Reseña de «Entropia. Life Beyond Industrial Civilisation»

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2016-03-19

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No pocas de las personas que nos dedicamos a la divulgación del colapso civilizatorio, del Peak Oil y otras crisis asociadas, hemos probado en una u otra ocasión, con mayor o menor fortuna y habilidad, el género de la anticipación. Sin ir más lejos, el nº 0 con el que presentamos a finales de 2014 la revista 15/15\15 era toda una mirada colectiva a un futuro relativamente cercano, el año 2030. También son conocidas las novelas de uno de los más veteranos divulgadores del Peak Oil, James Kunstler o, más cercanos a nosotros, Un futuro sin más de Antonio Turiel, El Oráculo de Gaia de Érawan Aerlín, el relato sobre la Galicia pospetróleo incluido en la Guía para o descenso enerxético, El Salario del Gigante o la reciente serie de Mauri Méndez que también podéis encontrar en las páginas de nuestra revista. A estos intentos de trasmitir visiones de un futuro más o menos realista —más o menos escorados hacia a la utopía o hacia la descripción de esos “caminos que llevan al infierno” que conviene conocer para evitar, como nos recuerda siempre Jorge Riechmann— se unió en 2013, desde Australia, un libro titulado Entropia: Life beyond Industrial Civilisation. Su autor, Samuel Alexander, es uno de los fundadores y directores del Simplicity Institute, de la red social Simplicity Collective y autor de numerosos artículos y libros en torno a la cuestión de la transición civilizatoria, siempre bajo parámetros de la Simplicidad Voluntaria y —aunque en algún momento puntual de esta obra lo contradiga— muy próximo a las tesis y propuestas defendidas por su paisano y colega Ted Trainer (de quien, por cierto, seguimos aguardando la esperada publicación en castellano de su magnífico libro La Vía de la Simplicidad).

Entropia-Cover-194x300Esta obra de ficción utópica parte del presupuesto clásico (Thomas More, William Morris, la Grecia clásica…) de describirnos una sociedad aislada donde se ha logrado el éxito de un experimento en búsqueda de la sostenibilidad, partiendo de la también habitual mirada atrás desde el futuro que narra el proceso de colapso del resto del mundo (del “Imperio”, como lo denomina el autor) y sus causas, aunque con ciertos presupuestos (pp. 32-37) que algunos autores ya han descartado como erróneos, como la identificación de las civilizaciones agrícolas con civilizaciones jerárquicas y violentas (vid. En la espiral de la energía, p.ej. ). En este caso se trata de una isla en nuestras antípodas, bautizada como Entropia y de una extensión algo mayor que Formentera, que el autor nos describe usando varios recursos y registros literarios (incluso el poético-dramático). No obstante, la obra parece quedarse a medio camino de su objetivo al no decantarse por ningún género específico: no es una novela al uso, que por medio de unos personajes bien desarrollados y una trama completa nos permita introducirnos a fondo en el lugar, sus problemas y logros; tampoco acaba de ser plenamente descriptiva, a modo de supuesto análisis de su funcionamiento realizado para las personas de fuera de la isla, aunque buena parte del libro pretende serlo. En un texto de contraportada Richard Heinberg califica el libro como “una de las descripciones más detalladas de que disponemos de una modo de vida ecológicamente sano”, y sin duda aporta algunos datos en ese sentido, pero se queda demasiado corto, incluso en comparación con el mencionado libro de Trainer. Quizás el haber optado por la ficción ha obligado al autor a dedicar parte del texto a la trama narrativa y le haya restado espacio para describir el modo de vida, pero creo que ello es consecuencia de no haber optado claramente por un género novelado: hay partes del libro que perfectamente podían haber sido sacrificadas a cambio de una narración más detallada, de una especie de slice of life utópica de la suficiencia.

Al final del libro nos quedamos con numerosas dudas sobre cómo funciona y ha evolucionado esta comunidad aislada (no tanto, en realidad) de algo menos de dos mil personas (algunos ejemplos: ¿por qué pretenden ser vegetarianos si ningún pueblo lo ha sido en la historia humana?, ¿por qué el pescado no es parte importante de su dieta, siendo, como es, una isla?, ¿por qué la Permacultura no tiene un papel protagonista?, ¿cuál es la base de emisión de los Ingresos Básicos?..). Tan sólo obtenemos pinceladas que no profundizan, que no acaban de sumar una imagen suficientemente potente, coherente y útil, al menos para quienes conocemos mínimamente el callejón sin salida civilizatorio y nos pasamos los meses dándole vueltas a las maneras posibles de construir comunidades no ya sostenibles, sino al menos resilientes, aunque quizás sí resulte inspirador para quienes se acerquen a la obra sin grandes conocimientos y con el ánimo de disfrutar de una obra de ficción, radicalmente crítica con el presente rumbo de colapso, sin duda bien escrita y con momentos y fragmentos muy interesantes e inspiradores, como esa especie de Constitución para el Futuro Profundo, que ya publicamos traducida en estas mismas páginas o la apuesta por fundamentar la sostenibilidad en lo que por Galicia hemos comenzado a llamar la leira básica (“El tema más importante, pensamos, es que todo el mundo tenga acceso a tierra arable y los medios para sostenerse a sí mismos y sus familias, pues esto implica que la gente nunca se verá obligada a aceptar trabajos degradantes en condiciones injustas”, p. 77), o atrevidamente polémicos, como el papel que puede jugar el factor sabotaje (à la Deep Green Resistance) en la caída final del Imperio (pp. 46-47).

