El Decrecimiento desde las aulas

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2017-12-14

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El Decrecimiento como corriente crítica al actual sistema de producción capitalista es una revolución cultural, social, ideológica y educativa que debe ser insertada dentro del sistema educativo como una respuesta crítica a los problemas a los que se enfrenta actualmente el mundo capitalista consumista y globalizado.

Las bases sobre las que sustento la necesidad de dar a conocer esta revolución ideológica, cultural, y social es la propia idea o concepto de desarrollo, donde se plantea un nuevo enfoque sobre los aspectos que se vinculan al desarrollo. Y considero fundamental que este llegue a las aulas como una vía alternativa o posibles vías alternativas de desarrollo.

En este aspecto me parece fundamental distinguir lo que son las propuestas de desarrollo sostenible, donde no se disminuye el crecimiento sino que simplemente se plantea una reformulación del mismo en términos de sostenibilidad. Hecho que hace que muchos nos cuestionemos esta alternativa, optando por ir a la propia raíz de lo que representa el problema: el propio crecimiento. La cuestión es: ¿crecer para qué?, ¿con qué finalidad, con qué motivo, en qué sentido?

Es necesario un análisis más profundo del propio concepto de desarrollo omitiendo del mismo la asociación o similitud al que ha sido vinculado hasta la actualidad con el crecimiento económico.

Desarrollo no significa crecimiento económico, o no de forma intrínseca; el desarrollo no tiene por qué venir dado de la mano de un aumento económico, ni se puede derivar de este hecho un mayor estado de bienestar o de alcanzar otros aspectos fundamentales que definen el progreso, como es la educación, la igualdad, la participación ciudadana o el medio ambiente. O no, desde luego, desde un punto de vista en el cual el concepto de desarrollo se vincula a una serie de aspectos o valores relacionados con una cultura determinada en un momento de la historia, en el que por tanto hace referencia a una serie de cuestiones relacionadas con construcciones de la realidad en base a valores sociales y culturales, así como otras cuestiones como el contexto social, cultural, político, económico, o el propio entorno natural. Por lo que del desarrollo, como definición universal, podemos extraer la idea de alcanzar mejoras en la sociedad en todas sus esferas, aunque dependerá de cada una de las culturas o comunidades lo que sea considerado como tal.

Cuando se habla de crecimiento en el ámbito del progreso o del desarrollo en raras ocasiones nos encontramos un crecimiento ligado al aumento de conocimiento, al incremento del tiempo personal, al aumento de las relaciones humanas o de la libertad del individuo, de la participación social o de la igualdad de género. Más bien se asocia la idea de desarrollo al crecimiento económico como base principal que sustenta el desarrollo de la sociedad, sin tener en cuenta que este no tiene por qué ir asociado a un mayor reparto de la riqueza, un incremento en la igualdad, ni en una sociedad más participativa, ni más informada, ni con más libertades, ni con más tiempo y calidad de vida, ni siquiera una sociedad más feliz.

La razón está en que la riqueza económica permite el desarrollo y dotación de determinados servicios como son los educativos, sanitarios, pero la vorágine del sistema de producción consumista actual convierte este fenómeno en una verdadera trampa sin salida, donde para poder obtener estos servicios o este estado del bienestar debo pagar un precio muy alto. El coste no es otro que el aumento de desigualdad a nivel mundial, la brecha Norte Sur, la desigualdad social, el deterioro del ecosistema, la sobreexplotación de los recursos y la disminución del tiempo, el poder, los derechos y la libertad del individuo. Un sistema donde la meta final es que todos seamos consumidores de los productos que elaboramos de manera que se mantenga el círculo vicioso sin fin, o hasta que el mundo explote.

Para poder tener todo lo que considero imprescindible y necesario —y aquí entra la labor publicitaria y de los medios de comunicación como estrategia de marketing y de creación de realidades ficticias — debo consumir hasta morir, para tener un empleo, y poder acumular y comprar cosas. Es necesario tener cosas, renovarlas y cambiarlas cuando estás queden obsoletas y pasadas de moda y así continuar con la cadena. La obsolescencia programada y percibida han sido ejes clave para la imposición del sistema productivo tal y como lo conocemos en la actualidad.

