Igual lo que voy a decir es una tontería

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2017-09-14

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Hace más de 20 años que empecé a contar cuántas mujeres y cuántos hombres hay entre el público de una charla, en una mesa redonda, en una imagen, en una reunión. Especialmente en las asambleas y en los coloquios, me he acostumbrado a registrar rápidamente el número de intervenciones de unas y otros, su duración, el tono, el volumen. Y si aportan algo nuevo o sólo repiten lo que ya han dicho otras personas. Si has hecho este ejercicio en alguna ocasión, no te voy a descubrir nada cuando te diga que en un altísimo porcentaje de ocasiones, cuando las mujeres toman la palabra, arrancan —o arrancamos— con frases de este estilo: “creo que…”, “no estoy segura pero…”, “quizás no es muy relevante lo que voy a decir…”, “en mi opinión…”. O la del título —“igual lo que voy a decir es una tontería”—, tremenda: de primeras ya nos juzgamos y condenamos.

Si en alguna ocasión has hecho el ejercicio que te propongo, anotando bien el número y tiempo de las intervenciones, también habrás podido comprobar que, en general, las mujeres intervenimos públicamente muchas menos veces, y menos tiempo, que los hombres. En las publicaciones escritas ocurre algo similar. La preocupación del consejo editorial de esta revista, 15/15\15, por animar y garantizar una presencia de autoras en la revista es constante, y hasta el momento, poco fructífera o, al menos, no todo lo satisfactoria que quisiéramos.

Las causas de estas dificultades para ocupar el espacio público son múltiples e históricas, y no quiero extenderme ahora en ellas. Si te interesa, hay un montón de relatos que explican el encorsetamiento de las mujeres en el espacio privado, doméstico, en la casa, y las múltiples trabas que han encontrado las mujeres a lo largo de la historia para hacer oír sus voces. Hablo de mujeres, y no de “la mujer”, porque somos millones, diversas, con diferentes historias y circunstancias, aunque todas habitando en sociedades patriarcales en las que toca pelear y defender hasta los derechos más obvios. En cuanto a nuestras voces, hay algunos estudios que indican que los bebés varones lloran más tiempo y más fuerte; en general, el volumen al que pueden hablar los hombres es bastante más alto que el de las mujeres. Pero además de estas cuestiones genéticas, la socialización de unas y otros condiciona tremendamente nuestro comportamiento en público. Quizá creíamos, en esta pequeña parte del mundo enriquecido, que estábamos superando estas cuestiones de los roles de género, pero mucho me temo que los avances alcanzados por el feminismo, por los feminismos, están en serio peligro, o directamente en retroceso.

Portada de la ed. original de “Caníbales y Reyes”, de Marvin Harris.

Y todo esto, ¿qué tiene que ver con el tema de la revista, con el colapso, con una nueva civilización? En mi opinión, mucho. Marvin Harris, antropólogo y principal exponente del materialismo cultural —esto es, la corriente de la antropología que propone que las bases materiales de la vida, las condiciones biofísicas en las que nos desarrollamos, son las que determinan nuestras conductas, comportamientos e incluso mitos— expone en uno de sus libros, Caníbales y Reyes (1977), una teoría para explicar el sometimiento de las mujeres y la violencia contra ellas. De manera muy simplificada, el feminicidio se explicaría como un método para controlar la población en momentos en los que los recursos naturales se empiezan a agotar. En las guerras mueren fundamentalmente hombres, pero basta un solo hombre para fecundar a muchas mujeres, con lo que esa estrategia, la guerra, no sirve para controlar la población. Las únicas maneras efectivas de controlar la población, según esta teoría —y dado que el acceso a los anticonceptivos es algo muy reciente y aún muy reducido geográfica y culturalmente— sería el infanticidio, y —mucho más eficaz— el feminicidio.

Desde que el Homo sapiens es lo que es, muchas sociedades humanas se han enfrentado al agotamiento de los recursos en el entorno en que vivían, hasta llegar al colapso. Algunas sociedades consiguieron revertir la situación; muchas no lo lograron, y desaparecieron. Hoy nos enfrentamos a un colapso global: gran parte del planeta vive ya en condiciones extremas, afectado por sequías, agotamiento de la fertilidad de la tierra, escasez de pesca, dificultades para el acceso a la energía para cocinar o calentarse, etc. En las regiones del mundo en las que aún no sentimos con tanta gravedad esta situación, vemos ya con claridad cómo el asegurar los recursos energéticos y naturales necesarios para la vida se va complicando cada día para buena parte de la población.

