Última autobiografía / Epitafio

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2018-08-20

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(Poemas extraídos del libro Cuadernos para náufragos, concretamente del “Cuarto cuaderno (para el fin del mundo)”.)

1. Última autobiografía

(Con acotaciones en cursiva)

Última autobiografía 
Je est un autre. Rimbaud.

Yo soy sesenta mil millones, doscientos tipos 
de células profanas, soy un viaje a la nada.
Soy de un cotiledón, se parece al muerto rojo
coral del arrecife en el profundo horizonte.
Sin nombre ni apellido soy una mujer sólo.
Soy una mujer, me lo han dicho en la escuela.
Pero yo no sé nada de eso: no me entrego 
a ese dios de los falsos nombres de tantas cosas;
una ciudad de acentos, besos en las cloacas.

No soy una persona, me lo han dicho en la tele.
Ocupo este paisaje clavado en este mundo
que derrite los ojos de los esperanzados, 
con su hielo fundido y su pico de Hubbert.
Me van por los riñones animales extintos
y amigos que no creen en las raíces de todo
en este gran fracaso del amor y los monos
vestidos, que estrangulan el mundo y se comen
los hijos. Tú también estrangulas ¿no lo sabes?

somos una manada de infames Saturnos,
entregando el futuro al dios de los idiotas.
Un dios idiota lleno de templos sin intrigas.
El principio de Hanlon no falla ni en el centro 
del roto corazón, ni en los centros comerciales,
donde la esclavitud nos nombra sin saber precio.
Soy plenamente loca, lo dice la etiqueta: 
se lee en la prenda: talla: una niña sin rostro, 
mira su adolescencia muerta en la Rana Plaza.
Son cero coma ochenta y ocho euros cada día
lo que ella pagará trabajando por nosotros.

Un verdadero dios que está en todas las partes.
Yo soy analfabeta, me lo han dicho en el feisbuk.
Soy ciega. Por ejemplo: hay un gráfico pero
distingo sólo sangre, nombres de niños muertos
y pestañas de santos y santas que atraviesan
el cultivo, los barcos, las aulas, las pantallas,
las ondas, las paredes hasta llegar a casa 
a mostrarnos la huella imborrable que ya vamos 
dejando en este siglo, metidos ya en faena, 
con el dudoso orgullo de parir nueva época. 

Soy un cuerpo vestido, me lo han dicho en la calle.
Soy una Nueva York de odio con tantas casas
vacías: me quiero volver ágrafa y salvaje.
Yo no soy primitiva porque dicen los sabios 
que eso ya no existe, que el mundo se ralluja. 
Pero yo lo seré. Por eso viajo desnuda
como si nunca en la Tierra hubieran habido 
espadas ni corrales, magos ni estas iglesias.
Soy un sistema orgánico perfecto y minúsculo;
un animal demente, de tamaño de-mente
Me está latiendo el Mar de plástico, cada vez que
lavo ropa y trabajo en la fábrica de hambre.

Y me pierdo 

Me han dicho que estoy sola. No es cierto. Pertenezco
a una tribu de esclavos sin nombre, como gotas 
dispersas de una lluvia que sabe quién es su amo. 
Ralea en comunión, atrapados en el mito 
de Casandra. Aunque ya profecías no nos quedan.
Del futuro ni hablar, es lo que sucede hoy
lo que se está escapando, por este reloj de arena 
fraguado sin retorno con todos nuestros huesos. 

Soy cervezas, cafés recién hechos, soy bombones, 
revistas pornográficas y otras que se llaman 
de belleza aunque son papel couché para un campo
de batalla en el cuerpo, hombres sobre mujeres.
Soy una batería de litio sin futuro;
memoria de animal; recuerdo de aquellos jóvenes
conduciendo por turnos un autobús sin gente.
Metáfora real. Vacío. Yo lo he visto.
Y para qué _dirás. Con razón te suena a broma. 
Pues no, sí, tiene un fin: publicidad fuera colgada.

Y me pierdo

( Mírate lector, ¿no te pierdes tú por el mundo ?, 
la Historia dice que soy libre,
que ni tú ni yo existimos. 
Dice que no somos nada; 
que la Tierra es redonda, tamaño de dioses, 
pero yo no tengo ciencia ni tengo esos dioses.
Yo sólo tengo una carpeta llena de papelotes 
y ganas de correr. ¿qué tienes tú?

Escucha, imagina una voz. 
Puede ser la tuya. Prueba. Lee en alto lo que yo soy:

por la gracia del BAU: Cobre, Coltán y Petróleo, 
pero envidio los pájaros que, siempre perfectos,
saben aprovechar cada corriente en su ruta;
Metano, Ce O dos, cerezos y ciclos rotos, 
acidificación, un pez, el arte de arrastre,
que me hace cada día llegar llorando lejos, 
de la pescadería hasta la puerta de casa, 
es allí, dónde pago lo que no he comprendido:
que el dinero se coma, que la gente de gritos,
que el reciclaje mate, que haya gente sin besos
trepando por los muros más expertos en odio,
es allí donde rezo sin esperanza alguna 
a un dios que es tuyo y mío de caracol y sombra.

Llegan allí recibos de luz que roba el sueño,
allí mis hijos cantan y huyen de la escuela. 
Pocas cartas de amor me va a declarar la renta.
Vivo entre los ladrillos, como sal y veneno. 
Tengo niños de miel, saben qué es el Club de Roma,
juegan a colapsar, a Olduvai y se preguntan
si merece la pena traer a más personas.
Con lo que nos espera hacen bien en rumiarlo
( Si la voz se ha bajado prueba tú o que siga otra
persona, mejor si tiene hijos. Lee esto, quien seas,
te toca. Lee en alto )

La patria es el agua,
sobre todo la sed y un poco más patria 
es ese territorio maldito que se llama 
imaginar el dolor de los hijos.

2. Epitafio ( y va en serio )

Aquí ya no hay nadie
Hágase la música.
Sin flores de plástico
Muchísimas gracias

Sara Plaza

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Laura de la Fuente

Actriz, cantante y docente en enseñanzas no regladas. Poeta, pensadora y madre. Es rara, como todo el mundo.

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