La visión forestal hegemónica

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2017-06-10

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(Artículo previamente publicado en la revista Tempos Novos con el título de “Falsidades do ‘modelo forestal'” en su nº 237, de febrero de 2017. Ha sido ligeramente adaptado para su publicación en 15/15\15. Traducción al castellano de Sara Plaza.)

Las falsedades del modelo

¿Funciona el modelo forestal en Galicia? Creo que es la pregunta básica que hay que hacerse.

Vigente desde el franquismo, la visión forestal actual bebe en fuentes de lo que banalmente algunos denominan “ciencia forestal” que no nació —como muchos piensan— en Alemania, sino en Japón. Le llamamos modelo forestal pero no deja de ser otro eufemismo, en realidad, de modelo de explotación del territorio. Pero veamos si funciona, sometamos el modelo a un simple test.

1. “El actual modelo forestal genera riqueza”

Falso. Este modo de explotación del territorio beneficia a unas pocas empresas que, de manera monopolística, emplean materias primas que podríamos calificar de basura. Generan muy poco valor añadido en Galicia y tampoco generan una gran cantidad de puestos de trabajo. Los puestos de trabajo generados no son de gran calidad. Las empresas beneficiadas están en el entorno de ENCE, sobre todo. Los propietarios particulares y las comunidades de montes, sin duda, también se benefician, pero de manera bastante limitada en comparación con otras posibles actividades. Se tiende a concentrar la riqueza generada en unas pocas manos. Agricultura y ganadería proporcionan mayor cantidad de puestos de trabajo, de mayor calidad y contribuyen a redistribuir la riqueza en el territorio. La propaganda oficial dice que todo es maravilloso y normalmente cuando se habla de economía de lo forestal no se considera la externalización de sus costes ni el coste de oportunidad, es decir, cuál sería la economía que se generaría con otro modelo. Tomada de forma aislada, pues, cualquier tipo de actividad se puede hacer pasar por rentable.

2. “Contribuye a conservar la biodiversidad”

Eucalipto-bomba

Casdeiro

Radicalmente falso. Contrariamente a lo que se piensa, los cultivos forestales intensivos de eucalipto y pino no se ponen en substitución del bosque (se podría emplear “bosque autóctono” pero es redundante), sino sobre terrenos de cultivo y pastizales, o bien sobre áreas de monte bajo que, hasta no hace muchos años, eran pastizales rústicos o áreas de cultivo de cereal. La fauna y flora asociadas a medios agro-silvo-pastoriles están en absoluta regresión, y esto no es una suposición: varias especies de aves, por ejemplo, de las recogidas en el Catálogo Galego de Especies Ameazadas (también en el Catálogo equivalente español) desaparecerán de Galicia debido, básicamente, a la política forestal. La fauna vulgar de medios boscosos está en mejor situación, pero la fauna forestal más exigente ecológicamente y con grados de amenaza diferente, empeora. Hasta no hace muchos años, el eucalipto solo ocupaba la franja costera; por si fuera poco, el cambio climático hace que ahora mismo se cultive ya en zonas de interior, incluso de montaña. Pero todo es susceptible de empeorar si los planes de la apisonadora forestal se acaban por cumplir: plantar nuevas especies de eucalipto, como E. nitens, en zonas de interior. Ya es la puntilla para la biodiversidad.

3. “Contribuye a conservar el paisaje”

Falso. Contrariamente a la propaganda oficial, el paisaje gallego tiene un nivel de deterioro sin comparación en el Estado español. Afirmar lo contrario da buena cuenta del deterioro cognitivo de los gallegos respecto a la percepción de su propio medio. Este deterioro o vulgarización es transversal y afecta a todo tipo de clases e ideologías. Viajar es una buena terapia. Obviamente el deterioro no es responsabilidad exclusiva del modelo forestal.

4. “El actual modelo evita incendios forestales y/o contribuye a que estos sean cada vez menos devastadores”

Falso. El clima en la mayor parte de Galicia —el extremo norte, que da aguas mayoritariamente al Cantábrico, es la excepción— tiene determinados momentos del año en que se cumple la más que conocida regla de los tres treintas (más de 30ºC, vientos de más de 30 km/h y humedad de menos del 30%). En este contexto bioclimatológico, llenar el territorio de especies pirófitas como los eucaliptos y los pinos (estos últimos sobre todo en el interior) en masas continuas es un riesgo inaceptable, tal y como se demuestra año tras año. Agricultura y ganadería, que por el mero hecho de mantener espacios abiertos evitan la propagación masiva de incendios al generar territorios en mosaico, están en declive y caen bajo la promesa del maná forestal, el descrédito social del trabajo en el medio rural y las políticas erróneas mantenidas durante décadas. El cambio climático está agudizando el riesgo. En los últimos años, los periodos de sequía son cada vez más frecuentes; llueve menos y las situaciones de riesgo —regla de los tres treintas— son cada vez más recurrentes. El cambio climático no solo es calentamiento global o efecto invernadero, sino que también se caracteriza por la proliferación de los fenómenos extremos. En el futuro —incluso el inmediato— esto va a ser todavía peor. Por otro lado, los monocultivos y, en general, las plantaciones forestales son más vulnerables frente a incendios, su resiliencia es menor y la recuperación de la zona, del suelo y de la biodiversidad, incomparablemente más dificultosa.

