Mirando hacia las escaleras desde el 15º piso

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Ponte en situación. Vives en el piso 15 de un gran rascacielos. Todos los días usas el ascensor varias veces para ir hasta la calle: a trabajar, para ir a hacer las compras, llevar y recoger a los niños de la escuela… Un día, mientras bajas a trabajar, escuchas causalmente a unos vecinos comentar que se rumorea que en los próximos 15 meses van a ir dejando de funcionar progresivamente, uno tras otros, los diez ascensores con que cuenta el edificio y que como mucho quedarán en activo uno, o tal vez dos de los aparatos elevadores que dan servicio a la enorme comunidad de vecinos. Por lo visto hay un problema técnico irresoluble y resulta imposible conseguir piezas para reparar las que están a punto de fallar. Además, mencionan algo sobre un problema estructural derivado del modo en que se construyó el edificio y que hace que sea inviable instalar otros ascensores nuevos una vez que fallen los que han venido funcionando aparentemente tan bien desde su inauguración.

Imagen original: Skukoom.com
Imagen original: Skukoom.com
En las semanas siguientes continúas oyendo conversaciones en el ascensor, en el portal, en el garaje, incluso sale el tema en una tensa reunión de vecinos. Algunos hablan de lo difícil que se les pondrá la cosa a los vecinos de los pisos altos cuando dejen de funcionar buena parte de los ascensores, incluso hay quien asegura que se mudará a otro edificio, aunque otros dicen que el problema de obsolescencia irresoluble de ascensores es generalizado y que tarde o temprano afectará a todos los edificios de la ciudad. En cualquier caso los que tienen ascensores más duraderos parece que ya no cuentan con ningún piso libre, según dicen.

Sin embargo, la mayoría de los vecinos no parece dispuesta a hacer caso de rumores sin confirmar y niega que vaya a haber problemas. Hacen ver a los alarmistas que los ascensores siguen funcionando aceptablemente bien, incluso cuando alguno comienza a dar problemas: dicen que son averías normales, sin importancia, algo puntual y que pronto lo solucionará el administrador de la comunidad. Pero el administrador dice un día que sale más a cuenta dejar ese ascensor fuera de servicio hasta nuevo aviso, y que, total, nueve ascensores son suficientes, o incluso ocho, cuando más tarde falla el segundo.

Se te llega a pasar un día por la cabeza la idea de mudaros a alguno de los pisos más bajos del mismo edificio, por si acaso, pero todos en casa se oponen: todo el mundo sabe que la gente importante vive en los pisos más altos y que vivir cerca de la calle es de pobres. Para eso ganáis dos buenos sueldos en casa y os habéis hipotecado de por vida, te dices, tratando de convencerte de que haces lo correcto no haciendo nada. No puedes renunciar a eso ahora, no… de ninguna manera, y si hay problemas en los ascensores, que lo arreglen los administradores, que para eso están. Y si un día hay que usar las escaleras, pues se usan y así haces más ejercicio y te ahorras el gimnasio, que no te vendrá nada mal.

Fotograma de "Delicatessen" (Marc Caro, 1991)
Fotograma de “Delicatessen” (Marc Caro, 1991)

Pero durante los meses siguientes van fallando, como se rumoreaba, uno tras otro la mayoría de los diez ascensores. Los que siguen funcionando lo hace a duras penas, con fallos intermitentes y van a tope en las horas punta, al principio, y luego durante casi todo el día. Incluso se ha quedado gente atrapada durante horas hasta que los han conseguido liberar, aunque tú has tenido suerte y no te ha tocado… de momento. Está claro que hay demasiada gente viviendo en los pisos altos y dependiendo de tan pocos ascensores. Ves cómo surgen conflictos entre vecinos que antes se trataban con cordialidad, por tratar de usar al mismo tiempo los escasos y abarrotados ascensores. La vecina del 14 H montó en cólera el otro día, según te contaron, cuando le tocaba llevar a su madre al hospital a diálisis y tuvo que esperar dos horas hasta que hubo un ascensor donde cupiese la silla de ruedas. Seguro que no será un caso aislado, piensas, y que se repetirá el problema, porque hay mucha gente mayor en el edificio. Incluso has visto ya varios carros de niños pequeños abandonados en los descansillos, de padres que se han pasado a las mochilas y fulares portabebés para poder bajarlos por una escaleras cada vez más transitadas.

La semana pasada llegaste tarde al trabajo porque tardaste ¡una hora! en bajar los 15 pisos, todo porque los del 12 R estaban de mudanza y bloqueaban la escalera bajando los muebles, una escalera que no estaba diseñada para tanto tráfico ni tenía el ancho adecuado para el traslado de bultos tan grandes. Por si fuera poco, el otro día tus hijos se llevaron un buen susto cuando los intentaron atracar en la 9ª planta. Menos mal que se zafaron a tiempo con la ayuda de una vecina a la que no conocían, que se enfrentó a aquellos tipos mientras ellos salían corriendo escaleras arriba. Te preocupa que tengan que usar cada vez más la escalera, también por lo sucia que empieza a estar: la empresa de limpieza envió un burofax a la comunidad diciendo que no tenía capacidad para recoger el volumen de basura que se acumula cuando más de cien familias tienen que bajar a diario la basura y subir la compra, y se negaba a continuar con el servicio en esas condiciones, que según ellos no estaban recogidas en el contrato. Le comentaron el otro día a tu pareja que habían visto por la noche alguna rata merodeando por las plantas bajas, y la verdad es que resulta creíble con tal acumulación de basura. El olor que sube por el hueco de la escalera resulta cada día que pasa más insoportable.