El lado oscuro es la infelicidad, esa otra cara de la moneda que nadie o casi nadie quiere ver, el alto coste que debe pagar por ello el individuo, la falta de tiempo y de libertad., la desigualdad y la miseria, la perdida de los recursos naturales y la escasez. O, como expone sabiamente Samuel Alexander (2015), la renuncia a algo tan valioso como el “tiempo y libertad para alcanzar otras metas vitales —el tiempo con la familia, la participación política y comunitaria, la creación artística o la espiritualidad— con el objetivo de tener una vida más llena, feliz y libre en armonía con la naturaleza”.

Foto: Ana Velasco Gil

Muchos de los problemas a los que se enfrenta la sociedad actual, problemas a escala planetaria, están intrínsecamente relacionados con el afán de incrementar, aumentar y generar más producción, más riqueza, más abundancia, dando por supuesto el hecho de que esto es positivo. Se fabrica, se invierte y se crean multitud de productos, servicios, bienes y recursos materiales que son totalmente innecesarios, donde la justificación máxima viene dada por la generación de empleo y de un aumento de la sociedad del bienestar. Pongo en duda esa sociedad de bienestar, que yo denomino sociedad del malestar por el aumento de los problemas de salud derivados del estrés, la ansiedad, la depresión, el insomnio, la mala alimentación, así como incremento de enfermedades asociadas a la contaminación y la mala alimentación, y de los problemas sociales relacionados con la desigualdad social, el incremento de la pobreza en los países del Sur, la precariedad laboral, la falta de tiempo para dedicar al cuidado de los hijos, de la familia, de los ancianos, de la realización personal, o del disfrute de la vida sin vinculación a algo que redunde en productividad económica. Así como un incremento de los conflictos a nivel internacional, porque en este mundo todo está conectado, desde el terrorismo hasta la inmigración, o ¿acaso no es todo una lucha por los recursos existentes, donde el origen de dichos problemas a los que se enfrenta la sociedad está relacionado con la desigualdad?

Respecto al argumento de la generación de empleo para que gracias al sistema todos podamos vivir en ese estado narcótico del bienestar, es sólo un falso reflejo, ya que el análisis de la realidad nos muestra un panorama bien distinto. Lo primero es que ese crecimiento genera desigualdad social, desigualdad Norte-Sur, para exponerlo en términos muy claros, para que unos vivan muy bien (y cuestiono esta denominada calidad de vida en muchos términos) otros deben vivir muy mal (hablo concretamente de explotación laboral, explotación infantil, contaminación y destrucción de recursos naturales).

Si el acceso masificado a los productos nos hace creernos que existe una menor desigualdad social es que nos hemos puesto una venda en los ojos. El producto que compras lleva el sello de la explotación laboral, falta de seguridad laboral, precariedad y empleo temporal, la pérdida de libertad del individuo, a cambio de un producto asequible a tu bolsillo para que el propio productor sea el propio comprador, o donde el sello de la explotación en otro país perdido del mundo o aislado del selecto conjunto de países considerados desarrollados (de nuevo planteo la duda de qué denominamos por desarrollo, y el propio reduccionismo del termino con un carácter claramente etnocéntrico del mismo, obviando la cantidad de ideas, enfoques o valores sociales y culturales que puede entrañar el propio concepto). La realidad es que el coste del producto adquirido es muy alto ya que para pagarlo has debido hacer muchas horas extras, trabajar por salarios irrisorios o formar parte, de manera indirecta, del entramado de explotación mundial y de destrucción del ecosistema.

Como expone Julio García Camerero, en su Manifiesto de la Transición al Decrecimiento Feliz:

La gente solo quiere ver que puede seguir adorando al Dios crecimiento. Ya que el Poder Mediático ha introducido este chip, de esta mayor mentira de la historia, en el cerebro de todo terráqueo. Es por esta circunstancia por lo que, hoy en día casi todos los esfuerzos verdes, NO HABLAN DE DECRECIMIENTO (por temor a perder votos) solo se atreven a intentar simplemente reformar esa sociedad, de tal modo que se reduzca algo su agresión al medio ambiente, siempre reformismos insuficientes, y por esto prácticamente no hay campañas de decrecimiento (ni en movimientos verdes-ecologistas, ni en partidos verdes).Y precisamente por eso es indispensable denunciar a fondo las ATROCIDADES DEL CRECIMIENTO.