5. “Se mantiene solo, sin la ayuda económica de las administraciones”

Completamente falso. Este modelo tiene absolutamente externalizados los costes. Si, simplemente, los propietarios de los terrenos tuviesen que pagar un seguro y/o la extinción del fuego cando se produce, este modelo no existiría en la mayor parte del territorio de Galicia y solo sería posible en el extremo norte. Por otra parte, millones y millones de euros sostenidos a través de décadas de inversión pública muestran que no es una actividad económica que tenga la sostenibilidad económica como bandera. Si revisamos tan solo los últimos PDR (Planes de Desarrollo Rural) veremos la cantidad de dinero público drenado para llenar de pinos y eucaliptos nuestros montes y vegas. Esto supone un brutal coste de oportunidad.

6. “La política forestal compensa a la sociedad”

Falso. Deberíamos tener un gran retorno económico para todo el conjunto de la sociedad en concepto de daños ambientales, paisajísticos, coste del plan contraincendios, daños en las rías a bancos marisqueros, erosión, acumulación de sedimentos en embalses, etc. Incluso podríamos achacar la falta de competitividad del turismo rural —en comparación con otras áreas— a un territorio extraordinariamente deteriorado y carente de atractivos naturales y rurales.

7. “Esta política tiene en cuenta el cambio climático”

Falso. Tal y como se apuntaba, el incremento de los fenómenos extremos va a ser lo habitual; por lo tanto, habrá rendimientos decrecientes y más riesgo de incendios devastadores.

8. “Contribuye a la fijación de población en las áreas rurales”

Falso. Una gran preocupación en determinados países, como por ejemplo Galicia, es que el campo va quedando abandonado. Mantener servicios como los educativos o los sanitarios es cada día más difícil, mientras que aldeas y localidades de distinto tamaño van quedando desiertas y con la población cada día más envejecida. Para mantener población en el campo hace falta mantener la agricultura y la ganadería vivas. Cuando llega lo forestal, el abandono es ya irreversible. Si queremos matar el medio rural, la política forestal actual es la mejor herramienta.

9. “Contribuye a la seguridad alimentaria y a conservar la cultura”

Falso. En el monte había cultivos de cereal combinados con ganado en extensivo y barbechos en las vegas y las praderas, campos de lino, huerta, maíz, prado… Todo eso se pierde bajo la apisonadora forestal. Las mejores tierras fértiles del país se están dedicando a cultivos-basura como el eucalipto, de tal modo que a día de hoy Galicia es dependiente en cuanto a su alimentación. Ante posibles avatares geoestratégicos, económicos o energéticos, Galicia difícilmente podría mantener la alimentación de su propia población. También hay que considerar que el cultivo de alimentos no solo tiene una dimensión económica sino también cultural. Perder la cultura local hace que, en escenarios de futuro, sea más difícil volver a cultivar alimentos. Igualmente, por mero abandono de lo local perdemos variedades de semillas, razas, etc.

10. “Esta política considera cambios globales como el Cénit del Petróleo”

Falso. Desde esta óptica hay que señalar que hay procesos irreversibles en escalas de tiempo y con costes razonables. Si a día de hoy, por cualquiera razón geopolítica o geológica, como es el Techo del Petróleo, tuviésemos que mudar el modelo y orientarlo hacia otro lado, llevaría tanto tiempo y esfuerzo que sería inviable, lo que nos condena a situaciones de inseguridad alimentaria, como señalaba previamente, y por lo tanto a un colapso social. Podemos decir que la política forestal actual es anti-resiliente. Y aún más: a medio plazo no tendremos medios mecánicos para luchar contra los incendios, por lo que situaciones dantescas serán comunes.

Mapa de ocupación por piñeiros (azul), eucaliptos (verde) e frondosas autóctonas en Galicia (2005-2008). Fonte: Universidade de Vigo.