En esta situación, la amenaza de regresión a un modelo patriarcal del que nunca hemos logrado salir se hace muy patente. Las mujeres afganas en los años 50 y 60 vivían con bastante más libertad que las españolas de aquellos años: iban a la universidad, trabajaban, compartían espacios públicos con los hombres. Y, desde luego, pocas usaban burka. Las malas cosechas de 1970 y 1971, la Guerra Fría, el interés estratégico de EE.UU. y de la URSS por controlar el Golfo Pérsico para acceder al gas y al petróleo, unido todo al auge del fanatismo religioso, llevaron a décadas de guerra que convirtieron Afganistán en una enorme cárcel para las mujeres. El retroceso en cuanto a los derechos de las mujeres ha sido también terrible en las últimas décadas en Irán, Irak, Turquía, Libia, Palestina, Siria… En América Latina las iglesias evangélicas, con el apoyo de EE.UU., frente a la Teología de la Liberación, han atraído tanto a la población campesina como a muchos líderes, imponiendo sus doctrinas ultraconservadoras y relegando una vez más los derechos de las mujeres al plano más invisible.

Portada de la 1ª ed. en inglés de la novela de Margaret Atwood.

Seguramente el fanatismo religioso sea la consecuencia lógica de la crisis alimentaria y energética. Sin una alternativa compartida y cooperativa, el hambre y el miedo a perder lo poco que se tiene son el caldo de cultivo ideal para las ideologías extremas. Y además, ya sabemos, a río revuelto, ganancia de pescadores. La serie de TV El cuento de la criada (2017) ha puesto de nuevo sobre la mesa la terrorífica distopía que Margaret Atwood publicara en 1985. La acción transcurre en Estados Unidos: tras una serie de atentados terroristas supuestamente organizados por fanáticos islamistas, el Gobierno responde con un recorte a los derechos y libertades, con la excusa de garantizar la seguridad, y el país paulatinamente se convierte en una teocracia “cristiana” en la que las mujeres son cosificadas, reducidas a gestantes y criadoras sin ningún tipo de derecho, sin ni siquiera nombre propio. Las que no sirven para criar —si no pertenecen a la clase dirigente— son enviadas a limpiar zonas contaminadas por radiación nuclear. Treinta años después de escribirlo, con un personaje como Trump en la presidencia de los EEUU, hemos de cruzar los dedos para que “El cuento de la criada” siga siendo una distopía, y no una novela premonitoria. Aterroriza pensar lo rápido que las sociedades humanas han sido capaces de caer, a lo largo de la historia, en fanatismos de diversa índole.

Imagen de la serie de TV “The Handmaid’s Tale” (2017) producida por el canal de vídeo bajo demanda Hulu.

Bien, el escenario está ahí. Conocemos los riesgos, o deberíamos conocerlos y difundirlos entre una mayoría social que no quiere oír. Y una vez que los conocemos, ¿qué hacer? La nueva civilización que construyamos ha de ser justa, solidaria, cooperativa, de tal forma que las vidas de las personas merezcan la pena ser vividas, como nos explican Amaia P. Orozco y Yayo Herrero. Obviamente, las vidas de todas las personas, no solo las de algunas. Esto nos obliga a pensar qué tipo de vida nos parece que merece la pena ser vivida. Ha de ser una vida en la que tengamos las necesidades satisfechas, pero sin opulencias, ya que no nos quedan más recursos para ello. Habrá que definir bien cuáles son esas necesidades, renunciar a muchos privilegios que hemos adquirido en estas décadas de petróleo barato, como los viajes largos, la comida que viene de lejos, el exceso de ropa y cosas… tantas cosas. Y ¿la lavadora? ¿Es una necesidad o una máquina superflua? Y ¿los pañales desechables, ya sean para bebés o para personas ancianas? ¿Podemos de verdad sustituirlos por pañales no desechables y, a la vez, renunciar a la lavadora? ¿Cuántas horas de nuestro tiempo vamos a dedicar a conseguir la comida, el abrigo y, sobre todo, los cuidados necesarios para mantener la vida? Tenemos que pensar un plan, y comenzar ya a vivirlo y a ponerlo en marcha. Un plan para una nueva civilización en la que las tareas de cuidados se valoren y se organicen comunitariamente. Pero que no se organicen sólo por grupos de mujeres, como nos proponía Alexandra Kollontai hace 100 años y como nos hemos estado organizando siempre, sino por grupos de personas, tanto hombres como mujeres. Tendremos que pensar también cómo, cuándo y quién va a tener la tarea de reproducirse. La reproducción, en un mundo con los recursos extremadamente limitados ¿es un derecho?, ¿una necesidad?, ¿un privilegio? ¿Cuántos hijos podemos permitir que engendre cada hombre? ¿Debe ser esterilizado una vez haya engendrado el límite? En un mundo colapsado, ¿modificaremos nuestra ética para aceptar la eugenesia?