Decrecer implica por tanto reducir nuestro impacto en el medio ambiente, reciclar y reutilizar, algo que da lugar a un amplio abanico de posibilidades de crecimiento en otros ámbitos como el del conocimiento, la libertad o la igualdad, así como espacio para el mantenimiento de la producción, pero racionalizada, limitada y basada en unas necesidades y servicios que responden a la calidad de vida de las personas y del medio ambiente. También da lugar a la reinvención de nuevos empleos y formas de emprender ligados a una cultura del reciclaje, de la reutilización, de la sostenibilidad y de una sociedad de verdadero bienestar, donde se reduzcan las jornadas laborales, promoviendo la generación de otro tipo de riqueza como es el cultivo de las relaciones humanas, la dedicación a la familia, el cuidado de los hijos y de los mayores, la realización o autorrealización personal y profesional y el disfrute de la vida y de la naturaleza.

La propuesta del Decrecimiento no es una visión basada en la escasez sino en la abundancia de aspectos que para el individuo son fundamentales, que sustentan su sentido del ser y del universo, que se relacionan con las necesidades vitales y con las motivaciones de estos para alcanzar una vida plena y satisfactoria. No abundancia de cosas, sino de experiencias, de relaciones, de conocimientos, de vida. Esto no significa un retroceso a una edad de piedra ni la pérdida de todos los bienes materiales sino una revolución cultural y del pensamiento en el que se racionaliza la producción y la compra, donde se tienen en cuenta los aspectos sociales, medioambientales, y se promueva la libertad individual.

Me reafirmo en que compramos basura, comemos basura y nos ponemos basura, y digo esto por en el sistema en que se producen los productos que llegan a nuestras manos, están manchados por la explotación, manchados por la destrucción del ecosistema, manchados por la falta de calidad de los mismos. Lo que comemos no es sano, lo que nos viste contamina y aboca a miles de personas a la pobreza extrema y, lo que es más importante, nos hace cada vez más dependientes y menos libres para tomar nuestras propias decisiones.

Este mundo hace tiempo que da señales de caducidad, la caducidad de una sistema cíclico que contiene crisis, hambrunas, migraciones masivas, muerte y destrucción a escala planetaria, y todo ello en aras del alabado crecimiento económico o mal denominado desarrollo. Hay que comenzar a plantearse que tal vez no necesitemos diez pares de zapatos, ni tres ordenadores, dos televisiones, dos coches, ni cambiar el salón de tu casa cada año, y esto debe comenzar desde el sistema educativo, desde edades tempranas. Esta revolución debe comenzar desde lo local, desde las pequeñas comunidades, desde el entorno rural o urbano, desde lo público pero también desde lo privado, desde la propia familia, este proceso debe ser un movimiento social que imponga cambios al sistema. Es la sociedad civil y los propios movimientos sociales los que determinan los cambios sociales, por tanto debe ser algo que se construya desde la ciudadanía. Y es algo que conlleva un cambio profundo de todas las esferas sociales, a largo plazo, sin fórmulas mágicas, basado en el conocimiento, la información, la sensibilización desde la infancia hasta la vejez.

La cultura de la producción local, la vuelta al entorno natural, la apropiación del espacio natural en las ciudades, la vuelta a los oficios relacionados con la reparación, la reutilización, la creación de legislación y políticas de protección medioambiental, de calidad, de exigencias de derechos laborales a nivel internacional, la inclusión de la educación medioambiental y del propio decrecimiento en el sistema educativo, son algunas de las medidas que fomentan el cambio, un cambio que ha de ser social, educativo, cultural, económico y político.

Lo que no es viable ni racional es creer que podemos seguir viviendo en una cultura del despilfarro como la actual, como si el mundo fuese infinito y sin pensar en las consecuencias futuras; esperar una solución mágica en manos de la ciencia o la tecnología capaz de resolver todos los males de nuestra civilización y dotarnos de nuevos recursos sin tener que realizar esfuerzos ni reducir nuestro consumo. No podemos vivir de forma irresponsable, se requiere una voluntad política y una ciudadanía informada, responsable y activa que tome consciencia de los problemas reales a los que nos enfrentamos como sociedad con una visión amplia y global, más allá del confort de nuestras vidas, de la seguridad de lo conocido, para dar una respuesta que traiga consigo un cambio social, económico, político y educativo que permita que nuestros hijos, nuestros nietos y el resto de generaciones futuras puedan tener una calidad de vida garantizada.