Además, en un giro argumental inesperado —del que no daré detalles por no destripar el final de la obra; sólo dejaré caer que me recordó poderosamente al argumento de cierta película de M.N. Shyamalan— nos da la vuelta a muchas de las ideas que quien lo lee se va construyendo a lo largo del libro, cambiándonos de golpe la perspectiva de lo que estábamos leyendo, con un resultado que en mi opinión desmerece el conjunto de la obra. Como quien ha ido componiendo en su campo visual un escenario, quizás insuficientemente detallado, pero bien elaborado, con pinceladas hábiles y que enganchan, y que de pronto es sacudido por un cambio total de perspectiva, quedamos un tanto mareados y decepcionados, poniendo en tela de juicio el valor de todo lo leído hasta el momento, al verlo desde otro ángulo totalmente diferente. En mi opinión ese giro final no sólo era innecesario, sino que perjudica al conjunto de la obra, restando valor al interesante experimento que nos venía describiendo Alexander en este loable intento literario.

Curiosamente, al final del libro y en su propio web, se invita a las personas lectoras interesadas en participar en la construcción de una comunidad utópica basada en los mismos principios que la que nos presenta el libro, enviando su contacto por medio de Internet. Lo cierto es que quizás el desaliento que produce el final del libro, el amargo preguntarse “todo al final… ¿para esto?” no es el mejor modo de reclutar habitantes de esa futurible comunidad experimental. Además, el punto de partida de la comunidad descrita en el libro es irreplicable, lo cual le resta capacidad inspiradora, pues quien lo lea sabe que es sumamente difícil intentar algo por esa vía, además de ser una vía fuertemente “subsidiada”, que no es precisamente lo más deseable para visualizar futuros de autosuficiencia. Sin duda necesitamos utopías inspiradoras no sólo por su resultado sino también creíbles por su modo de construcción: ahí quizás el autor traiciona sus queridos principios de la simplicidad. También las utopías deberían ser simples, si es la complejidad la que está convirtiendo la distopía en trágica realidad. Otro aspecto que no me acaba de convencer es el sistema de gobierno que describe en la isla, que aunque él define como “democracia directa” (p. 101 y ss.) no lo es; el texto no justifica suficientemente por qué se ha optado por un sistema mixto de asambleas y consejos de notables, y, contradictoriamente, al final del libro —a causa de su desenlace— el lector o lectora podría fácilmente quedarse con el mensaje de que en realidad lo que necesitamos es una especie de ecoautoritarismo más o menos disimulado. También encuentro criticable su endeble defensa de la Renda Básica (p. 123 y ss.) o lo poco creíble que resulta su sistema de control de la natalidad (p. 128-129) y otros aspectos donde patina la consistencia y credibilidad de un argumento que acaba resultando más complejo de lo esperado por el planteamiento inicial de libro. Quizás el autor, por intentar dar un valor o interés mayor a la obra, se acaba metiendo en un berenjenal del que no consigue salir airoso.

No obstante, tanto Alexander como Trainer son conocidos por no sólo elucubrar con escenarios posibles de colapso civilizatorio, por indagar en sus causas y consecuencias, sino por intentar plasmar en experiencias prácticas y divulgativas sus ideas. Y eso añade un valor muy especial a todo lo que escriben, pues está escrito desde la práctica vital comprometida y no desde ninguna torre de marfil del teoricismo académico. Son “poetas de sus propias vidas”, como nos sugiere ser a todos el autor en el prólogo; de hecho la poesía (y el arte en general, como experiencia vital) es un concepto omnipresente a lo largo de Entropia. Ojalá que existan pronto muchas comunidades como esta Entropia que nos describe el libro, porque las necesitamos para hacer posible un futuro para nuestra especie, pese a que la novela nos deje un regusto amargo de lo que podría haber sido una obra maestra de anticipación política pero cuyo autor se ha acabado extraviando un tanto entre los diversos registros y un final muy discutible. Sin embargo, le damos la bienvenida por ser una contribución más —y cuya lectura se disfruta, lo cual no es poco— en un campo donde no abundan precisamente las creaciones y donde necesitamos desesperadamente “encontrar historias por medio de las cuales vivir”, como reclama el autor, porque “somos la generación entre historias” (entre la del mito del progreso, que se desvanece, y la nueva historia de la vida simple dentro de los límites de la biosfera, que aún no hemos construido), “aferrándonos desesperadamente a la historia del ayer e inseguros acerca de la historia del mañana”[1].

COPYRIGHT Andrew J. Doodson

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Nota

[1] Por cierto, que Alexander está interesado en publicar su obra en castellano y busca quien quiera colaborar en su traducción. Si alguien está interesado/a en hacerlo, puede dejarnos un comentario al pie del artículo.

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Manuel Casal Lodeiro

Divulgador del Peak Oil y otras amenazas para la civilización industrial. Autor de "La izquierda ante el colapso de la civilización industrial", "Nosotros, los detritívoros" y coordinador de la "Guía para o descenso enerxético". Fundador y coordinador de la revista 15/15\15.

2 Respuestas

  1. avatar Roger Carles dice:

    Hola Manuel,

    Buen artícule e interesante aporte literario

    ¿En qué consistiría colaborar en la traducción? Quizás me podría interesar

    Saludos,

    R

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