Si no colocamos estos debates sobre la mesa, con serenidad y rigor, y nos cargamos de argumentos éticos, serán otros, con más poder, quienes impongan sus normas por la vía de los hechos. Y la mayoría de la población lo aceptará.

En esta construcción colectiva de una nueva civilización, urge aliarnos. Tejer alianzas, mujeres y hombres feministas, ecologistas, con conciencia social, con los que compartimos principios y valores. Encontrar los puntos de acuerdo, y ver cómo nos aliamos contra el sexismo, el fanatismo y las violencias. Tenemos que conseguir levantar nuestra voz, las mujeres, pero necesitamos también que os convirtáis, los hombres, en aliados para escuchar, para visibilizar los miedos, y hacerles frente.

Aunque igual todo esto no sea más que una tontería.

Antía Barba Mariño

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Carmen Duce Díaz

Nacida en Avila de madre castellana y padre aragonés. Ingeniera Industrial, Máster en Ingeniería de Procesos y Sistemas. Trabaja en la Oficina de Cooperación Internacional para el Desarrollo de la Universidad de Valladolid. Miembro de Ecologistas en Acción, entre otras aventuras. Ciclista urbana.

20 Respuestas

  1. avatar Enrique L. Caso Alonso dice:

    Estimada Doctora Duce (iba a poner Señora pero está claro que es maestra en lo suyo).

    Me ha sorprendido su texto y no es la primera vez que los leo.

    En el libro “El siglo maldito” una de las soluciones que se adoptaron de entrada con la hambruna de mediados del siglo XVII fue la ultra violencia contra las mujeres.

    Desde el encierro en conventos a su liquidación en caliente en la guerra de los 30 años.

    • avatar Carmen dice:

      Gracias por tu comentario Enrique, anoto la referencia del libro. No soy doctora en nada y maestra en menos, pero gracias. Un saludo

    • avatar Alejandra dice:

      El artículo me hace pensar qué poco pensamos en lo que nos viene encima, encerrados en debates estúpidos de patio de colegio, y cómo seguimos subestimando la ecología como un valor accesorio, cuando el acceso a los recursos es clave para explicar el avance y retroceso de las civilizaciones.

      Quiero añadir, un dato al diagnóstico. En un mundo dominado por las TIC (y que previsiblemente, salvo catástrofe mayor, seguirá estándolo), las Escuelas de Informática y de Telecomunicaciones han visto caer el número de alumnas matriculadas hasta cifras inferiores al 10% (en algunos casos, el 6%). Un dato más para mostrar que no vamos por buen camino.

      • avatar Enrique L. Caso Alonso dice:

        Es generalizado, las TIC están muy mal vistas en España y son maltratados hasta lo absurdo, es normal que quieran no ir a ese lugar.

        Lo que sí he notado es que las mujeres jóvenes NO están dispuestas a cargar como lo han hecho las generaciones anteriores con la família, para mi este es el cambio más importante y más demoledor.

  2. avatar señor x dice:

    Buenas, yo bueno mas o menos de acuerdo con todo el texto… lo que no me gusta es darle la vuelta al calcetin del discurso “feminista” de algunas personas…. ¿Cuántos hijos podemos permitir que engendre cada hombre? ¿Debe ser esterilizado una vez haya engendrado el límite? esta frase no es feminista es hembrista…. ni la reproducción es una cosa de mujeres, ni de hombres, si una mujer pone el tema sobre la tabla tal cual le caerá todo el odio machista y gente crítica como yo, y gracias a dios ya vivimos en una sociedad donde si un hombre echa toda la culpa y la solución a las mujeres también es tachado de machista, no por toda la sociedad ni reacerá todo el peso del machismo sobre el pero muchos señalará a ese hombre y mas en estos foros, foros que como la inmensa mayoría nos consideramos iguales dan lugar a expresiones hembrista y por correctismo nos callamos…. me gustaría leer artículos de mujeres en esta mi revista que no hablen de feminismo y machismo, que vea que es una mujer la que esta escribiendo y me sienta orgulloso de que mujeres hablen de posibles soluciones energéticas, ideas para problemas concretos, como llevan haciendo miles de años con el silencio cómplice de la historia…. se puso un poco interesante cuando empezaste a hablar de las cosas realmente que hay que organizar sobre cuidado de niños y ancianos que es un tema que no suele ser tratado por hombres colapsistas…. y deberian y que si realmente te preocupa el futuro de la sociedad tienes que contar con ello, yo lo hago como con todo…. superemos en estos foros el victimismo, entendiendo y rechazando el sufrimiento de las mujeres a lo largo de la historia pasada y presente, y empecemos a crear un mundo mejor donde el genero sea algo secundario y no el epicentro del discurso, porque por mucho ecofeminismo que venda tan bien en los circulos progresistas, ser eco y feminista no va a solucionar los problemas que vienen, los problemas van a ser múltiples y variados y no van a pivotar sobre las diferencias entre hombres y mujeres, la mayoría de ellos tendrán orígenes variopintos de dificil solución, solo se puede pedir a esta transición que viene que sea lo mas igualitaria posible, pero no será lo siento por los que piensen asi la revolución ecofeminista que algunas personas sueñan, centrémonos en lo que va a pasar y no perdamos nuestra humanidad, y hombres y mujeres en forma de personas luchen como siempre lo han hecho por cierto juntos y se reconozan a todas esas personas su labor independientemente del sexo…. en fin s eque cuando hablo toco tantas fibras y cosas que genero odio…. que así sea….