Como profesora, como madre y como socióloga considero clave una educación basada en una mirada crítica a nuestro sistema de producción, desde una global, objetiva, crítica. Una mirada amplia del mundo. Y creo firmemente que debe comenzar desde esferas clave como la familia, el barrio, las escuelas, las universidades, las comunidades, desde la propia ciudadanía.

Es necesario una solidaridad intergeneracional que tome conciencia de la importancia de decrecer en términos económicos para crecer en términos sociales, intelectuales, y espirituales. Y es necesario la implicación de la educación en estos términos, dentro de la escuela y de las universidades, de la capacidad de dar a conocer, de analizar, de fomentar el desarrollo de ciudadanos críticos, informados y participativos, para ello es fundamental analizar los problemas a los que se enfrentan las sociedades y las generaciones futuras, despertar del sueño irreal y dar a conocer la opción de decrecer para crecer, para crecer en desarrollo humano y medioambiental.

Bibliografía

  • Alexander, S. (2015). “Simplicidad”. En: D´Alisa, G., Demaria, F. & Kallis, G. (Eds) Decrecimiento: vocabulario para una nueva era. Icaria. Barcelona. Pp 212-216.
  • Garcia Camarero, J. (2017): Manifiesto de la transición hacia el decrecimiento feliz. La Catarata. Madrid.
  • García Camarero, J. (2010). El decrecimiento feliz y el desarrollo humano. La Catarata. Madrid
  • Latouche, S. (2003). “Por una sociedad de decrecimiento” en Le Monde Diplomatique, 97 (Edición Española).
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Ana Velasco Gil

Socióloga, madre y profesora. Licenciada en Sociología en la Universidad de Salamanca y con formación de postgrado en Cooperación Internacional al Desarrollo. Profesora Universitaria en la Facultad de Comercio y de Educación y Trabajo Social en la Universidad de Valladolid. Ha participado en la publicación “Progreso y desarrollo: retos para el futuro de Castilla y León”, Premio Colección de Estudios nº 15 del CESCYL . Ciudadana del medio rural y firme defensora de la reconciliación del ser humano con la naturaleza.

13 Respuestas

  1. avatar Alden dice:

    A los decrecentistas y ecologistas: ni decrecimiento ni ecologismo, el capitalismo es el que es, el capitalismo realmente existente.
    El discurso ecologista a menudo explica la crisis ecológica como la consecuencia de una actitud humana errónea con respecto a la naturaleza, una especie de avidez o de rapacidad del ser humano en cuanto tal. O bien se presenta la ecología como un problema que se puede resolver en el interior del capitalismo, con el “capitalismo verde”. Se habla entonces de la creación de puesto de trabajo en el sector ecológico, de una industria más limpia, de energías renovables, de filtros, de créditos al carbón… En realidad, raramente se indica que la crisis ecológica misma esta ligada a la propia dinámica del capitalismo.
    No puede existir algo así como un crecimiento sostenible o un capitalismo sin crecimiento, esto sería verdaderamente una contradictio in adjecto.
    El capitalismo es como un brujo que se ve forzado a arrojar todo el mundo concreto al caldero de la mercantilización para evitar que todo se pare, la crisis ecológica no puede encontrar su solución en el marco del sistema capitalista, que tiene necesidad de crecer permanentemente, de consumir cada vez más materiales, solo para compensar la disminución de su masa de valor. Por eso las proposiciones de un “desarrollo sostenible” o de un “capitalismo verde” no pueden conseguir resultado alguno, pues presuponen que la bestia capitalista puede ser domesticada; es decir, que el capitalismo tiene la opción de detener su crecimiento y permanecer estable, limitando así los daños que provoca, pero esta esperanza es vana: mientras continúe la sustitución de la fuerza de trabajo por tecnologías, en tanto el valor de un producto resida en el trabajo que representa, seguirá existiendo la necesidad de desarrollar la producción en términos materiales y, en consecuencia, de utilizar más recursos y de contaminar a mayor escala.
    SE PUEDE QUERER OTRA FORMA DE SOCIEDAD, PERO NO UN TIPO DE CAPITALISMO DIFERENTE DEL “CAPITALISMO REALMENTE EXISTENTE”.
    Así que por favor, y con el mayor respeto, porque estoy seguro lo hace de buena fe, con sanas intenciones, NO ENSEÑE EN LA ESCUELA LO QUE ES IMPOSIBLE, puede ocasionar tal vez más daño. Hay que enseñar la verdad: NI DECRECIMIENTO NI ECOLOGISMO, EL CAPITALISMO ES EL QUE ES, EL CAPITALISMO REALMENTE EXISTENTE
    Saludos y no vaya a enfadarse conmigo por lo expuesto, pero Ana debo ser sincero.
    arhc1991@gmail.com

