

  18. avatar Carlos Soriano dice:

    No creo que el animalista, el vegano o el vegetariano sea la persona contra la que debáis dedicar vuestros esfuerzos.

    Yo soy vegano desde hace 4 meses y ha sido un proceso que me ha llevado 1 año. He leido muchísimo sobre el tema y os podría “sepultar” en artículos que justifican nutricionalmente el veganismo. Mi alimentación básica se compone de legumbres y frutos secos ( proteinas) , verduras , hidratos y algo de lino o nueces (para obtener los famosos acidos grasos omega 3). Efectivamente , me tomo la B12 . y todo carnivoro intensivo también la toma. A través de los piensos suplementados de B12 que le dan a los animales en cautividad. Salvo los rumiantes, el resto de animales obtenían la B12 de el entorno al comer hierba del suelo.

    Estoy de acuerdo con vosotros en que ser vegano de supermercado, no es la solución, pero una alimentación vegana de producto local es tan o más valida que la ganadería extensiva y es más cercana a la dieta que seguían nuestras abuelas que la actual

    No somos vuestros enemigos. Mis preocupaciones ambientales me han traido hasta aquí buscando soluciones al problema que tenemos y creo que el veganismo atraerá a muchos hacia las ideas de decrecimiento. Una persona que se hace vegana y se preocupa por el sufrimiento animal es una persona empática y concienciada, que facilmente atenderá a vuestros discursos, como hago yo. Somos vuestros aliados y buscamos como aportar algo más a este mundo.

    Tebdamos puentes y no muros.

    • avatar PEDRO A. PRIETO dice:

      Carlos: mensaje recibido. No veo a ningún vegano como enemigo, salvo que predique la imposición del modo de vida, que claramente no es tu caso. Eremitas y ascetas a los que respeto mucho, están mas cerca de esa posición que la de carnívoros y desde luego, son mucho mas respetuosos con el medio que nos da la vida que un carnívoro u omnívoro exacerbado e inconsecuente. Creo que eso lo dejaba claro en el texto

      Si se trata de tender puentes, también, lo único que pido a vegetarianos y veganos es que, por su parte, eviten también demonizar a los que somos omnívoros de ingesta muy limitada de proteína animal. De esta forma se podría construir el puente por ambas partes.

      Y también concluir acordando contigo que un vegano estricto de supermercado, que vive perfectamente insertado y aceptando o viviendo un modo de vida muy destructivo en nuestra sociedad capitalista y devoradora, no solo de carne, sino de todo tipo de recursos, incluidos los puramente minerales y extractivistas,quizá haga menos daño al medio con su forma de alimentación, pero seguramente lo daña mucho mas que un omnívoro limitado, como m abuela, en un medio rural muy poco o nada depredador.

      La alimentación, desde luego de la carne de producción industrial intensiva, pero también, no nos olvidemos, de la producción de productos vegetales intensivos para un mercado global, es una de las muchas posibles formas de destrozar (o cuidar) el planeta, la casa común.

      Saludos

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