    • avatar Enrique L. Caso Alonso dice:

      Estimado señor x.

      No es feminismo, ni ningún tipo de ideología hembrista (y quiero decir que muchas de la ideas que expone las comparto).

      Es física aplicada, si se quiere reducir la población por la fuerza ó contenerla (también por la fuerza) requiere control absoluto sobre la biología femenina.

      Hay que pensar profundamente en ello.

    • avatar Carmen dice:

      Me va usted a perdonar, señor x, pero me temo que no he entendido el comentario.

  3. avatar David dice:

    Interesante reflexión, no solo, sino análisis preliminar sobre cuestiones fundamentales sobre qué tipo de sociedad queremos construir. El problema que veo es que fuera de un punto de vista personal, parece que no hay manera de quitarnos burocracia, intereses económicos viciados y otros … para ponernos manos a la obra para abordar ese tipo de asuntos que son principales/fundamentales.

  4. avatar Gonzalo dice:

    En esta construcción colectiva de una nueva civilización, urge aliarnos. Vaya si urge. Aliarnos y organizarnos.
    Y pienso que suficientes podríamos tener esos puntos de acuerdo, ese objetivo común que necesitamos para unirnos.
    Pero dentro de ese acuerdo, todos damos más importancia a unos objetivos concretos que a otros. Los que más nos afectan. Y lo que es peor, parece que no estamos dispuestos a aliarnos si ello implica asumir los objetivos concretos de los demás al mismo nivel que los nuestros.
    En mi opinión, falta que dejemos todos de mirarnos el ombligo y asumamos que nuestros problemas son tan importantes como los demás, y que, o solucionamos todos a la vez, o no se soluciona ninguno.

    http://www.ciudadanoenblanco.com/2017/09/asi-es-como-se-lucha-v.html

    Que vamos, igual esto es también una tontería.

    • avatar Enrique L. Caso Alonso dice:

      Pues no, no lo es, pero a ver cómo se convence a alguien para que deje su vida consumista.

      Demasiada gente lucharía hasta la muerte por su cochecito, mire si no como prometen coche eléctrico imposible con tal de calmar conciencias y rabias.

      Fíjese que las libertades de las mujeres y las de todos en general están conectadas al cochecito, en el 2008 el Sr.Kell Aleklett delante mio soltó que si queríamos conservar la democracia había que electrificar inmediatamente el transporte público.

      No le hicieron caso ni en Suecia.

      • avatar Gonzalo dice:

        En realidad, para empezar, no hace falta convencer a todos. Bastaría con unos miles. Unos cientos. Me conformaría con unas decenas, para empezar.
        Unas decenas de personas, de las que ya están haciendo algo, que decidieran actuar para luchar por lo de todos, en lugar de sólo por lo suyo.
        Y empezar así a hacer camino al andar.

        Pero ni eso encuentro.

        • avatar Carmen dice:

          Es como las meigas.. haberlas haylas, de veras. Yo sí he tenido la suerte de encontrar unas cuantas personas así. Muchas de ellas escriben en esta revista. Animo

    • avatar Carmen dice:

      Pero podríamos tener unos puntos mínimos en común, y luego marcarnos diferentes estrategias concretas para objetivos concretos, con los mismos valores, ¿no?. Si no lo logramos nos vamos al carajo, seguro. No hay opción.

    • Yo creo que lo que propones se acerca bastante a lo que propone Democracia Directa Digital (D3).