  2. avatar Ana Velasco dice:

    No me enfado, por supuesto, le agradezco que haya comentado y expuesto su visión. No comparto su opinón que parece que es la imposibilidad de cambio, yo considero que si es posible ese cambio, y que además no es una utopía, aunque en sí las utopias deben ser siempre una meta del ser humano hacía el progreso. Zygmunt Bauman en su obre “Tiempos líquidos” sostiene que si no creemos ya en la utopía es porque vivimos en la utopía; es decir: en una utopía atroz; es decir: en una distopía. Cuando el hombre deja de creer en que es posible el cambio, cuando considera que el mundo no se puede cambiar, es cuando realmente debemos preocuparnos, hemos dejado de crear, participar, tomar decisiones y sobretodo de avanzar y soñar hacía un futuro mejor. Y por otro lado lo que no es posible es continuar creciendo ilimitadamente en un mundo finito, por lo que tenemos que educar en este sentido, construir una ciudadanía más consciente, crítica, informada, solidaria, y respetuosa con el medio ambiente. Yo creo en ello y me mueve la idea de dejar un mundo mejor para mi hija y para todos los que vengan detrás.

  3. avatar Ramon Vazquez Izquierdo dice:

    Ana usted cree en el cambio, casi todos creemos en el, pero lo que usted debiera entender es que ese cambio no se puede lograr en el marco de las relaciones de producción capitalista porque resulta imposible. Usted ha comprendido eso?

  4. avatar Laura dice:

    comparto el planteamiento base sobre el asunto decrecentista peeero
    la revolución es una palabra muy grande que no cabe dentro de las aulas. la revolución empezaría por rebelarse contra las aulas y eso es muy difícil pues padres y docentes estamos bien pillados pro el sistema. imposible tampoco es. un camino de mucha soledad e incomprensión

    ( por lo demás muchas gracias Ana siempre es alentador leer planteamientos afines )

    https://www.youtube.com/watch?v=V-uh56MksHs

    • avatar Ana Velasco dice:

      Gracias Laura. Bueno yo creo que si se puede, de hecho creo que la fuerza es esa que esto sea algo que se cuele en todas las esferas de la sociedad que haya economistas que les hay que hablen de la importancia de hablar de ello en las universidades, en las titulaciones de economía, que se hable en el aula como expongo desde todas las materias, en la política, en la calle, que seamos más conscientes de la repercusión de nuestro estilo de vida en el medio ambiente, en el aumento de la desigualdad y la pobreza de miles de personas y en la imposibilidad de seguir viviendo así porque el mundo no puede sostenerlo. Hacer ver que van a ser nuestros hijos y nuestros nietos los que van a sufrir todas estas terribles consecuencias, las personas que más queremos y a las que estamos ignorando.

      Respecto a la educación puede ser muy cuestionable el sistema o como ha sido utilizado, pero no en sí la propia idea de educación, por lo menos para mí, la idea de educar es, o debería ser brindar la oportunidad del conocimiento y a través del conocimiento poder ser más libres de elegir.

  5. avatar Ana Velasco dice:

    Es que no entiendo dónde expongo yo que el cambio debe darse dentro de las relaciones de producción capitalista. Vivimos en un sistema capitalista que influye y abarca todas las esferas ¿Desde qué ámbitos debe sino hacerse? Yo creo que desde todos, desde la ciudadanía y los movimientos sociales, desde la educación, desde la política, desde la economía, ….la idea es extenderlo a todas las esferas, desequilibrar las fuerzas que lo sustentan, fomentar la lógica y la racionalización de una producción y un consumo racional que responda a las necesidades reales y no ficticias, que no hipoteque la vida de las generaciones futuras.
    Cuando hablo de hablar de decrecimiento en el aula hablo de la importancia de fomentar el pensamiento libre, la crítica, la innovación, el emprendimiento, la educación en valores medioambientales, en reforzar lazos entre el hombre y la naturaleza, desde edades tempranas, y hablo de la labor de cada profesor/a y de cada persona de expandir esta idea, en las escuelas, institutos, universidades, así como en la calle, en las plazas, en los bares. la labor individual de cada uno de crear movimiento social, de generar cambio, y cuando hablo desde el aula no me refiero a la instauración institucional del decrecimiento como materia en sí, o dentro del currículum pedagógico, sino la aplicación de este conocimiento, idea, pensamiento, por parte de los docentes en relación a cada asignatura.
    Es como decir que no puedo aplicarlo porque vivimos insertos en el propio sistema de producción capitalista, y por tanto cualquier esfera está vinculada o forma parte de la misma, todos formamos parte de este sistema, eso no creo que signifique que en cada una de las esferas de la sociedad (en la política, educación, en la economía, en los medios de comunicación) haya personas que trabajen o intenten desde estos campos expandir esta idea, apostar por ella y fomentar el cambio social.
    Como comprenderá cuando expongo asignaturas como comportamiento del consumidor, o movimientos sociales y participación ciudadana, o técnicas de comunicación en todas ellas se se analiza la el sistema capitalista que dirige y determina cada una de las estructuras sociales, todo o casi todo lo que sucede en el mundo y cómo influye el sistema de producción en la educación, en la política, en la economía, en la salud, en la comunicación, y por supuesto en la naturaleza y en la ciudadanía. Ahí se habla de decrecimiento, directa o indirectamente, cada vez que se cuestiona nuestro sistema de producción, nuestro estilo de vida, o los diferentes problemas a los que nos enfrentamos como sociedad.
    El hecho de intentar ver más allá de lo concreto, extrapolarlo y ver con una mirada más amplia “la imaginación sociológica” permite ver la conexión y la relación entre ellas. Si desde la educación ponemos un mayor valor a la ecología, a lo determinante que es esta para garantizar nuestra subsistencia, a que por mucho que a ti no te interese o te importe el medio ambiente dependes intrínsecamente de él y de sus recursos limitados para poder vivir creo que habremos logrado un cambio. Si educamos para pensar y para ver más allá de lo conocido, lo cercano, más allá de lo vinculado a lo cultural, a los valores, o las creencias e ideologías, si damos a las personas la oportunidad de estar informados, de conocer, podemos darles la opción de elegir, de ser más libres, y de ver más allá de lo superficial.

    Repito no expongo la instauración del decrecimiento como algo instaurado dentro de un currículum oficial, se perfectamente que existe una reproducción cultural del sistema y que la propia educación es una herramienta de poder utilizada para reproducir el sistema capitalista, sino que hablo de la labor de cada uno de nosotros de influir con nuestro granito de arena en ese cambio, y de la importancia por supuesto de la docencia como agentes que fomenten el cambio.

    • Ana, me temo que el tal Alden y el tal Ramón Izquierda son la misma persona, tal y como revelan los datos de su IP. Posteriormente a estos mensajes ha intentado enviar 2 utilizando otros 2 pseudónimos distintos y otros 2 emails de referencia distintos, aunque claramente con la misma estructura, lo cual es un indicio más de que son la misma persona. Esto incumple las normas más básicas de la netiqueta, y por tanto las normas de debate en esta revista. Es por ello que no vamos a publicar más comentarios de esta persona. Quería avisártelo y pedirte disculpas por no haberlo detectado antes.

  6. avatar Dubitador dice:

    Opino que existe un tic sacerdotal y doctoral, impregnado desde el hogar, institucionalizado en la escuela y replicado en todo contexto institucional y laboral, que transmite al subordinado la nocion de que es un desastre y que si se le deja a su aire es como invocar las 7 plagas, de modo que se hace necesario sermonearle, amenazarle, acotar su ambito de libertad y apostrofarle por todo lo que salga mal.

    Asi, este ser inmanentemente malefico, sobretodo por torpeza, ignorancia y propension a la comodidad, (tras su jornada laboral) … se dedica a « ….esperar una solución mágica en manos de la ciencia o la tecnología capaz de resolver todos los males de nuestra civilización y dotarnos de nuevos recursos sin tener que realizar esfuerzos ni reducir nuestro consumo. No podemos vivir de forma irresponsable »

    Solo puedo decir que o encontramos otra forma de dirigirnos a “la gente” o no va a servir para nada.