El otro día os dejó de funcionar el frigorífico. Cuando llamaste al servicio técnico te explicaron que al ser un modelo moderno no había manera de repararlo y que era necesario sustituirlo, pero que por subirlo hasta el piso 15 sin ascensor os cobrarían un fuerte recargo. Vosotros os podréis permitir con cierto esfuerzo el gasto inesperado, no como la familia del 13 T: él trabajaba en una de las empresas de ascensores que han quebrado y sin un sueldo en casa no pueden permitirse un nuevo frigorífico y el coste extra del trasporte manual, ni su estado de salud le permitiría subirlo por su cuenta. Le dijiste el otro día que si consigue comprar uno de segunda mano, cuente contigo para ayudarle a subirlo, aunque en realidad sabes que no estás mucho mejor de la espalda que él. Su mujer te contaba que ahora tienen que cocinar muchas más veces al día para no dejar restos que se puedan estropear, y comprar todas las mañanas el litro de leche que consumen a diario. Siempre que bajas a trabajar te la cruzas en la escalera volviendo de comprar en la única tienda abierta a las 7 de la mañana, a seis manzanas de distancia.

Como ya no se puede contar con tener la suerte de disponer del ascensor a la vuelta del supermercado, habéis renunciado a las habituales grandes compras mensuales que hacíais antes. Tampoco podéis pensar en subir con el viejo carrito de la compra los 15 pisos, así que también habéis optado por ir a comprar todos los días, en pequeñas cantidades trasportables en bolsas de mano: resulta mucho más práctico, aunque el esfuerzo inacostumbrado está comenzando a hacer mella en ti y en tu pareja. El vecino del 15 V te ha dicho que se va: no ha logrado vender el piso tras meses de tenerlo a la venta, cada vez a precios más bajos, porque ya nadie quiere vivir en pisos tan altos, donde resulta tan costoso vivir sin la ayuda del ascensor, pero ya no puede aguantar más. Está cada vez peor de las rodillas y se va a vivir con sus padres, que conservan su primer piso de siempre en el barrio antiguo. Renuncia a llevarse los muebles y os ha dejado la llave por si pasa cualquier cosa. Sabes que le afectó mucho la muerte del vecino del 17 F hace dos meses, cuando los de la UVI móvil tardaron más de media hora en bajarlo en la camilla por las escaleras: cuando llegó a la ambulancia su corazón ya no respondía.

Te acuerdas ahora muchas veces de los primeros vecinos que se mudaron en cuanto comenzaron a fallar los ascensores, cuando todavía quedaban pisos bajos disponibles a precios económicos. Ahora miles de familias en la ciudad se desesperan como la tuya intentando vivir en niveles para los cuales ya no tienen soporte y que se han revelado demasiado dependientes de un único elemento que, al final, se demostró que podía fallarles. Aquellos a los que criticabais por alarmistas y por malvender sus estupendos áticos, aún pudieron usar los ascensores para trasladar los muebles y cambiar de vida.

Edificio Comega (Buenos Aires, 1933). Fuente de fotografía original: Wikimedia Commons
Edificio Comega (Buenos Aires, 1933). Fuente de fotografía original: Wikimedia Commons
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Divulgador del Peak Oil y otras amenazas para la civilización industrial. Autor de "La izquierda ante el colapso de la civilización industrial", "Nosotros, los detritívoros" y coordinador de la "Guía para o descenso enerxético". Fundador y coordinador de la revista 15/15\15.

2 Comments

  1. Hay otras analogías que nos pueden ayudar a comprender la escala del colapso al que todos (o casi todos) nos tendremos que enfrentar: imagina que ahora tienes un trabajo en el que ganas 1.000 euros/mes con los que vivir, pero que sabes que toda probabilidad en 15 años estarás ganado sólo el 15% (150 euros/mes) y que con eso te tendrás que apañar, porque no habrá otro trabajo al que cambiarte. Como mucho podrás aspirar a complementar con algunas cahapucillas otros 50 euros/mes. Con tal descenso en un tiempo relativamente tan corto, ¿no irías haciendo ya planes, adaptando tu vida para poder sobrevivir en tan poco dinero? Además no va a ser que aguantes con los 1.000 hasta el final, sino que, desde ya, irán reduciéndote el sueldo, mes a mes, hasta llegar a esa cifra. Al principio no lo notarás mucho en tu nivel de vida. Primero andarás más justo/a para llegar a fin de mes (¡aun más!), pero llegará un punto en que tu nivel de vida será totalmente insostenible, no tendrás crédito del que tirar, ni dinero de tus pades o pareja, que estarán igual o peor… En 5 años ya estarás cobrando sólo 650 euros/mes. En 10 años, tan solo 250 euros/mes. ¿Podemos imaginarlo?

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