  5. avatar Carmen dice:

    Acabo de encontrar este artículo de hace 3 años, que comparto: https://www.elconfidencial.com/tecnologia/2014-09-02/por-que-las-mujeres-no-escriben-en-la-wikipedia_184092/. Destaco una frase de la responsable de la Fundación Wikimedia: “”no criamos a las chicas con la confianza para que se consideren a sí mismas una autoridad en nada. Las criamos para que duden constantemente de su trabajo y de sí mismas. Hay mujeres que tienen una doble titulación y que no se atreven a participar, mientras que chicos de 18 años sin cualificación están editando, y ellos ni se lo cuestionan”. Y añado… parece que en general las mujeres tenemos que aprender también (otra tarea más), a interactuar por escrito con/contra/hacia gente que no conocemos y que comenta con cierta agresividad sobre lo que nos hemos atrevido a escribir. Confieso que me da cierta pereza… con la de cosas interesantes y agradables que podría estar haciendo ahora mismo. Le sigo dando vueltas al tema. Gracias en todo caso por todos los comentarios, todos ellos ayudan a pensar y a aprender. (Por cierto, la estadística es muy baja para ser relevante, pero 5 comentarios, 1 mujer )

    • Ante todo, muchas gracias y enhorabuena por este artículo, y por tocar un tema tan importante y que, principalmente a los hombres, nos suele pasar tan por alto la mayoría de las veces.

      En cuanto a lo que comentas de la Wikipedia, nunca lo había pensado, pero es cierto. Aunque debo decir que en otros ámbitos que conozco de cerca, como puede ser la comunidad virtual Fillos de Galicia la participación de las mujeres era notable y me atrevería a decir que incluso mayoritaria, en buena parte de su historia.

      Es algo, esto de la participación femenina en Internet, digno de estudiarse desde la sociología, y seguramente ya se ha hecho y con profundidad. Pero en todo caso, en el cambio civilizatorio que nos atañe, nos debería preocupar especialmente, porque si vamos a unas nuevas civilizaciones más femeninas, y queremos ayudar a traerlas desde Internet (aunque sólo sea un poco) esto es un obstáculo añadido. O igual esto que digo, también es una tontería… que ¡mira no decimos pocas los hombres! 🙂

  6. avatar Sara dice:

    De acuerdo en todo el texto, desde el principio en que somos nosotras mismas quienes nos auto juzgamos, y no nos damos cuenta de que así nos han educado por ser mujeres. Una nueva civilización me suena a utopía, a borrar todo y empezar desde el principio y en todas partes, queda tal vez grande. Pero quizá el cambio venga de las pequeñas cosas, del día a día, de que lo personal es político, y que nuestro modelo o modelos de vida pueden contribuir al cambio desde ya. Usar una lavadora a pedales, hacer trueques, educar en igualdad, etc etc etc…La mayor dificultad es sembrar esas semillas que den la vuelta a un sistema capitalista heteropatriarcal que nos llevará al colapso. Pero habrá que sembrar.

    • Una nueva civilización me suena a utopía

      En realidad lo que es una utopía es pensar que la civilización actual puede durar. Por tanto, unas nuevas civilizacionees no es que sean utopía, es que son algo seguro. Otra cosa es cómo sean, quiénes las construyan y bajo qué nuevos valores y fundamentos materiales y culturales.

  7. avatar CASTRO CARRANZA, CARLOS DE dice:

    Gracias Carmen por la reflexión.
    Hay dos claves entre otras que das que quisiera resaltar:
    1º La posible desaparición/degradación de la sociedad de cuidados, hoy mayoritariamente en manos vuestras con lo que parecería que nos pidiéramos más trabajo (yo ando asfixiado por mi labor de cuidados + mi labor “profesional”, sé que muchas de vosotras también). En un mundo en descomposición habrá que tener especial cuidado con no perder un prerrequisito fundamental.
    2º Durante la descomposición las tendencias hacia la degradación moral/derechos humanos -ya las estamos viendo por todas partes- es lo más importante a evitar, mucho más importante que hacer una transición renovable o una agricultura ecológica.

    Como sociedad estamos acelerando procesos de degradación moral que son los que permiten desandar los pocos avances efectivos que hemos ido dando.
    Durante el colapso la pregunta más pertinente que hacernos es qué reglas morales y políticas vamos a preservar. Debemos afilar nuestra sensibilidad para escandalizarnos y escandalizar por cada retroceso en esos planos que vayamos teniendo, que serán a diario.

    Métodos Gandhianos con componente Ecofeminista. Filosofar además de las pequeñas cosas del día a día que dice Sara.

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