Las razones del modelo

Pero entonces, ¿por qué aplicamos este modelo? La respuesta inmediata es que alguien se beneficia de él; alguien con mucho poder, obviamente. Hagamos un poco de historia. Si contamos la historia de España tenemos que remontarnos a Franco; si la contásemos de Portugal, a Salazar. Ambos estados tienen, en este sentido, un desarrollo similar. En un momento dado, en las tierras comunales se decide poner pinos y eucaliptos, allí donde entonces era posible. Esas tierras comunales son abandonadas por la población, la que no tiene realmente propiedades, que huye hacia la emigración. Comienza el abandono del campo ibérico, la desaparición de la ganadería extensiva, de los cultivos de cereal —fuera de las grandes áreas más favorables como las dos mesetas, los valles del Ebro y del Guadalquivir o el Alentejo en Portugal—, y la gran forestación industrial del país. En este contexto, Galicia, con una alta pluviosidad y temperaturas suaves lleva una de las peores partes. Los incendios, hasta ese momento ligados únicamente a quemas para pasto, comienzan a ser algo normal. Mientras la administración —desde la franquista hasta la actual— bombea dinero público para un sector privado. La cuestión es que el marco conceptual de este proceso está dominado de manera hegemónica por determinados colectivos y grupos económicos perfectamente sincronizados y coordinados.

Dos campus en Galicia están formando universitarios en esa visión hegemónica a los que dan ocupación las empresas y —sobre todo— la administración autonómica, heredando esa visión hegemónica del franquismo —incluso del antiguo ICONA— en una rueda en la que ganan siempre y en todas las etapas del proceso:

  1. Se bombea dinero para plantar pinos y se autoriza la plantación de eucaliptos. En esta etapa, determinados titulados y empresas ganan.
  2. Los árboles crecen sin problemas y son cortados. Los mismos profesionales y empresas vuelven a ganar.
  3. Entre la plantación y la tala necesitamos un servicio contraincendios, de vigilancia y extinción. De nuevo, los mismos titulados y empresas —infiltrados en la Administración— salen ganando.
  4. Hubo un incendio, los árboles se mueren en el incendio. Una vez más, vuelven a ganar. Controlan la extinción del incendio, la posible restauración del área quemada y, de nuevo, la nueva plantación con especies pirófitas.
  5. Para controlar esto hay que estar situados en la Administración en diferentes puntos estratégicos, no solo del área forestal, agrícola y ganadera, sino también —por ejemplo— del área encargada de la conservación de la biodiversidad, lo cual implica ignorar la Red Natura, la legislación europea, la legislación propia sobre hábitats y especies amenazadas, etc. De nuevo, ganan los mismos. Incluso el banco de tierras gallego acaba primando el uso forestal intensivo, es decir, haciendo lo contrario de aquello para lo que se inventaron los bancos de tierras.

La alternativa

Lume en Bertamiráns, 2010. Foto: Amaianos. Fonte: Wikimedia Commons.

Esto solo lo podemos denominar como un círculo perverso, aunque también hay voces que le llaman mafia forestal. En cualquier caso es la dictadura de una visión hegemónica.

¿Soluciones? Lo primero, obviamente, es romper el marco conceptual en el que estamos: basta reconocer que el sistema no funciona y no va a ningún lado, supone un daño ambiental inaceptable, un suicidio en cuanto a la seguridad alimentaria y un latrocinio de los recursos públicos. Pinos de Monterrey y otros, así como los eucaliptos, son especies alóctonas, exóticas e invasoras. Su plantación debería estar, a día de hoy, no solo prohibida sino perseguida. Recuperar las tierras agrícolas y ganaderas sería imprescindible, en paralelo a una remodelación del paisaje para que los cultivos forestales ocupen únicamente superficies limitadas y de pequeño tamaño. Cobrar no solo el servicio de extinción de incendios, sino también el coste de mantenerlo; no hacerlo supone que yo, por ejemplo, como contribuyente, subvenciono eucaliptos (se dice que el Gobierno y el partido en el poder son liberales, curiosamente). Se deben cumplir las leyes de conservación de la naturaleza y es necesario que los fondos de la política agraria comunitaria no sean un café para todos, tal y como es ahora, sino que se repartan con los criterios que la UE indica pero que el Estado español no aplica: la condicionalidad y en particular la condicionalidad ambiental. No hacerlo significa incentivar las malas prácticas y penalizar las buenas, además de una compra directa de votos en un medio rural en agonía.

En definitiva, un cambio radical con una ejecución a largo plazo constante. Aún así, ni ENCE ni otras empresas tendrían mucho de qué preocuparse en las próximas décadas.

No puedo ser optimista al respecto. En prácticamente ningún ámbito social o político se encuentra una visión diferente de la hegemónica. Tan solo en determinados círculos profesionales y ambientalistas hay alguna luz al respecto.

Fotografía orixinal: Xosema (Wikimedia Commons). Logo da Xunta de Eucalipticia: FumigacionsNON.org.

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Xabier Vázquez Pumariño

Biólogo ambiental. Vinculado al movimiento ecologista desde principios de los 80 trabaja como consultor ambiental en diferentes campos, desde la ornitología al dessarrollo sostenible y la cooperación al desarrollo en diferentes países latinoamericanos.

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