    • avatar Ana Velasco dice:

      Gracias por comentar. Bueno puede ser interpretado de esa forma, aunque no es tal mi intención. No pretendo calificar a la ciudadanía de maléfica, irresponsable ignorante o cómoda, sino más bien que uno y me incluyo cada vez es menos libre (de no ser maléfico, ignorante o cómodo), es decir de es muy difícil por no decir imposible no formar parte de un sistema o entramado de relaciones de producción y consumo basadas en el abuso, la explotación, la desigualdad y la pobreza, y lo que revindico es un conocimiento más global, más amplio de nuestra forma de relacionarnos con el mundo, la naturaleza y los seres humanos, analizando el dominio de un sistema de producción que nos convierte en una sociedad del consumo y del derroche ilimitado.

      Desde luego un problema que tenemos es que tendemos a llevar a un terreno personal y pensar en “culpables” e “inocentes”, a considerar que es una hipocresía cuestionar un sistema que te da de comer, que te permite tener comodidades o que te garantiza una calidad de vida, no nos gusta un discurso donde se hable de responsabilidad no sólo de los poderes políticos o económicos sino también de la responsabilidad personal, de la responsabilidad ciudadana. Desde mi punto de vista la responsabilidad va ligada a la libertad de elección, en el sentido que para que esta se dé es previo tres aspectos. SABER, PODER, Y QUERER. Uno es conocer, estar suficientemente informado para poder elegir si quiere o no contribuir a una causa, un movimiento, una idea, un cambio, lo segundo es tener la posibilidad de elegir, tener en la práctica una posibilidad real para actuar, herramientas que permitan participar, y lo tercero querer formar parte de ello.

  7. Muy bueno tu artículo Ana,Sobre todo al tocar el tema crucial la diferencia que hay entre el “desarrollo económico” (casi el único que se considera en el sistema capitalista del crecimiento) y el “desarrollo humano”, el cual es indispensable para conseguir la felicidad vía decrecimiento feliz. un decrecimiento feliz que espante a todos los fantasmas del consumismo generador de insatisfacción constante e infelicidad. Me despido con tu frase final que debería ser una pancarta universalizada: “decrecer para crecer, para crecer en desarrollo humano y medioambiental”.
    Que suerte tienen tus hijos al tener una madre con las ideas tan claras.

  8. j.g.c.:…29-mar-2018 Ana como muy bien dice el Coordinador 15/15\15: “el tal Alden y el tal Ramón Izquierda son la misma persona”, y desde luego tiene mal intencionalidad al afirmar que has dicho algo que no has dicho: “que el cambio debe darse dentro de las relaciones de producción capitalista”… en esto y en sus ganas de echar por tierra tu esplendida y necesaria visión de la enseñanza del decrecimiento feliz en todos los ámbitos. Trata de crear confusión (adoptando una configuración “anticapitalistoide”) en el sentido de que se llegue a confundir la indispensable (y para mi prioritaria) acción de la enseñanza y difusión de la idea del decrecimiento feliz con la idea de la enseñanza consumista-crecentista que no para de difundir el sistema capitalista. Sería como confundir los “medios de información” con los “medios de desinformación”. Según sus indicaciones es igual la buena enseñanza y la mala enseñanza, es decir toda enseñanza es mala. Es malo y rechazable informar y ayudar a abrir los ojos, esto para los turbios siempre es malo y rechazable.

  9. avatar Ana Velasco dice:

    Muchísimas gracias Julio, tus palabras me han ilusionado mucho, y tus publicaciones han sido una inspiración. Encuentro en tu Manifiesto de la Transición al Decrecimiento Feliz una visión clarificadora y una guía, y para mí fue una suerte descubrirlo por el énfasis, la relación, la definición y la defensa de la felicidad como uno de los ejes claves del decrecimiento, ponderando la importancia de esta asociación cuando como expones el capitalismo ha generado una visión de la felicidad vinculada a un estilo de vida consumista y derrochador, haciéndonos creer que la felicidad es inseparable del dinero, de lo material, del despilfarro, de la posesión y acumulación de bienes, del cuanto más mejor, cuando en realidad todo ello es un espejismo que hace a los individuos infelices, dependientes, pobres espiritualmente, pero sobretodo esclavos del sistema, despojados de su libertad. Gracias a ti por leer mi artículo, por tus aportaciones y por tus escritos que son una luz para el cambio y para mi han sido de tremenda utilidad.

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